CURIOSIDADES BÉLICAS #14: ¡Rattenkrieg! Guerra de ratas en Stalingrado.

Rattenkrieg. Guerra de ratas… ¿Guerra de ratas? Parece propio de una salvaje disputa de roedores en las trincheras europeas de la Primera Guerra Mundial. Un conflicto por hacerse con los restos inertes de los incontables seres humanos diseminados por los campos de batalla. Auténticas plagas de ratas capaces de arrasar con todo y, por supuesto, capaces de sembrar la enfermedad allí donde se colaban.
..
Pero no, en esta entrega semanal de “Curiosidades bélicas” veremos transformados a los seres humanos en ratas. Sombras de sí mismos capaces de matar y morir en las condiciones más miserables imaginadas por cualquier persona dotada de razón. Sí, dotada de razón, porque lo que el lector va a revivir a través de estas líneas dejará una impronta que le hará pensar en más de una ocasión cada vez que coja un manual que verse sobre la batalla de Stalingrado.
..

Stalingrado antes de la batalla.
Stalingrado.
Hoy nos encontramos en Stalingrado, Rusia, ciudad industrial ubicada junto al inmenso río Volga. Visualice conmigo un apacible día de aquel caluroso verano del año 1942. Corre el mes de Agosto. La ciudad se presenta radiante, iluminada por un sol de justicia, donde sus habitantes, con el rumor de la guerra en sus oídos, tratan de hacer una vida normal.
..
Una vida normal impuesta por la orden 227 de Stalin “¡Ni un paso atrás!” dictada el 19 de Julio, mediante la cual no se permitía la salida de civiles de la ciudad; orden que también implicó la prohibición de la rendición y la ejecución de todo soldado ruso que reculase sin permiso expreso. Aquella orden llegaría a sentenciar la vida de millares de inocentes que, aún en Agosto, todavía no se hacían a la idea de en qué infierno llegaría a convertirse la ciudad de Stalingrado. 600.000 habitantes residían allí.
..
En la zona norte de la gran urbe, las fábricas funcionan a pleno rendimiento. Donde antes se producían tractores, ahora salen carros de combate de las líneas de montaje. Todo el sistema fabril ha sufrido una transformación forzosa para aportar material bélico a la devastadora guerra contra Alemania. Guerra exigente en recursos y hombres.

La Wehrmacht progresa por la inmensidad del suelo ruso.
Hombres y mujeres caminan por las calles y amplias avenidas de Stalingrado, trabajan en las fábricas o deambulan cerca de los embarcaderos que comunican las dos orillas del Volga, en algunos lugares separadas por varios centenares de metros. Sus pensamientos oscilan entre los quehaceres propios y la proximidad de las tropas germanas, que parecen imparables durante sus avances.
..
Nervios y esperanza son sentimientos encontrados en el interior de cada habitante de Stalingrado, donde civiles y militares ya se aprestan a defender la ciudad. El ataque alemán es inminente. Otras ciudades importantes de la Rusia comunista ya han caído en manos de la Wehrmacht (Ejército alemán). ¡Pero Stalingrado no capitulará!
..
Millares de hombres y mujeres compatibilizan sus obligaciones con la construcción de un perímetro defensivo, parapetos, trincheras, barricadas y todo tipo de obstáculos con los que pretenden frenar en seco la inminente acometida germana. ¿Seremos capaces de resistir el ataque? Es la pregunta que martillea la cabeza de todos ellos.
23 de Agosto de 1942.
Con la fuerza de un huracán, los motores de incontables aviones alemanes rugen en lontananza. El cielo llega a ensombrecerse con las numerosas siluetas de los aeroplanos que surcan el espacio aéreo sobre Stalingrado.

Stukas alemanes sobrevuelan la ciudad.
El general Wolfram von Richthofen, primo del mítico “Barón Rojo”, es el oficial al mando de la fuerza aérea que, en cuestión de segundos, está a punto de soltar cientos de bombas sobre la ciudad que lleva el nombre del dictador soviético Stalin.
..
Las tripulaciones de los Heinkels y los Junkers alemanes que sobrevuelan la ciudad dejan caer bombas a lo largo y ancho de Stalingrado.
..
En apenas unos segundos, imponentes columnas de humo negro se elevan hacia el cielo. Bolas de fuego resplandecen bajo las alas de los aparatos germanos. Una pasada, otra más… Oleadas de bombarderos arrasan con todo a su paso. El efecto devastador se puede distinguir a varios kilómetros a la redonda. Incluso los pilotos de los aviones deben, en algunos puntos, esforzarse por evitar la humareda que ennegrece el cielo. Estampa escalofriante desde las carlingas de los aviones alemanes, que continúan soltando más y más bombas pese al fuego antiaéreo que restalla a su alrededor. Implacable acción la que lleva a término la Luftflotte 4 (4ª Flota aérea) de la Luftwaffe (Fuerza Aérea alemana) al mando de Richthofen.
..
A ras de suelo, los habitantes de Stalingrado contemplan incrédulos, en primer término, la avalancha de destrucción que les llueve en forma de fuego abrasador. No tardan en reaccionar la mayoría de ellos. Muchos acuden a buscar protección a sus casas, donde los sótanos parecen proveer algo de seguridad, mas muchos hallarán la muerte ya que las bombas golpean con fuerza desmedida y los edificios no tardan en colapsar como endebles castillos de naipes. Otros acuden a los refugios antiaéreos. Los que logran alcanzarlos, corren mejor suerte, logran salvar la vida de milagro.

El resultado de los bombardeos.
Tornados de fuego consumen cada calle, cada esquina, cada casa durante largas horas. Una tras otra, las oleadas de bombarderos vomitan mortales cargas explosivas y bombas incendiarias capaces de reducir cualquier objetivo a montañas de escombros.
..
Aquellos desafortunados que no consiguen ponerse a salvo, quedan desintegrados en el acto. Bloques de viviendas, al completo, sucumben pasto de las llamas. Atenazados por el miedo, los vecinos de Stalingrado otean a través de las aberturas de los sótanos para intentar comprender lo que sucede. Pero no contemplan otra escena sino la de la destrucción absoluta. Hombres, mujeres y niños vuelan por los aires despedazados, convertidos en guiñapos sanguinolentos. Las explosiones siguen martilleando aquí y allá. Infinidad de ventanas estallan en mil pedazos con la subsiguiente lluvia de cristales asesinos. Puertas, muros y mobiliario urbano revientan como si alguien los patease con desmedida violencia. Astillas y cascotes proyectados sesgan vidas por doquier.

Soldados rusos, al acecho, aguardan el paso de una patrulla enemiga.
Alguien permanece bajo el quicio de la puerta de acceso a su vivienda, mira al cielo y ve pasar a toda velocidad varios Stukas alemanes. Se encoje fruto del estruendo de los motores. Poco después, una detonación brutal resuena en la calle. Una nube rojiza es lo último que distinguen sus vecinos.
..
¿Dónde está aquel hombre? Se ha volatilizado literalmente, ha ido a mezclarse con el polvo de ladrillo y la tierra removida que brota del suelo con la fuerza de un géiser.
..
No importa el lugar donde se pose la vista. Todo está salpicado de cadáveres. Madres abrazan a sus hijos, tumbados en el suelo, en posición fetal. Hombres yacen junto a sus armas o todo tipo de enseres que trataban de poner a salvo instantes atrás. Han muerto todos. Las bombas no hacen distinciones cuando revientan en el suelo.

Stalingrado, un amasijo de ruinas.
Lo que hasta hace unas horas se presentaba como una ciudad modelo del régimen comunista, ahora ofrece una imagen fantasmal, donde seres humanos se tambalean por las calles, cubiertos de polvo de pies a cabeza, incapaces de asumir lo que acaba de ocurrir. Fachadas desdibujadas por los impactos de las bombas se derrumban por todas partes. Edificios al completo refulgen con intensidad. Las llamas lo consumen todo. Incluso las fábricas escupen humo ya no únicamente a través de sus chimeneas; más de una sufre serios daños en su estructura, mordida por el fuego, mutilada por las explosiones.
..
A lo lejos desaparecen, poco a poco, la bandada de aviones alemanes. Un reguero de cadáveres y destrucción queda tras de sí a modo de despedida. Varios días tardarán en extinguirse los incendios, que se propagan por toda la ciudad pese a los esfuerzos de la población por sofocarlos.
..
Durante la primera semana de bombardeos a cargo de la Luftwaffe, alrededor de 40.000 civiles fallecieron en Stalingrado a causa de las incursiones aéreas. Sin duda una carnicería que asoló casi al 10% de la población original de la ciudad.
Fortaleza Stalingrado.
Todo aquello había sido, ni más ni menos, una muestra más de la técnica depurada de la Blitzkrieg (Guerra Relámpago) a pleno rendimiento. Después le tocaba el turno a la artillería, que machacaría aún más la ciudad en coordinación con la propia aviación. Después le llegaría la hora de entrar en acción a los blindados y a la sufrida infantería, que tenían como misión reducir las bolsas de resistencia que se presentasen en aquel campo de escombros en que se había transformado la ciudad.
..
Pese a que todo parecía pan comido para la Wehrmacht durante las primeras horas del ataque (hubo quien pensaba que la ciudad caería en apenas unas jornadas o semanas de combate), Stalingrado era diferente a otras urbes soviéticas. El Volga surcaba la ciudad industrial, arteria vital para el transporte de material bélico y suministros a lo largo de aquella parte de Rusia. Además, llevaba el nombre de Stalin, algo que en la época gozaba de un simbolismo extremo para los dirigentes de los bandos enfrentados.
..
Hitler y Stalin acababan de dar comienzo a la pugna por una ciudad ruinosa, cuyo nombre, llegado el momento, parecía tener más importancia a ojos del propio Hitler que la toma de los cercanos pozos petrolíferos del Cáucaso. Una obcecación que transformó planes de ataque y sentenció la vida de miles de soldados y civiles.

La lucha en el interior de las fábricas fue encarnizada.
Tal es así que, con el transcurso de las semanas, los alemanes se dieron cuenta del fatal error de haber machacado con la aviación hasta el último rincón de Stalingrado. Los rusos, sabedores de que no había escapatoria más allá del Volga, tuvieron que atrincherarse en las montoneras de escombros, en los edificios destrozados e incluso en el propio subsuelo de la ciudad.
..
Nombres que seguro le suenan al lector como Zhúkov, Yeremenko y Chuikov, fueron, entre otros, los encargados de defender la plaza hasta las últimas consecuencias.
..
Chuikov aseguró que defendería la ciudad o moriría en el intento. Y a fe que lo hizo, tanto él como muchos de sus subordinados, que perecieron durante los casi seis meses que duró la batalla más sangrienta que conoció la Segunda Guerra Mundial.
..
El 62º Ejército de Chuikov se parapetó en el interior de las casas que aún obraban en su poder, transformándolas en auténticas fortalezas. Cabe citar que rebasado el ecuador de la batalla, la ciudad estaba tomada por los alemanes casi en un 90%, apenas restaban varias zonas defendidas por los rusos, como los embarcaderos junto al Volga (cordón umbilical con la orilla oriental, desde la que se hacían llegar suministros a Stalingrado pese a estar sometido el cauce fluvial al fuego enemigo día y noche), parte del distrito de las fábricas y algunos edificios aislados que se convirtieron en auténticos quebraderos de cabeza para la Wehrmacht.

Una casa, una fortaleza.
Llegados a este punto, donde la defensa soviética parecía estar a punto de hincar la rodilla, un nuevo tipo de guerra tomó el relevo a la lucha convencional. Cuando los combates quedaron estancados a causa de la pérdida de ímpetu del 6ª Ejército alemán, principal actor en la toma de la ciudad de Stalingrado, las alternativas de destrucción mutua afloraron por todas partes.
..
Rusos y alemanes, conscientes de que el empleo de blindados en la superficie era prácticamente inútil dado que el terreno resultaba impracticable para ellos, y que los asaltos masivos de infantería tampoco daban frutos según lo esperado, la lucha por Stalingrado adoptó otra vertiente mucho más oscura: la Rattenkrieg (la guerra de ratas).
..

Soldados alemanes se alejan de un incendio.
Rattenkrieg.
Atacantes y defensores se deslizaron hacia el subsuelo de la ciudad para proseguir con la lucha. Alcantarillas y sótanos tomaron el protagonismo una vez quedó patente que la lucha en la superficie resultaba inútil.
..
Unos y otros trataron durante meses de ocasionar el mayor estrago posible a su respectivo contrincante. Bajo tierra, llegó el momento del “todo vale”. Las escaramuzas se sucedían a diario. Patrullas dotadas con lanzallamas arrasaban con cualquier cosa que resultase sospechosa. Las alcantarillas, sumidas en la penumbra, refulgían al son de las llamas, capaces de achicharrar a un ser un humano y convertirlo en una momia ennegrecida en cuestión de segundos.
..
Bolas de fuego consumían sótanos al completo, donde los desprevenidos soldados trataban de buscar refugio de las inclemencias del tiempo, de la omnipresente lluvia de obuses y, por supuesto, del fuego traicionero de los francotiradores.
..
La pestilencia de las aguas fecales que discurrían por las entrañas de Stalingrado se mezclaba con el olor a muerte, a descomposición de incontables cadáveres insepultos, desfigurados, pasto de las manadas de ratas, y a combustible quemado que salpicaba tragedia allí donde alcanzaba el operador del mortal instrumento.

Mar de chimeneas, paisaje dantesco en Stalingrado.
En algunos casos, rusos y alemanes estaban separados por una pared o por un techo. La línea del frente estaba dibujada a través de un simple muro de ladrillos carcomido por las balas y la metralla. Un leve murmullo en idioma extranjero delataba la posición del adversario. Entonces, al amparo de la noche o del furtivo silencio que otorgaba cualquier sótano o alcantarilla, el empleo de explosivos se tornó en algo habitual.
..
Cargas bien situadas en puntos estratégicos de la estructura a derribar, y un muro o techo quedaba hecho añicos en apenas un abrir y cerrar de ojos. Poco después, tras la brutal sacudida, la infantería atacante arrojaba granadas de mano en el interior de la habitación a conquistar y, acto seguido, las ametralladoras entraban en acción para barrer con todos los supervivientes que se hallasen en el interior. Disparos a bocajarro, casi sin mirar, en medio de la confusión y formidables nubes de polvo que apenas permitían ver más allá de un par de metros.

Mirada perdida de un soldado ruso.
Lucha inhumana, propia de bestias.
Todo lo anterior, que tuvo lugar día sí y día también en determinadas fases de la batalla por la ciudad junto al Volga, terminó por minar la moral de los combatientes alemanes, que consideraban aquel tipo de lucha como algo propio de “gangsters”. Una lucha que llegaba a implicar a cientos de hombres y que a veces se resumía a la toma de un edificio, un piso, un sótano o una habitación. Una lucha donde todo servía para exterminar al enemigo, desde metralletas y pistolas hasta cuchillos, palas y fragmentos de tuberías.
..
Si los alemanes colocaban mallas en las ventanas para evitar que los rusos colasen granadas de mano en el interior de una habitación, los segundos disponían ganchos en las bombas de mano para que se enredasen en las mallas tendidas por los primeros. Una vez quedaban fijadas y estallaban, lanzaban más granadas en el interior para reducir o sofocar la presencia enemiga.

Prosigue la lucha pese a las cuantiosas bajas de rusos y alemanes.
Para evitar ser masacrados por la artillería germana, los rusos se pegaban a las posiciones alemanas, a tiro de piedra como quien dice, pero en este caso era al alcance de una granada; así evitaban la lluvia de obuses o los bombardeos de la aviación enemiga, quienes temían alcanzar a sus propios camaradas.
..
“La academia de lucha callejera de Stalingrado”, así se bautizó a estas medidas y muchas más adoptadas por el Ejército Rojo para evitar ser borrado del mapa en la lucha tan cruenta que atestiguó el mundo entre Agosto de 1941 y Febrero de 1943.

Soldados rusos trepan por los escombros.
Operación Urano.
La ofensiva lanzada por el Ejército Rojo el 19 de Noviembre de 1942, consiguió rodear a las tropas alemanas en el interior de la ciudad en apenas cuatro días de vertiginosos combates a lo largo y ancho de la estepa. El día 23 del mismo mes, tras el avance imparable de una masa ingente de blindados (más de 800) y soldados ataviados de blanco (más de un millón) para mimetizarse con la estepa blanquecina por la nieve, los rusos cercaron a más de un cuarto de millón de soldados de la Wehrmacht entre los escombros de Stalingrado. Los flancos del 6º Ejército alemán, compuestos por, entre otros, rumanos, italianos y húngaros, se vinieron abajo en cuestión de horas, pese a que algunas unidades ofrecieron resistencia suicida hasta ser sobrepasados por los blindados rusos. Entonces no les quedó otra que huir o sucumbir.
..
Con el cerco consolidado alrededor de la ciudad, los alemanes vieron mermada su capacidad combativa. La enfermedad, la falta de provisiones, armas, munición y la terrible desnutrición diezmaron sus filas. Göring prometió abastecer a los soldados allí aprisionados haciendo uso de la Luftwaffe que él comandaba, mas sus palabras se desdibujaron en el aire.
..
Aquellas circunstancias no eran similares a las de la bolsa de Demyansk, donde unos 100.000 hombres de la Wehrmacht habían quedado cercados meses atrás y, vía aérea, se les abasteció para que pudiesen subsistir y poder escapar al cerco enemigo semanas después. Aquello era Stalingrado, una humeante urbe donde la muerte campaba a sus anchas.

Blindados soviéticos apoyados por la infantería.
Declive moral, físico y militar el que experimentaron los alemanes allí atrapados. Incluso el general Paulus, comandante en jefe del VI Ejército alemán también se vio afectado por la enfermedad. Mientras él contaba con buena atención médica, miles de sus hombres perdieron la vida a causa de la disentería, el tifus, la ictericia y, por supuesto, por culpa de las terribles congelaciones. Recordemos que se llegó a combatir a temperaturas que, en ocasiones, superaron los -20 grados bajo cero.
..
Vanos intentos de rescate los que acometieron sus camaradas, fuera del cerco, como fue el caso del 4º Ejército Panzer del general Hoth, quien vio truncadas sus expectativas de socorrer a los cercados debido a la agreste climatología y la fiereza que mostraban los soldados del Ejército Rojo.
El ocaso de los combates.
A finales de Enero la lucha en la ciudad fue en vertiginoso declive. Los cazadores ahora se habían transformado en las presas. Unidades enteras de alemanes se rendían en Stalingrado. ¡Algo inconcebible meses atrás! Incluso Hitler elevó al rango de mariscal de campo a Paulus a modo de invitación al suicido; jamás ningún mariscal de campo alemán había sido capturado con vida por el enemigo.

Vencedores y vencidos.
Pero los hombres, que lo habían padecido todo, ya no podían resistir más. La lucha no tenía sentido. La victoria se había escapado de las manos a la Wehrmacht meses atrás. ¿Por qué seguir combatiendo? Unos lucharon hasta la muerte por no caer prisioneros de los rusos. Otros no querían dejar morir al camarada herido o enfermo, cuya vida se desvanecía a su lado en el interior de un lúgubre sótano que hedía a muerte. Los menos, fanáticos hasta la médula del régimen de Adolf Hitler, no dudaron en empuñar las armas hasta las últimas horas de la batalla; muchos de ellos se suicidaron antes que verse cautivos. Pero la gran mayoría luchó por sobrevivir, aunque fuese en pésimas condiciones higiénicas y sanitarias.

En el interior de las fábricas, los rusos sofocaron las últimas bolsas de resistencia alemanas.
De los casi 100.000 prisioneros de guerra que capturaron los rusos tras la rendición del 6º Ejército alemán, apenas 5.000 lograron regresar a Alemania tras largos años de cautiverio en los gulags rusos. Miles de camaradas sucumbieron en las largas marchas hasta los campos de prisioneros, otros hicieron lo propio a causa de los extenuantes trabajos forzados, otros también murieron por la enfermedad, las heridas o la desnutrición. La lucha fue salvaje, pero las condiciones del cautiverio que rusos y alemanes se impusieron mutuamente, no tuvieron nada que envidiar a los combates callejeros.
..
Aunque los datos estadísticos difieren de unas fuentes históricas a otras, se sabe que tras la batalla de Stalingrado casi dos millones de bajas firmaron un resultado sobrecogedor. Dos millones de bajas entre muertos, heridos, desaparecidos y prisioneros. No nos privemos de citar a los civiles de Stalingrado, cuyos muertos se contaron por decenas de miles. Incluso la cifra de supervivientes al final de la batalla apenas resulta simbólica, hay autores que firman menos del 10% de la población inicial de aquellos habitantes de Stalingrado con los que la ciudad contaba aquel lejano 23 de Agosto de 1942.
..
Brutalidad propia del frente ruso, nada que ver con el frente occidental, que en comparación estadística sus datos quedan tan lejos como si fuese otro planeta.

Los combates, en algunos sectores, llegaron hasta las mismas orillas del Volga.
Recordemos también los millares de caballos, tanques y cañones perdidos por ambos bandos durante la batalla. Especial mención merecen los aviones germanos, cuyas tripulaciones se jugaron la vida por evacuar del cerco a los heridos y personal técnico que pudo escapar en los últimos compases de la batalla.
..
Los soviéticos no dudaron en arrasar con los campos de aviación enemigos, donde lanzaron sus tanques y dispararon sobre los aeroplanos germanos a bocajarro. Las pistas de aterrizaje, atestadas de heridos y soldados enloquecidos que trataban de subir a un avión a cualquier precio, se convirtieron en campos de muerte una vez los T-34 arrasaron con todo.

Soldados alemanes tratan de despejar el camino a un avión del tipo Ju-52.
Humeante, la ciudad de Stalingrado vio izar numerosas banderas blancas el 2 de Febrero de 1943. Fecha en la que Paulus, consumido por la enfermedad, rindió a sus tropas al Ejército Rojo. Llegaba la hora de la venganza soviética. El destino de miles de alemanes estaba sellado. ¿Qué sería de ellos?
..
Solamente los que regresaron del cautiverio ruso pudieron dar fe de lo soportado durante largos años malgastados en los campos de trabajo y muerte enemigos.
..
¿Acaso les podía aguardar otra cosa?

Vista desoladora de las ruinas de Stalingrado.
Wolfram von Richthofen, quien dirigió aquel primer bombardeo sobre Stalingrado, tal vez reflexionase a posterior el gran error que supuso convertir la ciudad en un montón de escombros de proporciones ciclópeas. Allí dentro se parapetó el Ejército Rojo. Sus soldados se defendieron hasta la extenuación, hasta la victoria. Pero también hasta la muerte, en cuyas tumbas aún comparten el descanso eterno con sus enemigos, ahora camaradas bajo tierra, los soldados alemanes que hasta allí llegaron para desangrarse en el irrealizable sueño de Adolf Hitler.
..
Aquí una frase del Evangelio me viene muchas veces a la mente: “No dejaré piedra sobre piedra”. Aquí esto es verdad… Dejó escrito un soldado alemán en una carta enviada a su casa.

Uno de tantos edificios destruidos: “La casa de Pavlov”.
Stalingrado resistió el ataque alemán, sí, pero el precio fue elevado…
..
¿Mereció la pena el sufrimiento de unos y otros a la hora de combatir por aquel dantesco montón de escombros?
..
Al menos espero que estas líneas sirvan de advertencia para los presentes. El ser humano es muy torpe, suele repetir errores del pasado…
..
La Historia así nos lo demuestra una y otra vez.

El resultado de la batalla: montañas de cadáveres.
¿Veremos alguna vez otro Stalingrado?
..
¿Veremos alguna vez otra Rattenkrieg?
..
Tal vez la tenemos delante, más cerca de lo que imaginamos, y no somos capaces de distinguirla.
..
¡Comparte si te gustó!
..
Ⓟ y Ⓒ Daniel Ortega del Pozo

Burdel SS (2017)

Sinopsis:

Noviembre de 1941. La ciudad de Leningrado, al norte de Rusia, se consume por momentos bajo el asedio de las tropas alemanas. El capitán Streicher, no muy lejos de allí, cumple condena en una unidad disciplinaria de la Wehrmacht. Junto a sus hombres, también caídos en desgracia, aguarda el momento preciso para perpetrar una furiosa venganza contra su superior, el odiado y temido coronel Markus von Junge, un sádico arribista carente de sentimientos.

Atrás quedó la primavera y los compases iniciales de la Operación Barbarroja, cuando el capitán lideró un comando suicida para ejecutar a la perfección la exitosa misión llevada a término en Renegados de la Wehrmacht. Con el invierno ruso como telón de fondo, el capitán Streicher intentará recuperar su orgullo de soldado aunque para ello sea preciso aliarse con el enemigo. Ni la agreste climatología será capaz de detener al temerario oficial y a su grupo de renegados.

Burdeles, trincheras y hospitales enmarcan esta nueva aventura de Streicher en suelo soviético, donde luchará con más empeño que nunca para regresar a Berlín redimido de su pasado y preparado, tal vez, para sincerarse con la mujer que anhela en lo más profundo de su corazón.

Una vez más, Streicher y los suyos no pueden faltar a su cita con el caos y la violencia.

Datos comerciales:

1ª Edición.
Editorial: Afronta Editorial (2017)
ISBN: 978-84-945906-4-1
Páginas: 304

 

CURIOSIDADES BÉLICAS #13: Fallschirmjäger en Eben Emael. Audacia temeraria preludio del éxito.

Nos encontramos en los albores de Mayo de 1940. La Segunda Guerra Mundial, iniciada el 1 de Septiembre del año anterior, solamente conoce, como batalla más destacable, la invasión de Polonia. La campaña polaca le ha supuesto a la Wehrmacht (Ejército alemán) apenas un mes de combates. Después, la calma.
..
Pero esa tensa calma está a punto de conocer su fin. Lejos del este, los alemanes miran hacia el extremo opuesto del mapa, el oeste. Allí, Francia, su eterno rival, aguarda lo inevitable: la apertura de un nuevo frente donde la Wehrmacht no tardará en desplegar su Blitzkrieg (guerra relámpago).
..
La fortaleza de Eben Emael.
..
Eben Emael está ubicada al sur de Maastricht, en la orilla occidental del Canal Alberto, casi rozando la frontera con Holanda (Países Bajos). Esta fortaleza belga resulta clave a la hora de progresar en terreno enemigo. Y bien lo saben los alemanes, conocedores de que si logran capturarla en una acción rápida y contundente, podrán garantizar el cruce de los puentes cercanos en condiciones de seguridad a sus camaradas de las divisiones Panzer.

Fotografía aérea de época de Eben Emael.
Su estructura, hoy en día, todavía resulta visible. Sobre la meseta que discurre sobre el paisaje belga entre Amberes y Namur, destaca su forma triangular. A una altura aproximada de 120 metros, domina cinco carreteras, varios puentes, el río Mosa y los canales que serpentean a su alrededor. Terminado de construir en 1935, sus más de treinta posiciones artilleras se muestran más que amenazantes a cualquier ataque por tierra.
..
Añadamos a lo anterior una dotación de unos 1.200 hombres que, en dos turnos, custodian el fuerte. Un total de 75 hectáreas repletas de obstáculos y armas capaces de destrozar cualquier ataque enemigo, desde cañones de 120 mm. y 75 mm. hasta bunkers de diferentes tamaños, casamatas y nidos de ametralladoras, además de alguna que otra posición encumbrada con armas antiaéreas.

Esquema gráfico del fuerte Eben Emael y sus posiciones defensivas (por Robert M. Jurga).
Sin duda, en aquel entonces, el fuerte Eben Emael se consideraba una posición inexpugnable si se osaba atacar con agrupaciones de infantería; incluso se afirmaba que su dotación artillera era la más potente de toda Europa.
..
9 de Mayo de 1940. Llega la hora de la verdad…
..
Durante las jornadas previas, los alemanes ultiman los preparativos del próximo ataque que les permitirá adentrarse en tierras holandesas, belgas, francesas y de Luxemburgo.
..
Para la osada maniobra, meses atrás, se había escogido y entrenado a un selecto grupo de paracaidistas. Temprano, aquella jornada del 9 de Mayo de 1940, el grupo es puesto en alerta. La acción se presume inmediata. Los hombres adiestrados hasta la extenuación en Hildesheim (Alemania), conocen el fuerte de memoria sin haber siquiera pisado sus alrededores. Planos y maquetas están grabadas a fuego en sus respectivas cabezas. Incluso han llevado a cabo maniobras sobre terreno cuya orografía se presenta semejante a la de Eben Emael. Todo está preparado. No se concibe el fracaso.
..
Envueltos por el mayor secretismo posible, durante siete meses, la citada agrupación de paracaidistas (y algunos zapadores) se han entrenado exclusivamente para ejecutar una misión que resultará fundamental en el devenir de la guerra. El general alemán Kurt Student, durante ese periodo, ha sido el responsable del adiestramiento de estos hombres. Student se muestra obcecado a la hora de dar cumplimiento al plan inicial de Hitler de invadir Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo; al menos de la parte de la que él es directamente responsable.
..
Kurt Student, desde el primer momento, prometió ultimar hasta el más mínimo detalle de la operación que nos atañe en el relato de hoy: la toma del fuerte belga Eben Emael.

Paracaidistas alemanes en un aeródromo.
Al amanecer del día 9, alrededor de cuarenta planeadores alemanes del modelo DFS-230 fueron remolcados por aviones Ju-52 desde un aeródromo de Colonia hasta las proximidades de la frontera de Holanda. En el interior de esos planeadores, el número de efectivos apenas alcanza los 400 hombres. Con ellos viajan sus armas personales y munición para aguantar durante el asalto y las horas sucesivas. Además, portan explosivos para perforar blindajes en la fortaleza (cargas huecas de 50 kgs.) y otros de menor peso para detonar a distancia. En total, unos 2.400 kg. de explosivos para llevar a término la audaz misión.

Planeador DFS-230.
El plan se presenta simple sobre el papel. Un reducido grupo de esos selectos soldados debe aterrizar con los planeadores en lo alto de la fortaleza, desplegarse a toda prisa para disponer las cargas explosivas en las torretas artilleras y de ventilación de Eben Emael, arrojar explosivos dentro y, a continuación, tomar al asalto el fuerte en medio de la total confusión.
..
Mientras se acomete la proeza, la fuerza germana debe dar cumplimiento a otros objetivos: el resto de los hombres han de tomar y asegurar tres puentes cercanos nombrados Vroenhoven, Veldwezelt y Kanne hasta la llegada de los refuerzos; la infantería y los blindados germanos.
..
10 de Mayo de 1940.

Walter Koch.
El capitán Koch, al frente del grupo de asalto alemán (Sturmabteilung Koch), encabeza la formación de élite encargada de la toma de Eben Emael y los puentes tendidos en sus proximidades. Cabe citar la estructura de este audaz contingente de soldados estructurado en cuatro grupos con cometidos preestablecidos (las cifras de hombres y planeadores pueden variar en función de las fuentes):
..

1. Grupo “Granito”: al mando del teniente Rudolf Witzig, compuesto por 85 hombres, a bordo de once planeadores, cuyo objetivo consiste en asaltar y tomar el fuerte Eben Emael (el grupo sobre el que versa esta “Curiosidad bélica”).

2. Grupo “Acero”: con el teniente Gustav Altmann al frente, integrado por 92 soldados en nueve planeadores, se encargará de tomar el puente Veldwezelt.

3. Grupo “Hormigón”: al mando del teniente Gerhard Schacht, formado por 96 hombres transportados en once planeadores, con la misión de tomar el puente de Vroenhoven.

4. Grupo “Hierro”: comandado por el teniente Martin Schächter, con 90 hombres a su cargo transportados a bordo de nueve planeadores, con el cometido de asaltar y asegurar el puente de Kanne...

Velocidad y silencio: factores clave.
..
Durante las primeras horas del 10 de Mayo, tras despegar de las inmediaciones de Colonia, los Ju-52 remolcan a los planeadores hasta la frontera holandesa, donde los liberan a la altura de Aquisgrán. Desde allí, a 2.100 metros de altitud, comienzan a efectuar una curva que los encamina hacia Eben Emael y, poco después, emprenden el descenso procedentes del noroeste de la fortaleza. Primer movimiento audaz, pues el enemigo espera el ataque desde el este.
..
Pero no todo sale según lo previsto en los compases iniciales de la operación, pues dos planeadores se desvinculan del grupo principal al soltarse uno antes de tiempo y otro quedar desenganchado por romperse el cable que le une al Ju-52 remolcador. Uno de ellos transporta al teniente Witzig, jefe del grupo “Granito”, por lo que su ausencia y la de sus acompañantes merma las filas de la unidad encargada de tomar el fuerte.

Vista de un avión Ju-52 desde el interior de un planeador.
Los paracaidistas, con el capitán Koch al frente, saben que la irrupción en silencio en la fortaleza y sus alrededores es decisiva para el desarrollo y éxito final de la misión.
..
Por su parte, una vez pisen suelo belga, la velocidad y la sorpresa también deben ser una baza a tener en cuenta, pues si juega en su favor, las posibilidades de acometer la operación con garantías aumentan considerablemente.
..
A las 5:20 a.m., minutos antes de desatarse la ofensiva generalizada contra Francia y los países vecinos (Operación Fall Gelb -Plan Amarillo-), el primer planeador alemán toca suelo, exactamente sobre la cubierta de la misma fortaleza de Eben Emael. Indiscutible pericia la del piloto. Para ello se ha sometido a disciplinado entrenamiento durante los meses previos. Por fortuna, durante el aterrizaje, el planeador se lleva por delante una posición antiaérea belga, lo que impide que ésta abra fuego contra sus camaradas.
..
Entre tanto, otras armas antiaéreas belgas disparan hacia el cielo tras haber detectado la presencia de los remolcadores, los Ju-52. Ya no hay vuelta atrás. Todos los planeadores pican hacia el suelo con sus tripulantes en el interior prestos para la acción.

Paracaidistas abandonan un planeador a la carrera.
Los primeros paracaidistas, ya sobre la cubierta de Fort Eben Emael, reducen a los ocupantes de varias casamatas y emplean, de forma sistemática, las cargas huecas contra las torretas artilleras. Incrédulos, los defensores belgas no tienen ni idea de lo que ocurre.
..
En medio de la sorpresiva acción, los alemanes prosiguen con su misión tan rápido como las circunstancias lo permiten. Algunas casamatas ofrecen resistencia enconada. Intercambio de granadas y disparos. Las armas resuenan durante las horas iniciales de la mañana. Estrépito ensordecedor el de las explosiones que compiten en furia con las ráfagas de las ametralladoras y los estampidos de la fusilería.
..
También se dejan notar los lanzallamas, cuyas lenguas de fuego abrasan todo a su paso y logran poner en desbandada a las guarniciones de bunkers y casamatas; si es que no han perecido antes bajo el resplandor anaranjado de tacto abrasador.

Un paracaidista alemán emplea un Flammenwerfer (lanzallamas).
En aquella rápida refriega los alemanes del grupo “Granito” dejan a sus seis únicos muertos sobre suelo enemigo durante el desarrollo de la operación. El número de heridos comienza a crecer, la misión parece correr peligro, pero los germanos no se amedrentan y continúan luchando con bravura. Saben que si fallan en su cometido, el trabajo del resto de sus camaradas puede verse seriamente comprometido.
..
Solamente son 70 hombres los que integran la intrépida agrupación; el resto ha quedado atrás debido al percance en el aire con los remolcadores (Witzig y sus subordinados no lograrían enlazar con sus camaradas hasta las 8:30 a.m.).
..
Por su parte, numerosos belgas yacen en el interior de la fortaleza y en las casamatas que la encumbran. Columnas de denso humo negruzco emergen de los respiraderos y las torretas de la fortaleza. Gritos, maldiciones, disparos y explosiones también brotan de sus entrañas. Total confusión la que experimentan los defensores, sumidos en las tinieblas en muchos de los corredores que surcan las tres plantas de Eben Emael debido a los fallos en la iluminación producto del ataque.
..
Llega el atardecer.
..
Los paracaidistas alemanes, desde bien temprano, han dejado patente su capacidad combativa. Casi todas las torretas artilleras (que pueden disparar contra los cercanos puentes en cualquier momento), además de varias casamatas y posiciones antiaéreas, han sido puestas fuera de juego.

Canal Alberto.
Durante largas horas se baten en solitario y logran causar cuantiosas pérdidas al enemigo, que en ocasiones puntuales llega a organizarse para lanzar contraataques con la intención de impedir que los paracaidistas reciban refuerzos desde la orilla opuesta.
..
El devenir de la jornada resulta muy fructífero para los paracaidistas germanos, que llegan a inutilizar algunos accesos a las plantas inferiores del fuerte. Decenas de belgas quedan atrapados en el interior y se ven incapaces de salir a la superficie para repeler el ataque. No les queda otra que permanecer a la expectativa ya que asomar supone morir.
..
Los Stukas (aviones Ju-87) alemanes, que acuden a la llamada de socorro de los paracaidistas, prestan sus alas para dejar caer letales bombas que logran acallar aquellas posiciones que sus camaradas no pueden destruir por falta de medios o resultar demasiado peligrosas como para exponerse al fuego enemigo.

Stukas alemanes vuelan en formación de ataque.
Con Witzig ya presente en Eben Emael, dirige con maestría a sus disciplinados hombres que, una y otra vez, logran repeler con el fuego de sus armas los descoordinados contraataques lanzados por los belgas. El enemigo no parece rendirse y mucho menos pretende ceder la plaza al ocaso.
..
Durante la noche, el combate en la fortaleza pierde intensidad, pero no peligrosidad, ya que desde otros fuertes próximos se dispara contra Eben Emael para intentar ahuyentar a los atacantes alemanes. Pegados al terreno, atrincherados y con resuelta gallardía, los paracaidistas alemanes no piensan siquiera en abandonar el lugar. Han recibido una orden y la van a cumplir cueste lo que cueste.
..
Disparos y explosiones iluminan la noche, una oscuridad que resulta peligrosa pues la confusión aún gobierna en aquel promontorio frente al río Mosa.

Torreta artillera destruida.
11 de Mayo de 1940.
..
Amanece con el olor a quemado y pólvora impregnando cada palmo de terreno. Las llamas asoman por las troneras de la fortaleza y los soldados aún prosiguen la lucha, cada vez menos intensa.
..
A las 7:00 a.m. los paracaidistas vislumbran en la lejanía un grupo de soldados dotados de un uniforme de aspecto familiar. Se trata de un grupo de zapadores que encabeza un contingente mayor que, no muy lejos de allí, comienza a cruzar el río.

Infantes alemanes cruzan
el río a bordo de un bote de goma.
El 51º Batallón de Ingenieros, con cierto retraso respecto al plan inicial, acude al relevo de sus compañeros paracaidistas. Estos últimos celebran con júbilo el éxito de la operación al enterarse de que el resto del Sturmabteilung Koch, con grandes dosis de temeridad y resolución, ha conseguido asegurar dos de los tres puentes que se les había ordenado tomar previamente.
..
Kanne ha sido el único puente que los belgas han sido capaces de destruir ante la amenaza de la presencia de mayores formaciones alemanas.
..
A media mañana, la guarnición de la fortaleza resuelve optar por la rendición. Así lo deja patente un reducido grupo de parlamentarios que, con bandera blanca alzada en lo alto, asoma por uno de los accesos parcialmente inutilizado.
..
Misión cumplida con éxito abrumador. Las bajas alemanas han sido mínimas y gran parte de los objetivos han sido tomados. Por su parte, los defensores suman un centenar de bajas, entre muertos y heridos, tras la breve pero intensa batalla.
..
Poco después, los primeros Panzers pisan atraviesan la frontera de Bélgica.

El puente Kanne destruido durante los combates.
El mito de los paracaidistas.
..
Horas y días después, gracias a la audaz maniobra de los paracaidistas y el resto de hombres liderados por Koch, la infantería y los Panzers alemanes pudieron cruzar el Mosa y evitar el enfrentamiento con tropas belgas en otras posiciones fortificadas.
..
La vía hacia el interior de Bélica había quedado expedita.
..
El legado del Grupo “Granito” sin duda marcó un antes y un después en el empleo de tropas paracaidistas en conflictos bélicos. Apenas rusos y alemanes habían configurado este tipo de formaciones en el periodo de entreguerras, cuya notoriedad en batallas posteriores se vería más que contrastada.
..
Operaciones similares ejecutadas por otros ejércitos se sucederían en años venideros durante la Segunda Guerra Mundial, como la del Puente Pegaso, en Normandía, protagonizada por paracaidistas británicos y que tomó mayor protagonismo. Pero, sin duda, la toma del fuerte Eben Emael fue un hito en este tipo de acciones, una operación quirúrgica, que con un reducido número de hombres, adiestrados y muy motivados, consiguieron tomar una posición estratégica que, tal vez, hubiese sido capaz de frenar el avance de varias divisiones alemanas en los comienzos de la guerra en el frente occidental.

Hitler posa con los protagonistas de la toma del fuerte Eben Emael (Koch es el tercero por la izquierda).
La “gloria” se pagó con seis muertos y una veintena de heridos. Pero el sacrificio también fue recompensado con el reconocimiento de propios y extraños, además de numerosas condecoraciones que no tardaron en pender de los uniformes de aquellos paracaidistas.
..
Hombres decididos y de extremo valor que dejaron su huella en la Historia, pero mucho más fue la impronta que dejó en la Historia de las tropas aerotransportadas.
..
Todo ejército cuenta con héroes y villanos… Pero los Fallschirmjäger alemanes de la Segunda Guerra Mundial tienen un papel destacado entre los primeros. De ello dejaron constancia en todas y cada de sus acciones. Tal es así que recibieron la admiración de amigos y enemigos, especialmente de estos últimos, que en más de una ocasión se refirieron a ellos como hombres de honor y de extremo valor.

Ilustración del asalto a Eben Emael (créditos de FVSJ).
Si el lector tuviese la oportunidad de transportarse a aquella época…
..
¿Hubiese sido capaz de enfrentarse y sobrevivir a una situación tan peligrosa como la de Eben Emael?
..
¡Comparte si te gustó!
..
Ⓟ y Ⓒ Daniel Ortega del Pozo

CURIOSIDADES BÉLICAS #11: ¿Fantasmas en el campo de batalla?

En esta nueva entrega de “Curiosidades bélicas” quiero advertir desde el principio al lector que no se encuentra ante un texto que pretende explicar un suceso paranormal, más bien todo lo contrario. A lo largo de estas líneas relataré lo que la realidad de un conflicto bélico puede llegar a ocasionar, marcar o influenciar sobre la figura de un ser humano o, aún más allá, sobre toda una colectividad.
..
Para ello, pido al lector que me acompañe al año 1914. Exacto, nos desplazamos a la época de la Primera Guerra Mundial. Así que, con el casco bien ajustado, nos sumergiremos juntos en la barbaridad de aquellos salvajes campos de batalla, plagados de barro, surcados por interminables hileras de alambre de espino y trincheras, salpicados de cadáveres, humo y completa devastación.
..
Brutal lucha primitiva la de 1914 a 1918 que en la actualidad se nos antoja lejana, pero que conviene recordar de vez en cuando ya que la memoria del ser humano es frágil, muy frágil.

Las trágicas consecuencias de toda guerra.
Plan Schlieffen.
Este plan, concebido por Alfred Graf von Schlieffen, el entonces Jefe del Estado Mayor alemán del II Reich (dirigido por el Káiser Wilhelm II), se presentaba osado, pero no imposible sobre los mapas…
..
Pero la puesta en práctica demostró una realidad bien distinta.
..
La osada maniobra consistía en reunir numerosos ejércitos germanos a lo largo de la frontera de Alemania con Bélgica, Luxemburgo y Francia. Una vez dispuestos y pertrechados, el avance principal correría a cuenta del grupo emplazado más al norte, es decir, en la franja fronteriza que separa Alemania de Bélgica. Estas grandes agrupaciones de tropas deberían discurrir a un ritmo rápido y en una línea de avance que iría en paralelo al Canal de la Mancha para, después, girar en redondo y caer hacia París. París, el objetivo más valioso de la progresión germana sobre territorio enemigo. Se pensaba que si la capital caía, Francia capitularía de forma incondicional.
..
Entre tanto, las tropas dispuestas en el centro harían presión a través de Luxemburgo y la frontera con Francia para, a su vez, conquistar terreno y proteger el flanco de las tropas que, al mismo tiempo, progresaban por el norte. Por su parte, los ejércitos alemanes situados más al sur, harían de cebo e incluso cederían terreno para configurar así una treta perfecta con la que, posteriormente, prevalecer sobre los ejércitos galos.

Plan Schlieffen.
A simple vista, con un plano en la mano, parece una cuestión sencilla hoy en día, ¿verdad? Recordemos que estamos en 1914 y la forma de hacer la guerra en aquellos comienzos del siglo XX era bien distinta.
..
Los planes iniciales se truncaron.
..
Con la muerte de Schlieffen en 1913, Helmuth Johan von Moltke, su sucesor en el Estado Mayor, realizó algunas modificaciones que influyeron negativamente en el plan original. Unas alteraciones que, sin duda, siguen hoy en pleno debate entre historiadores ya que, de no haber hecho estos cambios en el plan original, tal vez el desarrollo y el resultado final de la contienda hubiese sido bien distinto. Pero eso es algo que, por mucho que se divague, jamás se llegará a una conclusión exacta al cien por cien.
..
Pese a las modificaciones de von Moltke, si bien la primera fase de la invasión alemana de Bélgica y Francia se cobró un éxito notable (varias divisiones se deslizaron sobre suelo francés), durante los meses de Agosto y Septiembre pusieron en evidencia las carencias del plan germano.
..
Durante la invasión de Francia, los alemanes se toparon con más resistencia de la esperada en un primer momento. Una resistencia a vida o muerte por parte de los franceses que se materializó, entre otras, en la batalla del Marne (5 al 12 de Septiembre de 1914) y que cuya amarga consecuencia inmediata fue la paralización del invasor en suelo galo y el subsiguiente estancamiento del frente. Puede asegurarse que, tras esta batalla, daría comienzo la “carrera hacia el mar”, donde ambos bandos trataron de atacar y contraatacar para buscar líneas de penetración desde la frontera de Suiza hasta el Mar del Norte.
..
El resultado: más de 700 kilómetros de trincheras desde un punto hasta el otro. Acababa de comenzar la sangrienta y desesperante guerra de trincheras en el frente occidental.
..
Es en esta primera época de la Gran Guerra, la guerra que iba a poner fin a todas las guerras, cuando nos encontramos con un suceso insólito, curioso, digno de mención.

Káiser Wilhelm II.
Mons, Bélgica.
..
Esta población, ubicada entre la frontera de Francia y Bélgica, próxima a Bruselas, dista a unos 150 km. de Agincourt, Francia. Invito al lector a que recuerde este nombre ya que, más adelante, será protagonista de este pasaje histórico.
..
Durante la Primera Guerra Mundial, Mons fue testigo de un fiero combate entre alemanes y británicos ya que en la noche del 22 al 23 de Agosto de 1914 tuvo lugar el primer enfrentamiento entre las fuerzas expedicionarias inglesas y las tropas germanas. De hecho, la batalla de Mons fue el primer combate notable en el que participó la Fuerza Expedicionaria Británica durante la Primera Guerra Mundial en el Frente Occidental.
..
En esta ocasión, las unidades británicas allí presentes, inferiores en número, se vieron obligados a retirarse durante las primeras horas de la batalla. Una retirada amarga ya que sus integrantes eran soldados con experiencia y buen entrenamiento. No quedaba otra alternativa dada la fuerza del empuje alemán, cuya ala derecha del avance, parecía arrollar con todo aquello que se interponía en su camino.

El gas, terrible enemigo invisible.
Entre tanto, los franceses sucumbían en la región del Sambre, en las Ardenas (escenario que reclamó su protagonismo en la siguiente guerra mundial) y también en Lorena.
..
La situación se presentaba dramática allí donde se mirase. Incluso, tras los enfrentamientos iniciales a lo largo de las fronteras de los países ya implicados en la contienda a gran escala, los resultados se presentaban tan catastróficos a ojos del Alto Mando aliado que los británicos hubieron de retirarse hacia el oeste para ir al encuentro de las tropas francesas y evitar así quedar rodeados.
..
Un milagro iluminó el caos.
..
Algo así debieron pensar los hombres de una unidad británica cuando, en medio de la retirada hacia posiciones menos expuestas, se vieron de repente rodeados por una unidad de ulanos, integrantes estos últimos de la caballería alemana (si el lector recuerda, hice referencia a los ulanos en el relato dedicado al “Barón Rojo”, quien formó parte de la caballería del Káiser Wilhelm II antes de pilotar aviones durante la Gran Guerra).
..
Imagínese la situación. Se encuentra en plena retirada junto a un puñado de camaradas británicos que han sobrevivido al imparable avance alemán. Camino de la frontera franco-belga, alejado del campo de batalla, en medio de la nada, surge con estruendo ensordecedor la citada unidad de caballería alemana. Muchos, cogidos por sorpresa, con respiración entrecortada y ojos desorbitados, no dudan en tirar las armas.
..
Dadas las circunstancias, el cautiverio se presenta mejor alternativa que la muerte. Otros, con brillo desafiante en la mirada, dudan en disparar sus armas contra los alemanes, no asumen caer prisioneros sin luchar hasta el final. Pero… ¿Merece la pena intentarlo? Un único disparo puede desencadenar una tormenta de fuego sobre ellos. O lo que es peor aún, un tornado de sables silbando sobre sus cabezas a punto de ser separadas de sus cuerpos al tiempo que corren por sus vidas.

Jinete alemán y caballo posan para la cámara.
De pronto, sin saber cómo, los equinos alemanes comienzan a encabritarse. Algo les está poniendo nerviosos. ¿Qué sucede? ¿Qué ocurre que hace que los caballos comiencen a correr en desbandada? Nadie logra hallar una explicación certera. Los británicos se miran asombrados, con las armas a sus pies, sin entender nada de lo que acaban de presenciar sus ojos incrédulos.
..
El caso es que, sin haber hecho absolutamente nada, la caballería alemana ha huido del lugar sin una explicación aparente.
..
El desconcierto es absoluto. Pero ello no impide que los sorprendidos soldados recuperen sus armas y, como alma que lleva el diablo, retomen su camino hacia el oeste, al encuentro de sus camaradas franceses, en busca de un lugar más seguro.

Infantería alemana avanza en medio de un mar de humo y fuego.
¿Qué ocurrió en realidad?
..
Aquí comienza la leyenda, con la inexplicable espantada de la caballería alemana.
..
Es cierto que, en situaciones de estrés extremo, un ser humano en solitario, o un colectivo humano, es capaz de ver cosas que no existen y/o sentir cosas que en realidad no se perciben como reales.
..
El caso que nos atañe en esta entrega de “Curiosidades bélicas” es muestra de ello. Si bien los supervivientes narraron a otros lo acontecido en Mons como un suceso que les cogió por sorpresa en primera instancia, otros, llevados de la mano por subsiguientes rumores, tal vez la histeria colectiva, el miedo, la horror de la guerra e incluso leyendas de otros tiempos, crearon una auténtica leyenda urbana.

Infantes escoceses y británicos avanzan en el campo de batalla bajo una lluvia de fuego y acero.
Crea o no en fantasmas, crea o no en aquellas leyendas urbanas que nos rodean día a día (en la actualidad y en tiempos pretéritos), el caso es que el milagro de los “Ángeles de Mons” acaecido en la Primera Guerra Mundial, como toda leyenda urbana que se precie, tiene una base real, pero también un alto contenido de alteración posterior de los hechos que, inicialmente, tuvieron lugar.
..
¿Qué es lo que vieron o aseguraron ver aquellos y otros soldados?
..
Ni más ni menos que a unos ángeles salvadores que adoptaron la forma de arqueros británicos del siglo XV. Sí, arqueros ni más ni menos.
..
Agincourt, ciudad ubicada en Francia, toma su importancia a partir de estas líneas. Si recuerda el lector, antes establecí una relación con Mons. Aquí la tenemos. Si retrocedemos al siglo XV, en concreto al año 1415, en las inmediaciones de Agincourt tuvo lugar una cruenta batalla entre tropas británicas y francesas. El contexto era bien distinto, ya que pugnaban entre ellos, no contra los alemanes. Ingleses y galos, por tanto, se hallaban sumidos en una disputa harto conocida; no es otra que la Guerra de los Cien Años (conflicto que duró desde enero de 1337 hasta octubre de 1453, 116 años ni más ni menos).

Miniatura del siglo XV que ilustra la batalla de Agincourt.
En aquella ocasión, los ingleses también se hallaban en retirada. Al mando de Enrique V, quien llegó al trono de Inglaterra con 26 años, se reveló desde bien joven como un comandante confiable, decidido, experto en táctica y organización logística, inteligente, muy frío y racional. Incluso llegó a especializarse en guerra de guerrillas tras su experiencia de combate contra escoceses, pero especialmente con los galeses.
..
Pese a que Enrique V realizó intentos previos de mantener una paz imposible con Carlos VI, rey de Francia, se vio inmerso, una vez más, en la barbarie que supone todo conflicto armado. En este caso, Enrique V era el invasor. Tras una serie de avances por territorio enemigo, Francia, los ingleses, que deseaban cruzar el Somme, descubrieron que estaban quedándose sin vituallas tras haber cruzado el Canal de la Mancha semanas atrás.
..
El 21 de Octubre de aquel 1415, los británicos emprendieron la marcha hacia la aldea de Agincourt (emplazada entre Calais, al norte de Francia, y Amiens, más al sur), donde se enfrentaron con el grueso del ejército francés en los últimos días de Octubre. Pese a contar con unas fuerzas de relativa importancia (Enrique V contaba con unas tropas que oscilan entre los 6000 y los 10000 hombres), el enemigo disponía de mayores fuerzas si cabe (entre 12000 y 36000 según distintas fuentes).
..
Sea cual sea el número, la superioridad francesa era más que evidente. Para poner aún peor las cosas, los británicos estaban afectados de disentería, se encontraban muy debilitados como para entablar combate; pero lo hicieron, y a fe que el resultado obtenido sorprenderá a más de un lector.

Ilustración de la batalla de Agincourt.
Valiéndose de su experiencia en la guerra poco convencional en la que había participado Enrique V en años anteriores contra los galeses y escoceses, pergeñó un plan osado, pero efectivo como veremos a continuación. Era un gran estratega, y así lo demostró.
..
Situó en el centro de sus filas a los arqueros, hábiles y diestros con sus armas para matar enemigos a distancias considerables.
Detrás, la infantería. A los lados, la caballería, no demasiada, pero siempre efectiva si se emplea con buen criterio.
..
Tras las escaramuzas iniciales, Enrique V supo conducir al enemigo hacia el centro de su formación, donde una lluvia mortal de flechas aguardaba a los atacantes franceses. Oleada tras oleada, sucumbieron ante las certeras saetas disparadas por los arqueros ingleses. Una vez los galos picaron el anzuelo, y ya se encontraban frente al grueso de las tropas británicas, éstas les rodearon y masacraron a placer. Las espadas brillaron empapadas de sangre. Lanzas, hachas y flechas destrozaron cuerpos y armaduras.
..
Sin duda, la carnicería fue espantosa. Cuerpos, barros, desechos humanos y lágrimas de dolor salpicaron el campo de batalla. Los lamentos de los moribundos se elevaron al cielo entremezclados con los gritos de júbilo de los vencedores ingleses. Una victoria épica con los arqueros como máximos protagonistas.

Ilustración de época que refleja el milagro de Mons.
Semejante gesta reclamó su protagonismo en la Historia.
..
Por supuesto que la leyenda discurrió a lo largo de los siglos. Tal es así que llegó a la Primera Guerra Mundial, donde civiles y militares aliados, que creían que su causa era la justa y que finalmente prevalecerían en la Gran Guerra, se agarraron a un clavo ardiendo en aquellos compases iniciales de la contienda.
..
Apenas había transcurrido un mes desde que tuvo lugar la batalla de Mons cuando, Arthur Machen, un escritor galés, vio publicado a finales de Septiembre de 1914 un artículo de su autoría en el The Evening News titulado “The bowmen” (“Los arqueros”).

La obra de A. Machen.
Por lo tanto, según el relato de Machen, aquellos arqueros del siglo XV, al ver que sus hermanos de armas del siglo XX se encontraban en peligro, pero también la propia Inglaterra, no dudaron en emerger de los restos del campo de batalla, como una aparición fantasmal, para asistirlos y luchar una vez más por una causa justa.
..
¿Ficción o realidad?
..
La imaginación del autor fue sin duda una motivación para que muchos jóvenes ingleses se alistasen en el Ejército británico en aquellos compases iniciales de la guerra, unos comienzos donde millares de compatriotas habían sucumbido ya bajo los disparos de los fusiles y de la artillería alemana.
..
Pero tal vez fue una maniobra propagandística perfectamente urdida para alentar el espíritu combativo de sus propias tropas, arrolladas en primera instancia por el impetuoso avance alemán. La moral no podía decaer, resultaba imperioso mantenerla elevada para evitar el colapso total en el frente.
..
O, tal vez, esta historia fuese fruto de la histeria colectiva, de esa situación de estrés absoluto en el que muchos soldados, por desgracia, se vieron envueltos durante la Primera Guerra Mundial. Pero también siglos atrás, cuando los hombres de Enrique V, descompuestos, consumidos por la enfermedad, se jugaron el todo por el todo para salir victoriosos en una batalla que se presentaba imposible de ganar.

Arqueros fantasmagóricos disparan sus flechas contra el enemigo alemán.
Ni yo ni ninguno de los lectores estuvimos en Mons para poder emitir un juicio certero sobre lo ocurrido, pero lo que sí que es cierto es que, en situaciones de severa dificultad, el ser humano es capaz de creer en cualquier cosa para sobrevivir y también de realizar las mayores gestas conocidas por la humanidad, cuyo reflejo aún podemos apreciar en las páginas de los libros de Historia.
..
Aunque, si bien algunas de esas gestas históricas fueron y aún hoy en día son consideradas leyendas urbanas… ¿Sería usted capaz de creer en algo similar a lo relatado para salir airoso de una adversidad extrema? ¿O más bien sería usted capaz de hacer creer a otros algo similar a lo relatado para obtener un bien para el interés común?
..
Ojalá nunca nos tengamos que ver de nuevo en semejante tesitura, ni en la de 1914, ni en la de 1415.

Miradas que hablan por sí mismas: el horror de la guerra.
¿Estaría usted dispuesto a creer?
..
¡Comparte si te gustó!
..
Ⓟ y Ⓒ Daniel Ortega del Pozo

CURIOSIDADES BÉLICAS #12: Seelow. La última gran batalla del frente ruso.

Seelow.
Mediados de Abril de 1945. Frontera germano-polaca. Nos encontramos en los alrededores esta pequeña población fronteriza arrasada por los bombardeos.
..
Allí donde se mire, el paisaje resulta propio de la superficie lunar. Durante semanas, el Ejército Rojo se ha empleado a fondo a la hora de batir todo el sector con su devastadora artillería. Cráteres inmensos salpican todo el terreno que separa Seelow del río Óder, la frontera natural que separa Alemania de Polonia.
..
Al sur, Frankfurt del Óder, al norte, Stettin, en frente, junto al río, Küstrin, ya en manos soviéticas, configuran el escenario donde está a punto de tener lugar el último gran combate del frente ruso. La batalla por los altos de Seelow.

Seelow y la carretera que lo atraviesa camino de Polonia.
¿Por qué Seelow?
..
La modesta ciudad, ubicada sobre un promontorio de unos 50 metros, domina la carretera que discurre desde Berlín hacia la frontera polaca, dibujada por el río Óder, que discurre a unos 18 km. de Seelow.
..
Sin duda, una arteria vital por la que aproximarse hasta la capital del Tercer Reich, donde civiles y militares buscan refugio dada la inminente acometida de la apisonadora rusa.
..
Berlín, humeante, se sitúa a unos 80 km. al este de Seelow. El Estado Mayor de Ejército Rojo es consciente de la importancia de este enclave situado en lo alto de un singular paisaje presidido por varias colinas boscosas que dibujan una forma de ele recostada.
..
Si el lector consulta un mapa en estos instantes, podrá comprobar la disposición de Seelow en la geografía Alemana. La citada carretera que conduce de Berlín a Polonia serpentea a través de sus calles y se eleva con delicadeza por las elevaciones que configura el sistema de colinas.

Progreso del avance del Ejército Rojo hacia Berlín.
No muy lejos, un poco más allá del río Óder, el Ejército Rojo ha dispuesto un total de 2,5 millones de hombres a lo largo de varios kilómetros en paralelo a la frontera germano-polaca durante las semanas previas.
..
Imagínese semejante masa humana a punto de ser lanzada al ataque en compañía de más de 6.000 tanques, más de 7.000 aviones, unas 42.000 piezas de artillería y morteros y la nada desdeñable cifra de 3.000 lanzacohetes Katyusha, los “Órganos de Stalin”.
..
Justo delante del inmenso despliegue ruso, nada más y nada menos que en medio de aquel sector del frente, se encuentra Seelow. Encargado de la defensa alemana en aquel punto tan importante en los mapas de germanos y soviéticos se encuentra el general Heinrici, buen estratega y al que millares de alemanes le debieron la vida.
..
Heinrici, conocedor de las tácticas y estrategias rusas, planteó un sistema defensivo muy hábil. Su oponente, Zhúkov, el comandante en jefe de las tropas rusas desplegadas en los alrededores de Seelow, tampoco era manco. Los alemanes habían dispuesto una defensa en profundidad para tratar de desgastar al máximo a su oponente así como para retardar todo lo posible el progreso del Ejército Rojo hacia Berlín, cada vez más poblado por tropas en repliegue y civiles evacuados en busca del milagro de la salvación, a todas luces poco probable debido a la cercanía de los ejércitos soviéticos.

Heinrici.
Heinrici, poco después de sustituir a Himmler como jefe del Grupo de Ejército del Vístula, se anticipó a las intenciones de Zhúkov, famoso por lanzar ataques a gran escala después de haber hecho acopio de inmensas cantidades de recursos humanos y materiales. Ya ocurrió en Stalingrado. Seelow no iba a ser diferente.
..
Para detener al Ejército Rojo, los alemanes dispusieron tres líneas defensivas en paralelo al curso del río Óder. Una primera línea, que nacía desde la ciudad de Kietz, pegada al curso fluvial, se adentraba unos 9 kilómetros, en dirección Seelow, hasta Alt Tucheband.
..
Desde allí, hasta la propia localidad de Seelow, se tendía la segunda línea defensiva, también de 9 kilómetros de extensión “tierra adentro” desde el Óder.
..
Y por último, la tercera línea, que partía desde Seelow y se tendía durante 15 kilómetros hasta la cercana ciudad de Müncheberg, próxima a Berlín. En total, casi 40 kilómetros sembrada de ingenios defensivos de todo tipo.
..
La defensa alemana.
..
Dados los escasos recursos germanos, la línea en profundidad que pudo plantear Heinrici para contener el ataque soviético fue más que digna. Incontables campos de minas y fosos antitanques de varios metros de profundidad discurrían a lo largo de cada línea. Diversas zonas empantanadas salpicaban el terreno embarrado, apenas practicable para los blindados rusos, especialmente en aquellas zonas donde las pendientes de las colinas eran más pronunciada.
..
Enclaves autónomos intercomunicados mediante trincheras y pequeñas poblaciones fortificadas también sumaban su grano de arena al dispositivo de contención, que también contaba con el apoyo de piezas de artillería y los últimos blindados que, hábilmente camuflados, aún permanecían disponibles en el sector. Una suerte de puntos de apoyo dotados de ametralladoras, cañones antiaéreos y piezas de artillería se habían dispuesto con gran atino para cubrir los distintos sectores con tiro cruzado. Al Ejército Rojo le aguardaba un auténtico campo de muerte en su camino hacia Berlín.

Los restos de la batalla.
La antesala de la batalla.
..
Pese a existir una calma tensa desde que los ingenieros rusos tendieron puentes a lo largo del Óder y tomaron una cabeza de puente en la orilla occidental, las escaramuzas entre alemanes y soviéticos fueron moneda de cambio durante las semanas previas al ataque final lanzado por Zhúkov. Incluso los alemanes enviaron hombres rana, además de los últimos aviones disponibles, para volar las pasarelas enemigas. Los resultados fueron infructuosos, ya que fracasaron en alcanzar sus objetivos en la gran mayoría de las ocasiones.
..
Zhúkov, durante las horas previas al ataque, trató de embaucar a los alemanes a la hora de mostrar sus cartas: el punto de ruptura del frente. Durante el 14 de Abril envió diversas unidades en labores de reconocimiento a lo largo del sector de Seelow, además de aquellos otros sectores que flanqueaban el vital enclave.

Zhukov en su puesto de mando en las colinas de Seelow.
Numerosos blindados y nutridos grupos de infantería soviética se adentraron en terreno enemigo con la intención de tantear las defensas alemanas. El terreno embarrado y la inesperada defensa por parte de las unidades germanas allí desplegadas consiguieron infligir severas pérdidas en aquella primera incursión rusa.
..
Pese a que los soviéticos lograron despejar algún campo minado y afianzar algo de terreno, el progreso les costó caro. Allí dejaron la piel cientos de soldados y decenas de blindados rusos, que comenzaron a tintar de negro el cielo con las columnas de humo que emergían de sus entrañas metálicas.
Segundo intento. Zhúkov, al día siguiente, aún no muy convencido de qué le aguardaba en aquel sector del frente, resolvió lanzar un nuevo ataque de sondeo, esta vez más reducido, pero con pretensiones similares a las del día anterior.

Museo ubicado en el lugar de la batalla. Visita recomendada. 
Madrugada del 15 al 16 de Abril de 1945.
..
Justo antes de comenzar la batalla, Heinrici ordena evacuar la primera línea de defensa, la más próxima a las orillas del Óder. Es consciente de que el tercer intento será el definitivo. Decenas de soldados se repliegan hacia la segunda línea al amparo de la noche.
..
Detrás de ellos quedan pequeños grupos que presentarán resistencia al inminente ataque ruso. Grupos de soldados alemanes dispuestos a cumplir sus órdenes recibidas hasta las últimas consecuencias. Despedidas amargas, silenciosas, se cruzaron los hombres que dejaron atrás aquellas posiciones de vanguardia con los que iban a permanecer en su puesto para hacer creer a los rusos que las tropas germanas, aquella noche, aún seguían en sus puestos.
..
Heinrici tuvo que proceder de ese modo para plantear un sacrificio necesario que, en pocas horas, conseguiría salvaguardar la integridad del grueso de sus tropas.

Posición artillera en lo alto de una colina, cerca de Seelow.
El propio Heinrici hubo de obrar milagros para distribuir a sus poco más de 100.000 hombres, además de la artillería (unas 2.500 piezas) y los blindados (sobre 500), en el sector de Seelow.
..
Para que se haga una idea el lector, la propia ciudad de Seelow estaba defendida por la 9ª División Paracaidista alemana, integrada por completos novatos que no llegaban al mes de entrenamiento militar y personal de la Luftwaffe transferido a labores de combate terrestre.
..
Muchas de las tropas allí desplegadas no contaban con experiencia de combate o el adiestramiento apropiado para enfrentarse a los aguerridos soldados del Ejército Rojo. Apenas algunas formaciones, como la potente División Panzer Kurmark, se podían salvar de esta “quema” de bisoños en el arte de la guerra. Pese a ello, cabe citar que la moral era elevada en cierta medida, pues todos los allí atrincherados sabían que solamente la lucha y la resistencia en las colinas de Seelow podría salvarles de perecer ante la marea rusa.
..
Primeras horas de la madrugada del 16 de Abril.
..
El rugido de 22.000 cañones atronó en todo el frente. Incluso el rugido de la artillería soviética se podía escuchar en Berlín. El horizonte, allí donde se fijase la vista, resplandecía como si fuese el mediodía. Salvajes andanadas de los cañones rusos se sucedían unas detrás de otras impregnando el aire con el áspero olor a explosivos.
..
Zhúkov, convencido de que la potente preparación artillería ocasionaría la rendición de los soldados alemanes, se equivocó por completo. La gran mayoría de los obuses fue a estallar en la primera línea defensiva, donde apenas existían germanos parapetados.
..
A pesar de ello, la tormenta de fuego resultó devastadora. Incontables soldados salieron despedidos por los aires, destrozados, transformados en guiñapos sanguinolentos. Trincheras completas fueron barridas de lado a lado al amparo de los escalofriantes chillidos de los cohetes Katyusha. Restos humanos salpicaron el terreno a lo largo del frente. La sangre, vívida, reclamó su protagonismo al entremezclarse con el barro, omnipresente en toda la línea del frente.

Andanada de cohetes Katyusha rusos.
Contra todo pronóstico, los rusos hicieron algo inimaginable. Decenas de reflectores dispararon sus haces de luz por toda la línea del frente que rodeaba las colinas de Seelow. Grave error.
..
Debido a las nubes que a baja altura surcaban el cielo, la luz rebotaba contra ellas en vez de iluminar el campo de batalla.
..
Zhúkov no pudo tener peor suerte a la hora de lanzar su ataque. Los blindados y la infantería soviética comenzaron a progresar por la tierra de nadie envueltos por las potentes luces. Sus siluetas se recortaban a la perfección en el horizonte. Cientos de soldados del Ejército Rojo dieron sus primeros pasos completamente a ciegas a través de un terreno impracticable. Los blindados corrieron igual suerte, cuyas orugas patinaba sobre el barro al tiempo que los proyectores dibujaban con claridad sus monstruosas figuras ante los ojos de los defensores alemanes.
..
Los primeros compases del avance ruso se convirtieron en una competición de tiro al blanco para los germanos. Aquellos que habían sobrevivido a la furiosa descarga artillera, comenzaron a disparar todas las armas puestas a su disposición para contener la acometida soviética. Los cañones de 8,8 cm. vomitaron obuses contra todo blindado que se ponía en su línea de tiro; contaban con poca munición, así que hubo que afinar la puntería para así obtener óptimos resultados. No tardaron en iluminar el campo de batalla los restos flamígeros de incontables T-34 e IS-2, que estallaban uno detrás de otro a una velocidad pasmosa. Los infantes alemanes, con fusiles de asalto StG-44, viejas MP-40, fusiles Kar-98 y un buen número de MG-42 segaron de parte a parte sus correspondientes sectores.

Un soldado alemán aguarda el ataque devastador.
Nadie a día de hoy sabría contabilizar a ciencia cierta las bajas rusas de aquella madrugada, pues los soldados del Ejército Rojo, envueltos por haces de luz delatores, caían como muñecos por docenas, horadados por el plomo teutón, cuya trayectoria siniestra se dibujaba en el aire por largas hileras de balas trazadoras.
..
Otros, entre tanto, salían despedidos por los aires tras pisar las minas dispuestas en el suelo, invisibles dadas las circunstancias. Gritos desgarradores de dolor se entremezclaban con el de las explosiones de las granadas de mano y la artillería de ambos bandos. Desangrándose sobre el terreno, los sanitarios germanos y soviéticos apenas podían acometer sus funciones, desbordados de trabajo y expuestos a la fiereza de la lucha.

Blindados alemanes destruidos junto a una de las numerosas zanjas que rodean Seelow.
Durante la jornada, los rusos casi lograron rebasar la primera línea de defensa dispuesta por los alemanes (penetraron unos 8 kilómetros), pero la resistencia ofrecida por estos últimos fue encarnizada. Se lanzaron contraataques por parte germana para taponar las brechas que tan caras les estaban resultando a los soviéticos. Incluso la aviación rusa tuvo que emplearse a fondo para apoyar a sus camaradas que se desangraban a ras de suelo. Las últimas reservas alemanas se tuvieron que reunir a toda prisa pues el sector amenazaba colapso, pero, por suerte para los alemanes, la línea resistió aquel primer día de lucha en el Seelow.
..
A lo largo de la jornada, cabe reseñar el papel que jugaron los blindados alemanes en la defensa, que pese a verse en clara superioridad numérica, causaron auténticos estragos entre las filas soviéticas. Todos ellos lucharon con valentía hasta el final, hasta que sus municiones se agotaron y se dio la orden de repliegue para proceder al reabastecimiento. Algunos de ellos quedaron atrás, humeantes, como simbolizando el último sacrificio realizado para garantizar el repliegue de sus camaradas de primera línea. Pero, frente a sus ya inertes cañones, decenas de tanques soviéticos resplandecían envueltos en llamas. Cifras espantosas las que arrojan las bajas rusas que aún hoy en día despiertan admiración entre historiadores dada la desigualdad entre ambos bandos.
..
Stalin, lejos del frente, no daba crédito a los infructuosos resultados de la primera jornada de combates en los alrededores de Seelow. Nadie en su sano juicio hubiese apostado por la enconada resistencia que allí ofrecieron los alemanes. Es más, la opinión rusa se decantaba por una leve confrontación inicial y un colapso absoluto tras unas cuantas horas de combate en aquel 16 de Abril de 1945. Pero Stalin, enfurecido, jugó la baza de la presión. Dado el desenlace de aquella jornada, dio rienda suelta al mariscal Kónev para que éste progresase hacia Berlín, en detrimento de Zhúkov, quien había contado desde el principio con el “privilegio” de ser el primero en encabezar la marcha hacia Berlín.
..
La rivalidad abierta entre ambos mariscales (Kónev y Zhúkov) sentenció la vida de cientos de soldados soviéticos, quienes pagaron con su sangre la competencia alentada por Stalin desde Moscú. Tal es así que Zhúkov tuvo que lanzar al ataque sus reservas el frío amanecer del 17 de Abril para conseguir aplastar el primer cinturón defensivo planteado por los alemanes, cuyos supervivientes corrieron a las restantes líneas para sumarse a las tareas defensivas.

La infantería rusa trata de poner en pie un cañón sobre el terreno enfangado.
Durante la mañana, Kónev lanzó un potente ataque que obtuvo como consecuencia el repliegue de las fuerzas alemanas. Una retirada, cabe decir, que bien planteada y organizada pese al caos que reinaba en el campo de batalla, donde los tanques rusos trataban de trepar por las colinas a toda costa.
..
Muchos de ellos, pese a haber superado los fosos antitanques y las trincheras enemigas, terminaron por reventar en mil pedazos tras recibir los certeros cañonazos de los 8,8 cm. alemanes, dispuestos estratégicamente en las elevaciones y con su munición a punto de agotarse.
..
Al día siguiente, el 18 de Abril, la actuación de dos Divisiones Waffen SS (Nordland y Nederland) consiguió frenar relativamente el ataque ruso, que pagaba con decenas de bajas cada metro progresado. Durante el día, los hombres de las Waffen SS se emplearon a fondo para contener el avance del Ejército Rojo.
..
Aquel sector del frente situado en los alrededores de Seelow fue testigo de un combate encarnizado, que incluso llegó al cuerpo a cuerpo en más de una ocasión. Las armas de fuego fueron reemplazadas por las bayonetas y las palas una vez los soldados se encontraron frente a frente en el interior de las trincheras y casamatas. Incluso el interior de algunos edificios se convirtieron en mataderos improvisados cuando rusos y alemanes se enzarzaron en combates primitivos a la hora de mantener el control de las ruinosas edificaciones; antes viviendas o factorías, ahora montones de escombros bañados en sangre y despojos humanos.
..
A lo largo de la jornada, y con el Ejército Rojo efectuando una presión considerable a lo largo de todo el frente en Seelow y sus alrededores, el Alto Mando alemán ordena el repliegue generalizado para evitar que ninguna unidad quede cercada y, posteriormente, aniquilada, como fue el caso de alguna División germana que llegó a desaparecer literalmente del terreno dada la brutalidad de los combates.

La artillería soviética se pierde en el horizonte.
Camino de Berlín.
..
Como un reguero de hombres con rostros grisáceos, los supervivientes de la batalla del Seelow, la mañana del 19 de Abril emprendieron el camino hacia la capital del Tercer Reich. Les separaba un largo camino a pie, en la mayoría de los casos, hasta poder poner un pie en Berlín.
..
80 largos kilómetros donde, aquí y allá, permanecieron a su suerte grupos de soldados alemanes que ofrecieron una resistencia épica para lograr que otros camaradas llegasen a una ciudad que, seguramente, les otorgaría mayor protección que el campo abierto por el que se retiraban. Esa ciudad era Berlín, y pronto se convertiría en el frente.
..
Gruesas columnas de soldados y civiles progresaron durante varios días para conseguir alcanzar Berlín. También lo hicieron los carros de combate alemanes que habían sobrevivido a la carnicería de Seelow. Muchos hombres caminaban sintiendo el peso de sus botas, con un horizonte humeante a sus espaldas, pero con un amago de sonrisa dibujado en los labios. La Wehrmacht había conseguido un relativo éxito, tal vez el último, a la hora de resistir de forma desesperada durante tres largos días en un lugar que apenas tiene su protagonismo en los libros de Historia.
..
Seelow, una modesta población de apenas 3.000 habitantes en aquel año de 1945, hoy se muestra ante los ojos de quienes la hemos visitado como un lugar impregnado por una quietud incómoda. Sabedores de lo que en aquel campo de batalla ocurrió, uno no puede mostrarse indiferente ya que, en función de diversas fuentes consultadas, allí perecieron, en 72 horas de fieros combates, entre 20.000 y 55.000 soldados.
..
Cabe citar también que más de 700 blindados soviéticos quedaron convertidos en chatarra en las colinas del Seelow en el mismo espacio temporal. Alto precio a pagar por un promontorio de apenas 50 metros de altura.

La brutalidad del frente ruso recogida en una instantánea.
Sin duda, Seelow, el penúltimo resplandor del frente ruso, donde casi cualquier batalla se saldaba en miles de muertos. Así era el frente ruso, el más salvaje de la Segunda Guerra Mundial. El frente decisorio de la contienda.
..
A modo de comparativa, para que el lector se haga una idea de la brutalidad del frente oriental y reflexione acerca de ello, por citar un par de ejemplos, en Okinawa (frente del Pacífico) murieron unos 120.000 soldados en tres meses de combate y en Montecassino (Italia) fallecieron alrededor de 75.000 soldados en cinco meses de lucha.

Huellas de la Historia en una estación cercana a Seelow (Fotografía de mi colección).
Estimado lector, después de haberle hecho revivir lo que fue uno de tantos episodios en el frente ruso, imagínese en medio de aquel salvajismo perpetrado por seres humanos…
..
¿Hubiésemos sido capaces de sobrevivir?
..
¡Comparte si te gustó!
..
Ⓟ y Ⓒ Daniel Ortega del Pozo
..
PD: si quieres saber qué ocurrió después, de un modo ameno y novelado, te animo a leer mis libros sobre la Batalla de Berlín
..

CURIOSIDADES BÉLICAS #10: Gespensterdivision. La “División Fantasma” de Rommel.

Regresamos con Rommel a la Segunda Guerra Mundial en esta nueva entrega de “Curiosidades bélicas”. Nos hallamos en las postrimerías de la invasión alemana de Francia, en el mes de Mayo de 1940.
..
Cientos de carros de combate alemanes rugen a lo largo de la frontera de Francia y también del Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo). En la madrugada del 10 de aquel Mayo de 1940, el estrépito ocasionado por los blindados germanos irrumpe en la quietud de la noche. El estruendo resulta abrumador una vez las orugas se ponen en marcha. Como bestias prehistóricas, arrollan todo a su paso, sin encontrar oposición digna de mención. La sorpresa es total. El enemigo huye en desbandada.
..
Blitzkrieg (Guerra Relámpago) en estado puro. Ingenioso y devastador sistema de hacer la guerra por parte de la Wehrmacht (Ejército alemán) con Heinz Guderian como uno de sus mayores artífices. Los tanques avanzan en cabeza sobre el terreno enemigo. La aviación se suma al ataque para reducir a escombros todo nido de resistencia. Y, a modo de colofón, la infantería termina por limpiar y tomar el terreno conquistado.
..
Nada ni nadie, en 1940, parecía estar a la altura de la todopoderosa Wehrmacht.
..
Para que el lector se haga una idea de la magnitud del éxito de Alemania en la fase inicial de la guerra, cabe citar unos intervalos temporales. Tras el comienzo de la invasión, Holanda se rinde en 8 días, Bélgica en 18 y, por su parte, Luxemburgo capituló en unas horas.
..
Llegó el turno de Francia, cuyo Ejército apenas pudo evitar lo inevitable. En cuestión de seis semanas, Alemania logró vencer a su eterno enemigo en una guerra fugaz, de movimientos quirúrgicos en algunas fases. Un enemigo que, en la anterior guerra (1914-1918), fue incapaz de someter durante cinco largos años de guerra. Pero en esta ocasión, las tornas habían cambiado en favor de Alemania. Tal es así, que el 22 de Junio de ese año de 1940, Francia firmó el armisticio.
..

Monumento donde una vez se detuvo el vagón CIWL Nº2419-D.
..
A modo de anécdota, permita el lector que le susurre un secreto: en la Primera Guerra Mundial, alemanes y franceses sellaron la rendición germana en el interior de un vagón de tren (el CIWL Nº2149). Dado que Hitler no quiso dejar pasar la oportunidad de cobrarse su particular venganza tras vencer a Francia, emuló la escena durante la Segunda Guerra Mundial y, finalmente, aquel vagón terminó expuesto en Berlín a modo de trofeo de guerra (nunca mejor dicho).
..
Por desgracia, el vagón jamás sobrevivió a la guerra, ya que en Marzo de 1945, durante los últimos compases de la guerra, los alemanes lo dinamitaron. Aunque otros mantienen que fue destrozado durante un bombardeo aliado…
..
Pero, ¿qué ocurrió durante esas seis semanas de combates en suelo francés?
..
El Alto Mando alemán, tras conformar tres grupos de Ejércitos (A, B y C), lanzó al ataque al grupo B por el norte para penetrar por Holanda y Bélica, al grupo A por el centro, para abrir brecha a través de las “impenetrables” Ardenas en dirección Francia y Luxemburgo y, por último, el grupo C se encargó de mantener el flanco sur frente a la conocida línea Maginot, inservible en este tipo de guerra moderna de los años 40.
..
Rommel, a quien previamente se le había entregado el mando de la 7ª División Panzer en Febrero de 1940 a modo de “trofeo” por parte de Hitler en persona tras su exitosa participación en la campaña de Polonia, progresa en dirección oeste encuadrado en el Grupo de Ejércitos A (comandado por von Rundstedt).
..

Rommel en su vehículo de mando.
..
Si seguimos la cadena de mando hasta llegar al propio Rommel, nos cruzamos con personajes clave en la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial. Hablo de Hermann Hoth, comandante del XV Cuerpo de Ejército donde se encastraba la 7ª División Panzer de Rommel, la 5ª División Panzer y la 62ª División de Infantería. También cabe señalar a Günther von Kluge, comandante del 4ª Ejército, mando intermedio entre Rundstedt y Hoth. Sin duda, un puñado de oficiales predestinados al éxito absoluto en la campaña francesa.
..
Tal vez este esquema facilite la labor al lector a la hora de encuadrar a Rommel dentro de la enrevesada cadena de mando alemana:
..
Grupo de Ejércitos A – Generaloberst Gerd von Rundstedt.
..
4º Ejército – Generaloberst Günther von Kluge.
..
XV Cuerpo de Ejército – General der Infanterie Hermann Hoth.
..
+ 5ª División Panzer.
+ 7ª División Panzer – Generalmajor Erwin Rommel.
+ 62ª División de Infantería.
..
Seguro que al reparar en el esquema, el lector se ha dado cuenta de un detalle muy curioso. Efectivamente, Rommel en 1940 aún no era tan popular como sí lo sería allá por el año 1944. Todavía no era el Mariscal de Campo Rommel que pasó a los libros de Historia como el conocido “Zorro del Desierto”, cuya figura siempre será recordada como el general que recorrió el norte del continente africano desde Túnez hasta Egipto con sus inmortales Afrika Korps. Aún le restaban proezas militares por realizar, como la que nos atañe hoy: la campaña de Francia.
..
Si algo caracterizó a Rommel fue su maestría a la hora de ejecutar movimientos arriesgados que en numerosas ocasiones le condujeron hacia la victoria. En 1940, veterano de la Primera Guerra Mundial, Rommel era conocedor de que una rápida actuación en el frente podría evitar consecuencias nefastas.
..

Rommel en la Primera Guerra Mundial.
..
Durante la contienda desarrollada entre 1914 y 1918 experimentó en sus propias carnes la tragedia de la guerra de trincheras, por lo que en su mente solamente tenía cabida la idea de avanzar rápido como una flecha, a través del territorio enemigo, para conquistar sus objetivos y prevalecer así sobre sus rivales de un modo eficiente, es decir, sin sufrir bajas elevadas.
..
Hay historiadores que sostienen que el avance de Rommel en Francia superó con creces los movimientos de Patton con sus blindados en años posteriores. Rommel supo sacar óptimos resultados de sus carros de combate y, en comparativa, fue más osado a la hora de tomar decisiones y aceptar riesgos que, finalmente, hicieron que el general alemán obtuviese grandes frutos de cada triunfo. ¡Y eso que apenas contó con dos meses para entrenar a los hombres de su división!
..
Cronología de éxitos.
..
El 10 de Mayo Rommel cruza la frontera de Bélgica y el 12 de mayo de 1940 la 7ª División Panzer alcanza Dinant. Al día siguiente, logra su primera proeza. Cruza el río Mosa pese a que la resistencia enemiga se mostró enconada. Incluso el propio general, aseguran varias fuentes, se metió hasta la cintura en el río para colocar vigas sobre el lecho fluvial donde poco después se tenderían puentes sobre el Mosa; pasarelas esenciales para el tráfico rodado de sus carros de combate. Poco le importó estar bajo el fuego de las armas belgas, él ya sabía lo que era la guerra. Había que asumir riesgos de vez en cuando para alcanzar las metas propuestas.
..

Blindados alemanes cruzan un río gracias al trabajo previo de sus camaradas.
..
Así constató, una vez más, una cita a él atribuida: “Nunca pido a mis hombres nada que yo mismo no pueda hacer”. Poco después, con el general a la cabeza en uno de sus Panzers, el río Mosa quedó a sus espaldas y el resto de la “División Fantasma” cruzó tras él.
..
En una de estas arriesgadas maniobras Rommel estuvo a punto de perder la vida. Su propio blindado resultó inutilizado por las armas antitanque enemigas. Con numerosos soldados franceses a punto de echarle la mano encima, apareció como una racha de aire fresco uno de sus camaradas a lomos de un Panzer. Se trataba del coronel Rothenburg, al mando del 25º Regimiento Panzer, que logró llegar a tiempo para rescatar al general (herido en la cara en esos momentos) y liberarlo de la grave amenaza de caer prisionero o, peor aún, sucumbir bajo los disparos enemigos.
..
El 15 de Mayo de 1940, ya con los vestigios humeantes de algunas posiciones de la inútil Línea Maginot francesa tras de sí, rebasa Philippeville y progresa en dirección oeste a ritmo vertiginoso. Avesnes y Le Cateau también caen en manos alemanas en un abrir y cerrar de ojos. En medio del estruendo de los combates, algunos lugareños confunden a los alemanes con tropas británicas. ¡No puede ser! ¿Los “bárbaros” ya están aquí? ¡Menuda visita inesperada! Muchos huyen a sus casas en busca de protección ante la avalancha germana que todo arrasa a su paso.
..

Movimientos iniciales de la “División Fantasma” del 10 al 26 de Mayo de 1940. (Créditos del mapa al autor).
..
Es durante estas primeras fechas cuando la 7ª División Panzer obtiene su sobrenombre, no es otro que la “División Fantasma”. Rommel, audaz e incluso temerario en algunos momentos de la ofensiva, ordena silencio absoluto en las comunicaciones por radio. Apenas establece contacto con el Alto Mando durante algunos minutos a lo largo de las largas horas de cada jornada repleta de combates, maniobras de flanqueo, progresos insólitos y pausas para las obligadas tareas de reabastecimiento.
..
Si desde las altas esferas se esperaba que Rommel estuviese en un punto en concreto en una fecha concreta, resultaba que, al radiar su posición, no se encontraba allí, sino a varios kilómetros más allá de lo inicialmente planeado. Si se esperaba que la división de Rommel permaneciese a la espera de otras divisiones (su “gemela” durante el avance, la 5ª División Panzer, o incluso la 62ª de Infantería, sus apoyos directos que marchaban a pie o en camiones en el mejor de los casos), semejante idea no cabía en la cabeza del general, quien ya se encontraba varios pueblos más al oeste de lo esperado.
..
No es de extrañar que alguno de sus superiores perdiese los papeles en más de una ocasión. Los preciados blindados de Rommel podrían haber quedado embolsados si el enemigo hubiese ejecutado algún movimiento en pinza a modo de contraataque tras los avances iniciales de la 7ª División Panzer. Rommel solamente pensaba en una cosa… ¡Avanzar, avanzar y avanzar!
..

Imparables, los carros de combate alemanes progresan en suelo francés.
..
Sus carros de combate, que habían recibido la orden de disparar únicamente en posición estática, era otra aberración que Rommel era incapaz de comprender. ¿Había que frenar en seco para apuntar y asegurar el blanco? ¡Imposible! Rommel incumplió la orden una y otra vez. Sus Panzers, que siempre marchaban en cabeza, disparaban en movimiento, como imitando a sus camaradas de la Kriegsmarine (Marina de Guerra alemana).
..
Salvas por doquier. Ráfagas de ametralladora a diestro y siniestro. Cañonazos al frente, izquierda y derecha. Rommel solamente permitía avanzar y pasar por encima del enemigo.
..
Ciudades y pueblos cayeron uno tras otro.
..
Si el objetivo se presumía complicado o precisaba demasiado tiempo para tomarlo y asegurarlo, el general ordenaba movimientos de flanqueo para rebasarlo y, con la complicidad de sus camaradas que marchaban en retaguardia, se aseguraba de no dejar la retaguardia expuesta. Audacia y temeridad combinadas para sorpresa de propios y extraños.
..
Pero el brillante avance debía tomarse un respiro de vez en cuando, como fue el caso de la llegada a Le Cateau, donde Rommel hubo de ordenar el alto ya que parte de su propia división se había quedado rezagada. Se puede hacer el lector una idea de que, muy por detrás, apenas podían seguir su ritmo el resto de divisiones que progresaban por su sector. Solamente la Luftwaffe (Fuerza Aérea alemana), que brindaba vital apoyo sobre sus cabezas, eran los únicos capaces de acompañar el intrépido camino trazado por los Panzers.
..

Un blindado alemán pasa al lado de los restos humeantes de un carro enemigo.
..
Llega el 21 de Mayo de 1940.
..
Rommel llega a Arras. Allí le aguarda una desagradable sorpresa. Un regimiento blindado británico contraataca con peligrosa furia, ya que se saben entre la espada y la pared. Si no lograban detener el avance germano, pronto se verían nadando hacia Inglaterra. Pese a la presencia de los cañones alemanes Flak 8,8 cm., conocidos como “asesinos de tanques”, los británicos se defendieron como gato panza arriba. No les quedaba otra opción: resistir o morir.
..
Durante sucesivos días caen más localidades en manos germanas, como fue el caso de Landrecies, Pommereuil (que cambió de manos un par de veces antes de ser controlado finalmente por los alemanes), Berlimont (cuyo puente, intacto, resultaba vital para el avance de la Wehrmacht), Cambrai (que parecía reclamar su protagonismo en la Historia una vez más en unión a los carros de combate; allí, en la guerra anterior, se pudo presenciar la primera gran batalla donde los tanques fueron los protagonistas absolutos, aunque no llegasen a cosechar los éxitos que Rommel iba consiguiendo en 1940), Arras (ubicación donde, por primera vez, el general alemán se enfrentó a las tropas británicas) y Vis-en-Artois (donde varios de los tanques de vanguardia de la división de Rommel fueron destruidos y él mismo permaneció rodeado y bajo fuego enemigo durante largas horas hasta que pudo esquivar la muerte, una vez más, por los pelos.
..
En cierta ocasión, Rommel, en compañía de otro oficial, estudiaba un mapa con detenimiento. Ajeno al peligro incesante, de pronto un fragmento de metralla silbó a escasos centímetros de él. El metal incandescente segó la vida de su camarada en el acto. No era la primera ocasión en la que Rommel presenciaba la muerte de un compañero de armas a corta distancia.
..
El listado de pueblos y ciudades capturados parecía no conocer fin en aquellas fechas.
..

La infantería alemana, bajo el fuego enemigo, cruza el Mosa a bordo de lanchas inflables.
..
Nuevo flirteo con la muerte.
..
El 29 de Mayo recibió la orden de tomarse un descanso una vez hubo consolidado posiciones en los alrededores de Arras. Los combates habían sido exigentes en algunos tramos de la campaña de Francia y el Alto Mando pretendía que Rommel estuviese en óptimas condiciones para obtener futuros progresos camino de la costa francesa.
..
Movido por su innata curiosidad, Rommel decidió hacer un pequeño “tour” en automóvil y visitar así la ciudad de Lille. Tamaña sorpresa la que se llevó el general, ya que una vez penetró en sus calles, pudo comprobar en persona que la ciudad aún estaba atestada de tropas francesas e inglesas. Mayúscula sorpresa la de sus enemigos, que en primer término no reconocieron o no pudieron creer que ante sus ojos tenían al que, años después, sería conocido como el “Zorro del Desierto”. Gracias a la sangre fría del general, que dio media vuelta y salió de allí como alma que lleva el diablo, pudo salvar la vida de milagro. O, lo que hubiese sido peor para él, caer en manos del enemigo.
..
A fecha de hoy, quien escribe este artículo, aún no ha sido capaz de dilucidar qué razón puso en peligro en más de una ocasión a Rommel: bien su osadía en combate al empeñarse en dirigir a sus hombres en primera línea en numerosas ocasiones, o bien su curiosidad extrema (cabe citar que el general era un gran aficionado a la fotografía; casi siempre portaba con él una cámara de fotos para retratar todo aquello que llamaba su atención o pretendía dejar constancia gráfica para la posteridad).
..

Fotografía tomada por el propio Rommel, testigo de excepción de la guerra en primera línea.
..
Pocos días después del peculiar sobresalto, la 7ª División Panzer de Rommel es reclamada para volver a operar en el frente. Atrás habían quedado los angustiosos días de la “Operación Dynamo” (26 de Mayo al 4 de Junio) mediante la cual los aliados habían sido capaces de evacuar rumbo a Inglaterra a unos 300.000 soldados británicos, belgas y franceses.
..
Hitler, mediante una orden inconcebible para muchos oficiales del Alto Mando alemán, había permitido el escape de su enemigo una vez éste estaba derrotado. ¿Fue una mano tendida para firmar la paz con Inglaterra? ¿Acaso fue una maniobra surgida de un impulso eufórico al verse claro triunfador de la campaña de Francia y, tal vez, de la Segunda Guerra Mundial en aquel año de 1940? Mucho me temo que es una cuestión que aún dará mucho juego entre los historiadores.
..

Rommel retratado con su inseparable cámara.
..
Con los franceses de rodillas, a punto de sucumbir, y los británicos prácticamente fuera del teatro de operaciones, una división de soldados escoceses osó plantar cara a los blindados de Rommel. Se trataba de la 51ª División “Highland”.
..
Sus integrantes se habían retirado hacia el oeste en medio de fieros combates hasta alcanzar las inmediaciones de Saint-Valéry, al norte de Rouen, con la intención de embarcarse rumbo a Inglaterra. Esta vez Rommel debía impedirlo.
..

Movimientos de la 7ª División Panzer a partir del 5 de Junio de 1940.
..
El 8 de Junio Rommel pisa los arrabales de Rouen y, jornadas después, el día 10 concretamente, tras rebasar Ivetot, alcanza el Canal de la Mancha entre Fécamp y Saint-Valéry (no muy lejos de Dieppe). Contraataques temerarios trataron de impedir el arrollador avance de las tropas de Rommel. Huelga decir que jamás lograron su objetivo, ya que el general y sus hombres pudieron respirar el aire de la costa a lomos de sus temidos Panzers.
..
Saint-Valéry se presentaba entonces como el valioso objetivo a tomar, pues allí se ubicaba el Cuartel General de Fortune, el general al mando de la 51ª División escocesa. Los bravos soldados escoceses se sabían atrapados, sin apenas oportunidad de escapar de aquel cerco mortal tendido por la 7ª División Panzer. La brutalidad de los combates habla por sí sola al citar las palabras del propio Rommel: “El enemigo se batió desesperadamente, primero con su artillería y sus armas antitanque, luego con sus ametralladoras y sus armas ligeras; el combate fuer particularmente encarnizado en torno a Le tot y la carretera de Saint-Sylvain a Saint-Valéry”.
..

En las afueras de un pueblo, infatigable, la infantería alemana da soporte cercano a los blindados de la “División Fantasma”.
..
Si alguien a estas alturas cree que Rommel dio un paseo triunfal por Francia durante la campaña de 1940, no puede estar más equivocado. Entre otras ocasiones donde las cosas se pusieron feas para el general, los combates en los alrededores de Saint-Valéry merecen especial atención, ya que los escoceses fueron, tal vez, ante quien más dificultad halló para cumplir con sus objetivos.
..
Rommel instó a la rendición al general Fortune, quien rechazó la oferta ya que estaba decidido a que sus hombres embarcasen rumbo a Inglaterra. La artillería alemana no concedía tregua a la hora de impedir la labor, pero mucho menos los escoceses, quienes se batieron con dureza para permitir que algunos camaradas lograsen huir de aquel infierno. Un infierno en el que Rommel se vio obligado a involucrar a toda su división para reducir aquel inesperado foco de resistencia.
..
Finalmente, y no sin invertir largas horas y mucho esfuerzo, además de numerosos recursos, la 7ª División Panzer de Rommel pudo tomar Saint-Valéry. El puerto quedó destrozado, la localidad repleta de barricadas humeantes y sus calles atestadas de cadáveres destrozados por el intenso cañoneo. Allí, Rommel hizo unos 12.000 prisioneros, entre los que se encontraban, además del general Fortune, otros altos oficiales franceses. El botín de guerra fue cuantioso: más de 50 tanques, casi 100 cañones de distintos tipos, más de 350 ametralladoras, miles de fusiles y más de un millar de camiones.
..
Aquel episodio quedó grabado en la memoria de Rommel, quien evocó en sus pensamientos en más de una ocasión al general Fortune. Incluso habló de él a su mujer y a su hijo Manfred, a quienes retrató al oficial como un valeroso jefe de división que se había negado a ser repatriado ya que él mismo se hallaba muy comprometido con sus hombres (tanto en libertad como en el cautiverio). Sin duda, dos oficiales que, pese a pertenecer a distintos bandos, se admiraban mutuamente.
..

Rommel y Fortune, ya cautivo este último de los alemanes en la localidad de St. Valéry.
..
Aquellos duros combates fijaron la recta final en la campaña de Francia. Apenas unos días después, el 17 de Junio, la 7ª División Panzer alcanzaba las inmediaciones de Cherburgo, al norte de la península gala de Cotentin; ciudad que, dos jornadas después, se rendía de forma incondicional al general Rommel.
..
Llegado el 25 de Junio, tras 46 días de combates en los que el oficial alemán dejó una impronta eterna en la Historia, la campaña de Francia tocó a su fin. Francia capituló tras 46 días de lucha. ¡Quién hubiese imaginado semejante escenario allá por 1918 cuando concluyó la anterior guerra!
..
Rommel, soldado excepcional.
..
Solamente soldados como Rommel, comprometidos con sus hombres y con la fe ciega en la victoria, son capaces de tornar situaciones límite en éxitos rotundos. Los resultados de la 7ª División Panzer, la “División Fantasma”, se deben tener muy en cuenta: hicieron casi 100.000 prisioneros y capturaron una ingente cantidad de material. En cuanto a las bajas propias experimentadas por la “División Fantasma”, cabe mencionar que no llegaron al millar los hombres que perdieron la vida bajo sus órdenes (unos 700), otros 1.700 resultaron heridos y, por último, 250 alemanes fueron dados por desaparecidos.
..
Las cifras tal vez podrían haber sido mucho mayores (en bajas propias, prisioneros enemigos y botín de guerra) si la velocidad del avance que Rommel exigió a sus hombres hubiese sido menor. ¿Y qué pasó con sus tanques? Unos 40 resultaron destruidos o fueron declarados irrecuperables para la batalla (modelos Panzer I, II, III y IV; entonces, los míticos Panther y los Tiger aún eran una idea en la mente de sus creadores). No está nada mal para ser la primera vez que se le confiaba una División Panzer a Rommel.
..

Carristas alemanes en una pausa durante los combates.
..
Pero, tal vez, los éxitos que ahora podemos contrastar en los libros de Historia, seguro, mostrarían otra realidad si las decisiones tomadas por el general hubiesen adolecido de esa brillantez y agilidad que le caracterizaron en vida.
..
A modo de conclusión, cabe recordar que Rommel, cuyos orígenes de tinte humilde, no parecían encajar con la cuna noble de la que procedían numerosos oficiales prusianos coetáneos, que pese a ser compañeros de armas en la Wehrmacht, siempre habían visto al futuro “Zorro del Desierto” como alguien distinto, diferente, que no encajaba con la “vieja escuela” del generalato germano.
..
Tal vez por esta razón, muchos alemanes (y no alemanes) consideraban a Rommel como un héroe, un general del pueblo, alguien en quien depositar su admiración y confianza. Al fin y al cabo, Rommel era un militar vocacional que desde temprana edad había sentido correr por sus venas la llamada del camino castrense, que había luchado por Alemania en la Primera Guerra Mundial y que, en 1940, también había entrado en combate para luchar por su país, como tantos otros militares de medio mundo hicieron durante la segunda gran contienda del siglo XX.
..

Rommel, cámara en mano, en 1940.
..
¿Qué deparaba la Historia al general Rommel?
..
Si el lector ha disfrutado de esta nueva entrega de “Curiosidades bélicas”, donde ha podido acompañar a la “Gespensterdivision” del general Rommel durante su periplo por tierras galas, pronto podrá hacerlo a través del desierto africano con sus Afrika Korps. Un episodio histórico al que desde estas líneas le animo a que comience a profundizar, si es que no lo ha hecho ya.
..
Entre tanto, le invito a que amenice alguna lectura sobre las tropas de Rommel en compañía de dos bandas musicales que a través de sus letras relatan las hazañas de la “División Fantasma”. Hablo del grupo holandés Hail of Bullets y su tema “DG-7” y también de la banda sueca Sabaton y uno de sus himnos clásicos titulado “Ghost Division”.
..
Si el estruendo de los motores de aquella 7ª División Panzer le pareció atronador, prepárese a la hora de escuchar a estas formaciones que no dudan en hacer rugir sus guitarras eléctricas.
..

Rommel, héroe a ojos de amigos y enemigos.
..
Suba el volumen, imagínese a lomos de un Panzer, y… ¡Disfrute!
..
¡Comparte si te gustó!
..
Ⓟ y Ⓒ Daniel Ortega del Pozo

CURIOSIDADES BÉLICAS #9: Uno contra miles. La bestia de Omaha.

En la entrega de esta semana de “Curiosidades bélicas” nos trasladamos al año 1944, en concreto al día 6 de Junio. Seguro que el lector aficionado o no a la Segunda Guerra Mundial sabe de sobra que esta fecha fijó un hito en la cronología de la contienda más salvaje conocida por el ser humano. Hablo, ni más ni menos, que del Día-D. El Desembarco de Normandía.
..
Nos hallamos al norte de Francia, en la región de Normandía, donde Heinrich Severloh sirve en la Wehrmacht (Ejército alemán), concretamente en la 352ª División de Infantería. El joven soldado, para cuyo vigesimoprimer cumpleaños apenas restan dos semanas, duerme plácidamente a la espera de las órdenes de algún superior.
..
¿Quién es Heinrich Severloh?
Severloh no es ningún novato. Fue incorporado a filas el mes de Julio de 1942 y ya al mes siguiente fue destinado a un regimiento de artillería, en Francia, donde comenzó a cumplir sus servicios como mensajero. Apenas contaba con 19 años. Pero poco duró para él la relativa tranquilidad de las tierras galas, ya que a finales de ese mismo año fue enviado al frente ruso. ¡El frente ruso! Nadie en su sano juicio gustaría pisar por allí. Y mucho menos cuando las cosas pintaban tan mal para la Wehrmacht en Rusia. Recordemos que, a finales del año 1942, el Ejército alemán se desangraba entre las ruinas de Stalingrado y el Ejército Rojo acababa de lanzar un poderoso contraataque que selló el destino de la guerra.
..
Sí, allí, en la lejana Rusia, es donde se hizo la guerra de verdad.

Heinrich Severloh.
..
En aquel escenario de pesadilla, pese a que nuestro protagonista estaba en retaguardia, en una sección de transportes, llegada la primavera de 1943 fue destinado a una unidad disciplinaria por haber deslizado ciertas opiniones en contra de la guerra e incluso algunas que hacían alusión a los dirigentes de Alemania. Semejantes penurias en la unidad de castigo le pasaron factura. Hubo de ser ingresado un hospital para recuperarse de las consecuencias de aquel cruel servicio; las compañías disciplinarias alemanas no eran ninguna broma. Precisó seis meses de convalecencia. Incluso llegó a arrastrar algunas secuelas durante toda su vida.
..
Por suerte, ya recuperado de sus dolencias, pudo disfrutar de algunas jornadas de descanso en compañía de su familia, humildes gentes de campo cuya granja suponía su único medio de vida.
Invierno de 1943.
..
Al concluir su permiso, Heinrich pasó por un breve periodo de instrucción en Brunswick, Alemania, antes de ser enviado de vuelta a tierras francesas. Debido a que era un soldado cuya salud no presentaba óptimas garantías para servir en el frente, se le relegó a un destino más liviano. Llegó entonces a la 352º División de Infantería, desplegada en Normandía. Esta división tenía el cometido de vigilar aquel sector y mantenerse alerta ante cualquier eventualidad que se presentase en las costas que defendían sus integrantes.
..
En comparación con el frente ruso… ¡Menudas “vacaciones”!

Emblema de la 352ª División de Infantería alemana.
Llegó la primavera de 1944.
..
Y con ella, acompañada por las olas que con suavidad acariciaban las soleadas playas de Normandía, los rumores de la inminente invasión aliada.
..
Aquella cuestión era un secreto a voces. Todo el mundo esperaba el desembarco encabezado por los norteamericanos, británicos y canadienses. Si la cuestión en su forma resultaba evidente, el fondo se presumía más complejo: ¿dónde se produciría el desembarco? Mientras en el Alto Mando alemán unos apostaban por la opción más lógica, el paso de Calais, donde una estrecha porción de mar separaba Francia de Inglaterra, otros se decantaban por la opción más osada, la de Normandía. Pero, ¿quién dentro de sus cabales sería capaz de perpetrar semejante plan? Rommel, el mariscal de campo alemán, lo vaticinó. Y así se materializó semanas después.
..
A tal fin esbozó un plan defensivo que consistía en frenar a los aliados en las playas en las primeras 24 horas. De no ser así, con total seguridad, los invasores podrían llegar a establecer una o varias cabezas de puente sobre suelo francés. Pese a sus intentos y exigencias para reforzar con todos los recursos posibles las playas normandas, Rommel tuvo que hacer auténticos milagros para establecer una línea defensiva lo más sólida posible que pudiese contener la presumible ofensiva enemiga. El tiempo corría en su contra, los escasos recursos también, y así lo ha demostrado la Historia.

El Mariscal de Campo Erwin Rommel visita las posiciones defensivas en Normandía antes de la invasión aliada.
6 de Junio de 1944.
..
Allí estaba Heinrich, que ya lucía el grado de Gefreiter (cabo), frente a la inmensidad del mar, en el interior de uno de tantos puntos fuertes diseminados por la costa normanda. Su posición, denominada Widerstandsnester 62 – WN62 (Nido de Resistencia 62), se hallaba no muy lejos de Colleville-sur-Mer (donde hoy, muy cerca, podemos encontrar el conocido cementerio americano de Normandía).
..
El Nido de Resistencia 62 de Severloh, situado en un promontorio que oscilaba entre los 25 y 50 metros de altura sobre la playa, resultaba una posición perfecta para batir con su ametralladora todo cuanto se presentase ante ella. Desde allí dominaba un sector de playa clave, el que permitía el paso hacia la citada población de Colleville-Sur-Mer, por lo tanto los esfuerzos de fortificación en aquel punto habían sido un poco más intensos. Ante sus ojos divisaba el ir y venir de las olas hacia la orilla, que, en función de la marea, variaba entre los 150 y los 550 metros aproximadamente.
..
Rodeado por una fosa antitanque, alambre de espino, minas, casamatas, fortines e incluso un pequeño búnker, Heinrich se sentía más o menos seguro allí dentro, arropado por un par de cañones de 75 mm., dos ametralladoras MG-42 (una de ellas estaba bajo su responsabilidad) y algún que otro mortero de calibre medio. En total, unos 30 soldados se disponían en aquel emplazamiento dispuestos a defender su sector. Pero no estaban solos, a lo largo de la playa, otros puntos fortificados semejantes al suyo se diseminaban de este a oeste por toda la costa normanda.

Ametralladora MG-42 alemana.
El único pensamiento que rondaba la mente de Severloh y sus camaradas no era otro que: ¿cuándo llegará el enemigo?
..
Él sabía que su puesto de combate no era invulnerable, incluso era consciente de que un simple cañonazo disparado desde un buque podría hacer saltar por los aires toda la posición. Otra amenaza la presentaba la infantería que pudiese llegar a desembarcar en su sector de playa. Si por cualquier motivo él y sus compañeros llegasen a verse rebasados o flanqueados por los soldados americanos, en cuestión de minutos podrían ser aniquilados como cucarachas.
..
Primeras horas del Día-D.
..
Líneas atrás habíamos dejado a Heinrich plácidamente dormido a la espera de órdenes. Pues estas órdenes no tardan en llegar. Pasada la medianoche, el Teniente Frerking, anuncia lo que todo el mundo esperaba: ¡La invasión ha comenzado! ¡Todo el mundo a sus puestos!
..
Con los primeros rayos de sol en el horizonte, varios aviones aliados sobrevuelan las playas y no tardan en dejar caer su carga mortífera. Debido a la poca visibilidad, las bombas caen varios cientos de metros por detrás de las playas. Los alemanes suspiran aliviados, la lluvia de muerte ha ido a parar no muy lejos de allí.

Soldados alemanes vigilan el frente.
A eso de las 6 de la mañana, algunos soldados alemanes aún somnolientos, abren los ojos como platos al ver en el horizonte las primeras lanchas de desembarco. ¡Ahí llegan!
..
Efectivamente, la playa defendida por Severloh y sus camaradas no es una excepción. Sin ellos saberlo, se encuentran en un punto clave, la conexión de dos sectores trazados en los mapas angloamericanos. Se trata del sector “Easy Red” (al oeste de la posición de Heinrich) y el sector denominado en clave “Fox Green” (al este). Allí deben confluir las primeras avanzadillas enemigas para, una vez consolidado el terreno, abrirse camino tierra adentro. Pero esa idea inicial está a punto de irse al traste. No cuentan con lo que está a punto de hacer Severloh. Ni él mismo lo sabía.
..
Entre tanto, no muy lejos de Heinrich, desde su búnker el teniente Frerking orienta los disparos de la artillería hacia las embarcaciones enemigas que aparecen cerca de la costa. A través de la radio, dirige los obuses que, desde retaguardia, disparan varias piezas artilleras de 105mm. ubicadas en las inmediaciones de Houtteville.
..
La confusión es total. Decenas de soldados alemanes corren a sus puestos para comenzar a repeler la invasión aliada. Tal es así que, en las primeras horas de combate, miembros de la 352ª División de Infantería se entremezclan con integrantes de la próxima 716ª División de infantería alemana.

Soldados alemanes reamunicionan una MG-42.
Frerking, consciente de la crítica situación, ha dado una orden clara a Severloh: “Dispara únicamente cuando los soldados enemigos tengan el agua a la altura de las rodillas”. Y a fe que lo hizo con extremada pericia. Para ello había sido adiestrado.
..
Con el dedo soldado al gatillo, comienza a barrer la playa de izquierda a derecha una y otra vez. Su cara, pegada a la culata de la MG-42 que maneja, vibra sin para con cada detonación de la devastadora arma; letal máquina de muerte capaz de efectuar 1.200 disparos por minuto.
..
Las primeras figuras verdosas comienzan a caer horadadas por las balas sobre la arena del sector de playa que defiende. Entre explosiones, el humo que recorre el lugar y la brisa cargada de humedad que procede del mar, el dulzón olor a muerte comienza a dominar aquel escenario de pesadilla.
..
Severloh dispara sin cesar, sabe que si no lo hace, él y sus camaradas sucumbirán bajo el plomo enemigo. Situación crítica. Más y más oleadas de soldados americanos llegan a las playas. Incontables lanchas de desembarco vomitan hombres sobre la arena ya teñida de rojo. Algunas de estas lanchas vuelan por los aires al estallar una mina trampa bajo su estructura. Otras quedan hechas añicos al recibir un morterazo o bien al encajar un obús de la artillería alemana. Incluso algunas, nada más abrir sus respectivas rampas, reciben las certeras ráfagas de la ametralladora de Severloh, que en un abrir y cerrar de ojos extermina a todo soldado que hasta allí es transportado. Muchos de ellos no han tenido la oportunidad de efectuar un único disparo.
..

Rifles Kar-98.
..
Heinrich ha perdido la cuenta. Ya no sabe cuántos soldados ha matado o herido. Ni siquiera le da tiempo a pensarlo. Su mayor preocupación es que uno de sus compañeros cambie el cañón de su ametralladora. La pieza esencial de la MG-42, al rojo vivo de tanto disparar, debe ser reemplazada cada cierto número de disparos. En caso contrario, podría quedar inutilizada. Entre tanto, Severloh tiene que hacer uso de su rifle Kar-98 para tratar de contener a los americanos, cada vez más cerca.
..
Alternando la MG-42 y su Kar-98, Heinrich defiende la posición durante toda la mañana. Uno tras otro, sus camaradas caen heridos, mueren e incluso abandonan el lugar presa del pánico. Sus disparos atruenan en la playa. Se cuentan por cientos los soldados que ha abatido durante aquellas primeras horas del 6 de Junio de 1944. Incontables cuerpos, tendidos sobre la arena, son testigos mudos de su devastadora pericia con la MG-42.
..
Los estadounidenses se aproximan a su posición a paso lento, pero firme. Un reguero de muertos, heridos y moribundos salpica la playa allí donde se mire. Aullidos de dolor, explosiones, silbidos de balas se entremezclan para configurar un infierno sobre la tierra.
 ..
Abrumados por el ataque aliado, los defensores alemanes luchan a la desesperada en un vano intento por repeler la invasión. Algunos observan el horizonte, más allá de las playas, repleto de buques de guerra y lanchas de desembarco que no paran de vomitar hombres y más hombres sobre las playas. Carnicería absoluta.
..

Un soldado alemán recarga su Kar-98.
Heinrich, en más de una ocasión, debe correr al cercano búnker en busca de protección ya que las granadas americanas estallan demasiado cerca de su posición. Tal es así que una de ellas inutiliza la otra MG-42 que disparaban otros compañeros. Otro en su pellejo ya hubiese corrido de allí como alma que lleva el diablo.
..
Pero no es el caso de Severloh, que apenas ya con un puñado de compañeros en pie y el teniente Frerking aún en pie para dar órdenes, regresa a su puesto para seguir cumpliendo las órdenes de un oficial al que, según sus propias palabras, considera “honorable”. Él no está allí para luchar por el Führer en una guerra que da por perdida, él está allí para luchar por su vida y defender la de sus camaradas.
..
Primeras hora de la tarde.
..
Llegadas las 15:00h. de aquel 6 de Junio de 1944, el panorama se presenta realmente mal para Severloh y los demás. Incluso Frerking, tras comprobar que su posición está comprometida ya que los americanos flanquean la posición, resuelve ordenar la retirada. No existe otra alternativa. Resistir en semejante situación equivale al suicidio. Hombre de 32 años, aguerrido y experimentado, obliga a los pocos hombres que le restan a que abandonen la posición (apenas dos, Heinrich y el soldado que le ayudaba a reemplazar los cañones de su MG-42). Severloh obedece y sale a la carrera tierra adentro en busca de la salvación. Salta de cráter en cráter y corre a campo abierto con los pulmones a punto de estallarle. La carrera por la supervivencia es demencial.
..

Teniente Frerking.
Llegado a cierto punto vuelve la vista para comprobar qué ocurre con su superior. Pero en sus retinas quedará grabada para siempre una imagen desgarradora. Mientras el teniente Frerking, el último en desalojar el WN-62, corre hacia una posición segura, un soldado americano le dispara por la espalda y, tras recibir un balazo en plena cabeza, cae de bruces contra el suelo. Jamás se levantó de allí. Tampoco lo haría el estadounidense, que poco después también perecería en suelo normando.
..
Severloh, incrédulo, acaba de presenciar la muerte de su superior a varios metros de distancia. Sobre el terreno yace inmóvil al hombre por el que luchaba, un buen oficial al que jamás había pretendido abandonar. Siempre había mostrado fidelidad hacia él. Pero ahora todo se presentaba bien distinto. Había que huir de allí para salvar la vida. No quedaba otro remedio. Y así lo hizo muy a su pesar. Correr o morir. Esa era la disyuntiva.

Al fondo, en la parte superior izquierda de esta imagen, se ubica el supuesto emplazamiento de Severloh. En primer término, soldados norteamericanos desembarcan en la playa Omaha.
¿Qué fue de Heinrich Severloh?
..
A día de hoy sabemos que el joven soldado, parapetado tras su MG-42 en aquel promontorio que dominaba su sector de playa en Normandía, efectuó más de 12.000 disparos con su ametralladora. Una cantidad que tal vez se quede corta ya que, si esos 12.000 cartuchos eran los que disponía como dotación al inicio de la jornada, bien pudieron verse aumentados al transferirse a su puesto la munición de la otra MG-42 inutilizada e incluso cabe tener en cuenta que también pudo hacerse llegara a su puesto algunas cajas de munición adicionales.
..
Por su parte, al tiempo que su compañero reemplazaba el cañón de su ametralladora, tuvo que hacer uso de su Kar-98, con el que se conoce disparó más de 400 cartuchos.
..
Durante aquellas nueve horas críticas en las que no abandonó su puesto, y tenida en cuenta la munición empleada, cabe citar que el número de bajas que ocasionó entre las filas enemigas ascendió a más de 1.000 (entre muertos y heridos). Hay quien eleva la cifra a 2.000, pero tal vez resulte un tanto abultada, ya que en la playa de Omaha los norteamericanos contabilizaron un total de 3.000 bajas (dato que no excluye a Severloh como el mayor causante de bajas de aquel día entre las tropas que desembarcaron en la playa de Omaha). El caso es que, dada su enconada labor defensiva, a partir de aquel día Heinrich Severloh ha pasado a los libros de Historia con el nombre de “La Bestia de Omaha”. No es para menos…
..
Severloh, ya en las primeras horas del día 7 de Junio, es decir, el Día-D +1, fue herido en la cadera, sin revestir gravedad su herida, por lo que se le encomendó la labor de custodiar a varios prisioneros norteamericanos camino de las líneas alemanas. Uno de aquellos prisioneros le preguntó cuándo iban a ser fusilados, cuestión a la que Severloh le respondió con firmeza: “Nadie va a ser fusilado”. Él y muchos en su división lo tenían claro, semejante acción traería la deshonra a su unidad. Impensable hacerlo.

Severloh, años después de la batalla, visita el cementerio americano en Colleville-sur-Mer.
Durante el repliegue con otros compañeros de su división y los prisioneros, fue sorprendido por patrullas americanas y, tras un breve tiroteo, no quedó otra opción que rendirse. La guerra había terminado para él. Solamente habían sobrevivido dos hombres de un total de treinta de los que aquella jornada del día 6 habían recibido la orden de defender el Nido de Resistencia 62. Severloh y el cabo Gockel. Entre ambos apenas sumaban 40 años.
..
A lo largo de sus años de cautiverio, peregrinó por varios campos de prisioneros entre Estados Unidos e Inglaterra, donde se vio obligado a realizar trabajos forzados. Años oscuros en los que jamás reveló su papel durante la defensa de la playa Omaha a sus captores, pues las consecuencias para él hubiesen sido terroríficas. Ya en 1947, gracias a la petición cursada por su padre, regresó a su granja, donde hubo de reincorporarse a las labores del campo de inmediato dada la avanzada edad de su padre.
..
Su adiós a este mundo.
..
Heinrich Severloh falleció a la edad de 82 años en Lachendorf, Alemania, en tiempos de paz, tiempos bien distintos a los de su juventud, donde la brutalidad que hubo de experimentar le acompañó hasta sus últimas horas.
..
Una imagen bien distinta a la de aquel joven soldado me viene a la mente tras evocar su historia aquel brutal día del 6 de Junio en las playas normandas. Recuerdo que, hace años, leí su breve biografía en uno de tantos libros que atesoro sobre la batalla. Pero también recuerdo un documental donde Severloh, ante la cámara, se mostraba como un anciano, con grandes gafas presidiendo un rostro de frente despejada, surcado por numerosas arruga y en cuya barbilla destacaba un hoyuelo característico.

La Cambe. Cementerio militar alemán en Normandía.
Pero, sobre todo, recuerdo su mirada al narrar ante la cámara su experiencia vivida aquella mañana. Mirada abatida, dolorida por el mal causado a sus semejantes, a otros jóvenes de edades similares a la suya en aquel año de 1944. Mirada que, tal vez, abogaba por el perdón de aquellos a quien se había visto obligado a matar, dado que aquella jornada, disparabas o te disparaban, no existía cabida para otras alternativas.
..
Heinrich Severloh, la “Bestia de Omaha”, ha pasado a la Historia como el defensor más enconado de aquel sector de las playas normandas. En concreto la playa Omaha. Un muchacho que, contra todo pronóstico, infligió cientos de bajas al Ejército estadounidense arropado por un caos ensordecedor.
..
Tuvieron que pasar 40 años para que, por fin, Severloh contase su versión de los hechos a la prensa. Incluso llegó a participar en varios documentales sobre la batalla donde se relataba su aportación a la defensa de su sector de playa. 40 años de remordimientos que, acompañados por otros tantos hasta el día de su defunción, le consumieron por dentro, repletos de pesadillas, traumatizado por la demencial experiencia vivida durante la guerra. Tal vez aquel fue el precio que demandaban sus víctimas una y otra vez.
..
Lo que sí resulta cierto es que a Severloh jamás le desapareció de la mente la primera de ellas. Un muchacho vestido de verde, sobre la playa, que corría en busca de un lugar donde protegerse. Sonó un disparo y el joven norteamericano se desplomó sobre la arena. Su casco rodó a sus pies y la sangre comenzó a teñir la arena de color escarlata. Aquel anónimo soldado visitó sus sueños una y otra vez. Imagen imborrable que le atormentó durante décadas.
..

Tumba del teniente Frerking.
¿Llegó Severloh a expiar sus remordimientos?
..
Para ello recomiendo que el lector profundice en esta cuestión ya que, un capellán castrense que participó en la batalla (el padre Silva), y que recibió tres balazos aquel 6 de Junio (tal vez alguno de ellos por parte de Severloh), se reunió con el protagonista de esta entrega años atrás para simbolizar una reconciliación durante uno de los aniversarios del desembarco de Normandía.

El padre Silva (izda.) y Severloh (dcha.) simbolizan en Normandía la reconciliación años después de la batalla.
..
Severloh. Un joven granjero que pasó a los anales de la Historia como “La Bestia de Omaha”. Para unos un carnicero, para otros un soldado que se limitó a cumplir con su deber en medio de una situación desesperada.
..
A modo de conclusión, me quedo con algunas de sus propias palabras: “¿Saldría vivo de allí? Yo no quería estar en la guerra. Yo no quería estar en Francia. Y no quería estar disparando con una ametralladora a chavales de mi edad”.
..
¿Qué hubieses hecho tú en su lugar aquella mañana del 6 de Junio?
..
¡Comparte si te gustó!
 . .
Ⓟ y Ⓒ Daniel Ortega del Pozo

CURIOSIDADES BÉLICAS #8: Jasper Maskelyne. Magia al servicio de su Majestad.

Imagínese que, por azares del destino, termina delante de una mesa de reclutamiento del Ejército Británico poco después de estallar la Segunda Guerra Mundial. Si en primera instancia tratamos de trazar un perfil de soldado, seguro que al lector se le pasa por la mente la figura de un joven entusiasta con ganas de acción y aventuras, tal vez con cierto patriotismo corriendo por sus venas, e incluso con un sentido del deber bien arraigado en sus entrañas.
..
Pues bien, en el caso que nos atañe, más bien sucedió todo lo contrario. En esta entrega de “Curiosidades bélicas” relataré las peculiares hazañas de Jasper Maskelyne, nacido en Londres en 1903. Por tanto, a la hora de visualizar a este soldado, nos tenemos que meter en la piel de alguien que rozaba los cuarenta años. Menuda sorpresa, ¿no es así? Pues aún no hemos empezado con su periplo bélico...
Dicen que el ingenio se lleva en los genes.
..
Pues así pareció confirmarlo Jasper desde su juventud. Nieto de John Nevil Maskelyne, ilusionista e inventor, responsable de la firma de máquinas de escribir Maskelyne, Jasper destacó en el mundo de la magia desde su juventud y consolidó su carrera en años sucesivos. Ya en los años 40 era un reputado ilusionista en Inglaterra.

Jasper Maskelyne.
Una vez se desató la guerra, decidió presentarse voluntario para combatir en las filas del Ejército Británico contra la Alemania de Adolf Hitler. En un principio no lo tuvo fácil, ya que, dada su edad, no reunía el perfil adecuado para servir en las filas británicas.
..
Pero él no se rindió y consiguió acceder al Ejército tras demostrar su valía en el arte de la magia. ¿Cómo? Muy sencillo. A la pregunta de: ¿Qué puede aportar usted al Ejército?, él respondió: “Puedo ocultar cosas”.
..
Y así fue. Entre otros trucos, pudo hacer desaparecer de la vista varias ametralladoras ante la perpleja mirada de los oficiales y suboficiales que evaluaron sus aptitudes para incorporarse a las filas de su Majestad.
..
En algún momento aseguró: “Si puedo engañar a unos espectadores a pocos metros, puedo perfectamente engañar a los alemanes a cientos de millas”. La oficialidad no lo dudó. Poco después, era admitido para combatir contra los alemanes.

John Nevil Maskelyne.
El Cairo. Primavera de 1941.
..
Su primer destino documentado cerca del frente nos sitúa a Jasper en El Cairo, Egipto, en concreto en la “Unidad de Camuflaje”. Esta unidad no era nueva, ni mucho menos. Ya había cosechado ciertos éxitos durante la Primera Guerra Mundial. Uno de sus logros más notables fue la de confundir a los submarinos alemanes que acechaban a los convoyes aliados que circulaban por el mar desde América hasta Gran Bretaña.
..
En aquel entonces, alrededor de 1916, Norman Wilkinson tuvo la ingeniosa idea de “decorar” los barcos mercantes que surcaban el Atlántico con un ingenioso sistema de pintado. Dazzle Camo o Razzle Dazzle es como se bautizó aquella técnica que consistía en “disfrazar” a los barcos. Aquella técnica consistía en eliminar los perfiles de los barcos para engañar a los submarinos enemigos; a través de la pintura se desfiguraba la silueta original de los barcos que, vistos a lo lejos, de lado, parecían navegar de proa. Ingenioso sin duda alguna.

Muestra de un barco “decorado” con Dazzle Camo.
Jasper Maskelyne recibió la orden de ponerse en marcha de inmediato. El Ejército Británico se hallaba en una situación crítica en su lucha contra los alemanes y los italianos a su llegada al norte de África. Rommel, al frente de sus Afrika Korps, suponía en ese momento un serio quebradero de cabeza para los británicos, cuyo destino parecía sellado al encontrarse los germanos a las puertas de la victoria en el continente Africano.
..
Jasper, por tanto, conformó a toda velocidad su “Banda Mágica” (Magic Gang), consistente en unas 400 personas, entre las que se contaban dibujantes, carpinteros, maestros vidrieros, ceramistas, gente del mundo del teatro y la escenografía. Si hubiese que destacar a alguien dentro de esta “Banda Mágica”, los méritos se los llevaría el propio Maskelyne, pero no sería justo dejar en el olvido a su “mano derecha”, un escenógrafo de teatro que le ayudó en sus trucos más exitosos.
..
Una vez la singular agrupación quedó completada, recibió órdenes expresas de proteger puntos críticos en Egipto. Aquellos enclaves eran:
..
  • Objetivo 1: Impedir la destrucción del principal puerto al norte de África aliado, el de Alejandría, previamente atacado por comandos italianos. Debe protegerlo de los bombarderos, acechado puntualmente por italianos y alemanes.
  • Objetivo 2: Mantener a salvo el vital paso del Canal de Suez, ruta directa hacia la India.
¿Cómo evitar que el enemigo bombardease el Puerto de Alejandría?
..
El 18 de Junio de 1941 Jasper comenzó a estudiarlo al detalle. No tardó en resolver construir un puerto similar a pocos kilómetros, justo en la bahía de Maryut (o Mariout), que presentaba una orografía similar vista desde el aire. A aquellas alturas de la guerra, Jasper contaba 38 años y no albergaba dudas acerca de sus propias capacidades y mucho menos de las de su “Banda Mágica”.

Puerto de Alejandría… ¿Real o ficticio?
El Puerto de Alejandría, cada vez más comprometido ya que el frente se acercaba a sus puertas, la “Banda Mágica” erige un puerto similar en la citada bahía de Maryut. Si hoy pudiésemos transportarnos hasta aquel día en que se dio por concluida la peculiar escenificación, nos encontraríamos con un ingenioso sistema de edificaciones que, a base de jugar con luces, sombras y volúmenes, presentaba una réplica muy válida para engañar desde el aire a los bombarderos alemanes.
..
Una vez dispuesta la escenografía, llegada la noche y con la amenaza de los aeroplanos germanos en el cielo, la maniobra de engaño cumplió con creces su cometido. ¿Cómo funcionó? Cuando los británicos detectaron la presencia de los bombarderos alemanes en el cielo egipcio, se apresuraron a apagar las luces en el Puerto de Alejandría y, al mismo tiempo, encienden las del falso puerto de la bahía Maryut. En un abrir y cerrar de ojos, el puerto se había trasladado de un lugar a otro.
..
Desde el aire, con apenas referencias claras, las tripulaciones alemanas confundieron el blanco. Incluso, para “facilitarles” el bombardeo, los británicos habían instalado elementos pirotécnicos en el propio puerto simulado para hacer más creíble la maniobra. Dadas las circunstancias, los germanos dejaron caer sus bombas durante varios días sobre lo que ellos creían era el Puerto de Alejandría. Unos y otros hicieron un buen trabajo, los alemanes arrasaron con el falso puerto y los británicos, sirviéndose de la estratagema, salvaron el de Alejandría.
..
Buen comienzo el de Jasper Maskelyne en el norte de África. Tras la proeza del truco de escapismo lo ascendieron a comandante.
..
Magia en el Canal de Suez.
..
Poco después le encargaron ocultar el Canal de Suez, de unos 170 km. de longitud. ¿Acaso era posible ocultarlo? Por supuesto que no, ya que dadas sus grandes dimensiones, los aviones enemigos contaban con una referencia más clara desde el aire que la que tenían del Puerto de Alejandría. Como para no verlo desde un avión a varios cientos de metros suspendido en el aire.

Maskelyne en El Cairo.
Labor complicada la que se le presentó a Jasper, mucho más que la de construir el falso puerto con el que se ganó el favor del Alto Mando británico.
..
Si en Alejandría tuvo que “mover” el puerto para evitar que los alemanes localizasen el auténtico, llegado el caso del Canal de Suez, ahora se trataba de no permitir ver aquello que era imposible de ocultar.
..
Para ello decidió emplear un truco similar empleado por su abuelo en 1895 en un teatro de Londres al que bautizó como “La magia con cámara negra”. ¿En qué consistía este truco? La cuestión se basaba en que, en una zona de oscuridad, se pulverizaba luz con el objetivo de confundir a quien se acercase para no dejarles ver aquello que no se podía ocultar. Y aquel enorme canal resultaba imposible de ocultar.
..
Jasper jugó con luces y gigantescos reflectores. Creó lo que él mismo denominó como un “océano de luz” para deslumbrar a los pilotos que se acercasen hasta las inmediaciones del Canal de Suez. A base de pulverizadores giratorios de luz, cualquiera que osase volar con un avión por aquel sector se vería en serias dificultades.
..
Como buen ilusionista, Jasper decidió probarlo él mismo para contrastar los efectos de la nueva estratagema. ¿Funcionó? Claro que funcionó. Tal es así que, montado en un avión para hacer la prueba, casi muere en el intento. Afortunadamente vivió para garantizar a sus superiores la total protección del valioso paso de Suez.

Prototipo de luces estroboscópicas.
No tardó en comprobar que las tripulaciones de los bombarderos alemanes, deslumbrados por el “océano de luz”, no pudieron atacar con garantías el Canal de Suez. Apenas consiguieron dejar caer sus bombas “al bulto” sin apenas lograr daños significativos debido al inesperado ataque de luz con el que, una y otra vez, les recibían los británicos.
..
Segundo éxito.
..
Jasper consigue el ascenso a teniente coronel y lo envían a “luchar” contra Rommel.
..
Si lo hasta ahora resulta sorprendente e incluso insuperable, el Alto Mando británico le encarga una nueva tarea mucho más complicada: la lucha en tierra contra Rommel, debía olvidarse de engañar a los aviones en el Canal de Suez y el Puerto de Alejandría.
..
Su nuevo objetivo: confundir a los alemanes, hacerles pensar que los tanques británicos no estaban donde realmente estaban.

Jasper en plena actuación.
Llegó la hora de la verdad.
..
Si bien, desde la perspectiva que nos da el tiempo, se puede definir que esta nueva tarea consistió en realizar “bricolaje” y escenografía a gran escala, el asunto no resultó tan sencillo en un principio debido a la dificultad que presentaba el escenario donde se desarrollaban los combates: el duro desierto africano.
..
Jasper acudió a las inmediaciones de El Alamein, mítico emplazamiento para aquellos que disfrutamos de la Historia en general y de la Segunda Guerra Mundial en particular. Allí, atrincherados día y noche, los británicos atravesaban serias dificultades debido a los constantes ataques lanzados por las fuerzas germanas e italianas.

Tropas británicas avanzan por el desierto norteafricano.
Ante los resultados infructuosos de los ataques de Rommel a la fortaleza de El Alamein, emplazada al norte de Egipto junto al Mar Mediterráneo, a pocos kilómetros de El Cairo, los alemanes trataron de envolver el vital punto estratégico de El Alamein por el sur y, posteriormente, girar hacia el norte para así embolsar a las tropas aliadas, en concreto al Octavo Ejército Británico de Bernard Montgomery.
..
La batalla de Alam el Halfa, que tuvo lugar a finales de Agosto y comienzos de Septiembre de 1942 al sureste de El Alamein, fue una operación arriesgada lanzada por Rommel, cuyo resultado, dadas las dificultades en los suministros y con la ventaja de haber descifrado previamente los británicos los planes de ataque enemigos, se saldó con una derrota para los germanos. Aquí es donde, tal vez, se pudo decantar el resultado de la guerra en el norte de África.
..
¿Y qué aportó Jasper Maskelyne en esta fase de la guerra?
..
Algo muy sencillo pero muy complicado a la vez. Hizo mirar al enemigo hacia otra parte. ¿Hacia otra parte? Sí. Si bien la batalla de Alam el Halfa se había desarrollado al sur de El Alamein, donde los alemanes habían retrocedido para consolidar sus posiciones defensivas, el general británico Montgomery tenía en mente atacar por otro punto bien distinto para liberarse de la presión alemana. Decidió atacar al norte, en El Alamein, para expulsar de aquel sector, de una vez por todas, al aguerrido Afrika Korps de Rommel. Para ello, el Alto Mando británico debía contar con la colaboración de Jasper al sur, es decir, en el lado opuesto del mapa.
..
Entonces, el ilusionista de probada efectividad, ordenó la construcción de incontables armazones para que, desde el aire, pareciesen camiones, y viceversa, camiones que pareciesen tanques. Incluso pergeñó otra idea genial: efectuó adaptaciones para que las rodadas características que dejaban tras de sí los tanques resultaran propias de camiones. También empleó otros trucos, sencillos pero efectivos, como ocultar minas en los excrementos de camellos, dunas móviles, etc.

Un camión…
También camufló unidades y fabricó unidades falsas. Tampoco se privó de simular tanques, camiones, campos de minas, aeródromos, alambradas de espino y un sinfín de elementos bélicos con la idea de confundir al enemigo. Y a fe que lo consiguió.
..
La segunda batalla de El Alamein se saldó con victoria aliada. Montgomery lanzó el ataque al norte y logró sus objetivos. Tal vez, sin la magia desplegada por Jasper Maskelyne y su “Banda Mágica” en el sur, la batalla del Alamein hubiese obtenido resultados bien distintos, ya que los alemanes, convencidos de que los británicos atacarían al sur, destinaron muchos recursos a un lugar donde jamás llegó la ofensiva aliada.

¡De mentira! ¡Hay un carro de combate debajo del armazón!
¿Qué pasó después?
..
A día de hoy aún se desconoce qué “trucos” empleó entre 1943 y 1946. Poco se sabe de Maskelyne tras su exitoso paso por el norte de Ágrica. Se tiene constancia de su presencia en, al menos, 16 países diferentes mientras cumplía sus cometidos para el Ejército Británico. También es conocido que participó en la operación Overlord (el desembarco aliado en Normandía en 1944), la campaña de Sicilia, en Italia y en algún punto más en el teatro de operaciones europeo. Todavía su figura está envuelta por un halo de misterio.
..
Además de ejercer ocasionalmente como ilusionista, después de la guerra se le nombró coronel del Servicio Experimental de Camuflaje donde, además de su trabajo como espía, vive de sus trabajos creando equipos de espionaje para la OSS (precursora de la CIA) y elaborando técnicas y equipos de escape para pilotos cautivos (recordemos que tras la Segunda Guerra Mundial nos encontramos sumidos de lleno en la Guerra Fría, durante la que Jasper siguió investigando sobre sistemas de camuflaje).
..
Desde entonces, podría asegurarse que todo lo que se ha hecho en materia de espionaje y técnicas de camuflaje, de alguna forma, lleva su “firma”.

Vehículos simulados en el desierto.
Una autobiografía redactada de su puño y letra, “Magic: Top Secret”, del año 1949, nos relata su faceta pública, la de sus hazañas conocidas, la magia a gran escala, nada acerca de sus actuaciones secretas. Tal vez, eso sí, un poco magnificadas, pero al menos puede servir al lector para comprender la “magia bélica” que desplegó en el Norte de África en aquellos momentos tan cruciales.

Uno de tantos libros que hablan sobre Jasper Maskelyne.
A día de hoy, sus actividades siguen clasificadas como “secreto” por motivos de seguridad nacional del Reino Unido hasta el 2046. Esos informes secretos contienen valiosa información sobre sus actuaciones en El Alamein y el Puerto de Alejandría, pese a que son conocidas en su mayoría, pero lo que más esperamos los investigadores, aficionados y divulgadores de la Historia Militar fue su faceta “oculta”, aquello que hizo entre 1943 y el final de la guerra, sin privarnos de su etapa en la Guerra Fría.
..
¿Fue toda su obra real o más bien algo parecido a la ciencia ficción magnificada por la propaganda de la época?
..
Habrá que esperar hasta el 2046, si llegamos, para descubrir todas sus artes mágicas ya que Jasper Maskelyne, después de la guerra se retiró a Kenia, donde murió en 1973, y con él sus trucos y su magia se fueron a la tumba.
..
Dicen que un hombre en solitario puede cambiar el curso de una batalla, incluso el de la Historia…

Jasper Maskelyne, ilusionista y militar.
¿Crees ahora en la magia… bélica?
..
¡Comparte si te gustó!
 . .
Ⓟ y Ⓒ Daniel Ortega del Pozo

CURIOSIDADES BÉLICAS #7: Berlín 1945. Un puente más resistente de lo esperado.

Hoy abro la entrega de esta semana lanzando una pregunta al lector. ¿Ha visitado alguna vez la capital de Alemania? Si es así, ¿ha visitado el Reichstag y sus inmediaciones?

Tanto si la respuesta es afirmativa como negativa, seguro que ahora mismo se presenta en su mente la imagen del colosal edificio gubernamental que preside la plaza tendida a sus pies. Estoy convencido de que el lector, tanto si ha permanecido frente al Reichstag o bien lo ha contemplado en fotografías, ha reparado en su aspecto grisáceo, donde los restos de la guerra aún resultan patentes. En la actualidad, casi toda la estructura del edificio deja entrever numerosas cicatrices, resultado del paso de la guerra por aquella zona de Berlín.

A través de estas líneas, quisiera transportarle hoy a aquellas últimas jornadas de la Segunda Guerra Mundial, a las últimas horas de lucha en las calles de Berlín, una ciudad consumida por el fuego, arrasada hasta los cimientos por los bombardeos, cuyos edificios, horadados por las balas y mutilados por las esquirlas de la metralla, ofrecen la viva imagen del infierno en la tierra. Pero aquel infierno fue real. Y tuvo lugar en Berlín, un Berlín bien distinto al que conocemos hoy en día.
. .
Estamos en el mes de Abril, en los días finales del mes, concretamente quiero que recuerde una jornada concreta, la del 28 de Abril de 1945, porque si así lo hace, la próxima vez que se detenga ante el Reichstag para admirarlo, le aseguro que lo hará con otros ojos y el vello de su piel se erizará.

Vista aérea del Reichstag después de los combates.
Las jornadas previas, toda la ciudad, y en concreto el distrito gubernamental, ha sido sometida a intensos bombardeos. Incluso el día 25, en Torgau, al sur, tropas americanas y soviéticas se han encontrado para cerrar así el cerco alrededor de la capital del Tercer Reich. Las cosas se acaban de poner muy mal para los dirigentes de Alemania, aquellos aún que permanecen allí, en Berlín, literalmente enterrados a varios metros bajo tierra en la Nueva Cancillería y el búnker del Führer Adolf Hitler.
. .
No muy lejos del Führerbunker, el Reichstag, devastado por la artillería rusa, permanece en pie de milagro. Ni siquiera las incontables pasadas de la aviación angloamericana han podido tumbarlo a lo largo de la guerra. Muchas de sus ventanas y puertas están ahora tapiadas a cal y canto. Algunas únicamente ofrecen pequeñas aberturas; aspilleras desde las que vigilar y disparar a través de ellas llegado el caso. En su interior, pero también alrededor del majestuoso edificio, unos cinco mil soldados esperan lo inevitable: el último y definitivo asalto ruso destinado a tomar por completo la capital del Reich. Si cae el distrito gubernamental, Berlín capitulará sin remedio.

Königsplatz, a los pies del Reichstag, donde destaca una zanja antitanque repleta de agua.
Königsplatz, la plaza que se tiende a los pies de la escalinata principal, presenta un aspecto dantesco. Innumerables trincheras recorren toda su extensión de parte a parte. Alambre de espino, cráteres causados por las explosiones de la artillería y los bombardeos, cadáveres y material de guerra decoran el lugar. Incluso algunas piezas antiaéreas de 8,8 cm. aún osan presentar resistencia frente al Reichstag. Una enorme zanja antitanque atraviesa la plaza de norte a sur. Una zanja que, debido a las explosiones, se encuentra inundada de agua procedente del cercano río Spree. Sin duda, una barrera formidable para intentar contener la inminente avalancha soviética.
. .
En el lado opuesto de la plaza, allí donde mira la humeante fachada del Reichstag, se erige el Ministerio del Interior (conocida popularmente como “La Casa de Himmler”) y varias embajadas extranjeras, entre ellas la de Suiza.
. .
La calle que conforman estos edificios nos conducen hacia un puente. El puente Moltke. Imponente, de unos 30 metros de ancho por casi 100 de largo, fue levantado a finales del siglo XIX. El material empleado para construirlo, de color rojizo, le otorga un aspecto siniestro en medio de la estampa que ofrece el sector a los soldados que en sus inmediaciones combaten a vida o muerte.
. .
Son las 16:30h. aproximadamente.
. .
Durante las jornadas previas, el Ejército Rojo ha presionado con fuerza sobre las inmediaciones del puente Moltke. Sus comandantes saben que si lo toman intacto tendrán un acceso directo hacia el distrito gubernamental, la Nueva Cancillería y el propio Führerbunker. Numerosas patrullas, soviéticas y germanas, se han enzarzado más allá del Moltke con brutalidad desmedida.
. .
Los soldados rusos han pagado con litros de sangre cada metro recorrido en dirección al Reichstag. La toma de cada calle, cada casa, e incluso cada habitación, ha pasado una factura terrible al Ejército Rojo. Sus bajas se cuentan por millares y eso que la batalla de Berlín aún no ha llegado a su punto álgido.

Puerta de Brandeburgo, en las inmediaciones del Reichstag.
En el extremo oeste del puente, al amparo que otorgan las ruinas de los edificios, las tropas rusas ultiman los preparativos para el asalto definitivo. Junto a la infantería, varios grupos de carros de combate soviéticos calientan motores. Los rostros grisáceos y extenuados de los soldados hablan por sí solos.
. .
Un auténtico infierno de fuego y plomo está a punto de desatarse.
. .
En el extremo opuesto, los alemanes se aprestan a ofrecer una resistencia desesperada. Saben que todo estará perdido si el puente cae en manos del enemigo. Sus rostros también reflejan la tensión y el miedo. Están rodeados. No hay escapatoria posible. Pelean por sobrevivir. Si luchan y mueren todo habrá terminado. Pero si se rinden y caen en manos del Ejército Rojo, ¿qué les deparará el futuro? Esa cuestión surca la mente de casi todos los defensores del sector. A sus oídos han llegado rumores de todo tipo que hablan del salvajismo con el que los rusos tratan a los prisioneros. Otros ya lo han vivido en primera persona y así se lo hacen saber a sus camaradas. ¿Qué esperar después de tantos años de guerra?

Panorámica del puente Moltke abarrotado de blindados soviéticos.
Las SS, también presentes en el sector, amenazan con juicios sumarios a todos aquellos que hablen más de la cuenta. No se permite el derrotismo ni despotricar contra el régimen de Hitler, pese a que esté en sus últimos estertores.
. .
Tanto el Reichstag, como Königsplatz y las cercanías del puente Moltke están inundadas por un silencio abrumador. Mudos, todos los soldados alemanes agudizan el oído, se mantienen a la espera de los próximos movimientos de los Ivanes. Poco resta allí de lo que otrora fue la gloriosa Wehrmacht, capaz de conquistar Europa en un abrir y cerrar de ojos, de este a oeste, empleando la entonces temida Blitzkrieg (Guerra Relámpago), capaz de someter a países enteros en cuestión de días o semanas. Francia, Polonia, Holanda, y un largo etcétera, son claros ejemplos de aquel pasado idílico.
 . .
Ahora se percibe otra atmósfera bien distinta. El Ejército alemán, atrincherado junto al Moltke y las cercanías del Reichstag, es un cúmulo variopinto de retales de unidades reunidas de forma improvisada para resistir hasta el final. Una sombra de lo que fue años atrás. Pero algunos de sus integrantes, curtidos veteranos, aún tienen algo que decir en la batalla de Berlín. Otros, niños vestidos de uniforme, están a punto de experimentar la crudeza de la guerra en su máximo exponente; ni más ni menos que contra la apisonadora rusa.
 . .
Respirando la humedad que procede del río Spree, los alemanes permanecen a la espera tras parapetos, en el interior de socavones en el suelo y, en el mejor de los casos, dentro de algún que otro edificio ruinoso que de milagro aún aguanta en pie. Soldados de la Luftwaffe (Fuerza Aérea), del Heer (Infantería), de la Kriegsmarine (Armada), de las Juventudes Hitlerianas, de la Volkssturm (Milicia Popular) e incluso integrantes de la Policía, se miran con ojos temerosos al tiempo que comparten sus escasas provisiones o algo de tabaco.
. .
Al igual que la humedad, también reconocen el dulzón olor a muerte que impregna el ambiente, cargado del pestilente aroma a combustible quemado, pólvora y el siempre penetrante hedor de los explosivos.

La infantería rusa progresa hacia el puente Motlke.
Se inicia el intercambio de disparos.
. .
De pronto, el silencio se ve truncado por el rugido de lejanos motores. Son los tanques rusos que dan comienzo al avance sobre las cercanías del Moltke. Una lluvia de morteros de corto alcance revienta en las primeras líneas de defensa alemanas tendidas a lo largo del puente.
. .
Sacos terreros y alambre de espino vuelan por los aires. También lo hacen los cuerpos destrozados de aquellos que han tenido la mala suerte de estar en el lugar equivocado en el momento menos oportuno.
. .
Las ametralladoras MG-42 alemanas comienzan a barrer el lado opuesto, allí donde las primeras siluetas de la infantería rusa se dejan entrever entre la densa humareda que brota por todas partes. Siluetas, difuminadas, acompañadas por los mastodónticos T-34 e IS-2 con sus motores rugiendo a pleno rendimiento. Numerosas formas ataviadas de color pardo se desploman sobre el suelo al encajar las ráfagas de las armas alemanas. El suelo pronto queda colapsado de escombros y cadáveres, teñido de rojo. Cadáveres que no dudan en aplastar las bestias de acero soviéticas en su progreso hacia el disputado puente.
. .
Desde la fachada del Ministerio del Interior que mira al Spree, al igual que desde el resto de edificios colindantes, un tornado de fuego arrasa con la orilla contraria. Incontables soldados rusos aúllan de dolor en las inmediaciones del puente que, con gran osadía, tratan de tomar a toda costa. Por su parte, los blindados del Ejército Rojo vomitan obuses, uno detrás de otro, cuyo estrépito ensordecedor no tarda en escucharse en todo Berlín. Fragmentos de metralla silban muerte por todas partes. Colapsan fachadas enteras tras recibir las brutales andanadas de los cañonazos soviéticos.

Un carro soviético en primer plano ya tiene el Reichstag a tiro.
. .
No tardan en sucumbir los defensores más expuestos, aquellos que por azares del destino o por imprudencia asoman más de lo debido en sus parapetos. La avalancha roja amenaza con barrer del mapa a todo aquel que se cruce en su camino. Más y más hombres del Ejército Rojo se apiñan en el extremo oeste del puente Moltke dada la confianza que otorga la nutrida presencia de los carros de combate, cuyas armas no dejan de disparar ni por un segundo.
. .
Los cañones atruenan. Las armas crepitan. Los hombres blasfeman, gritan al caer heridos y pedir ayuda o, en el peor de los casos, mueren en silencio, como tantos otros a lo largo de la jornada.
. .
Sin previo aviso, los alemanes disparan sus Panzerfaust (armas antitanque) una vez los blindados rusos se ponen a tiro. Se dibujan estelas de muerte por doquier. Mientras unos proyectiles salen zumbando desde las ventanas de los edificios que aún se mantienen en pie, otros hacen lo propio desde los parapetos dispuestos a ras de suelo y las trincheras excavadas junto al Spree. Varios T-34 vuelan por los aires en un abrir y cerrar de ojos. Otros quedan heridos de muerte, con sus orugas o torretas destrozadas tras sufrir el devastador golpe de los Panzerfaust.
. .
Gritos de júbilo brotan de las gargantas de los defensores alemanes cada vez que un tanque ruso estalla o queda envuelto por las llamas. Sus tripulaciones tratan de apearse en marcha, convertidos en antorchas humanas, pero a estas alturas del combate no hay piedad; pronto sucumben bajo la lluvia de plomo germana. Caen sobre la estructura de las moles de acero, al rojo vivo tras las salvajes detonaciones, y se consumen irremediablemente hasta tornarse en momias ennegrecidas. Hombres y máquinas se funden en un abrazo eterno mientras un estruendo ensordecedor les sirve de panegírico.

Blindados soviéticos cruzan el puente Moltke.
 . .
Soviéticos y germanos atacan y contraatacan durante largas horas. El puente es testigo mudo de la brutalidad de la refriega.
Sorpresa en el combate.
 . .
Llegados a cierto punto, cuando peor parecen pintar las cosas para los defensores, comparece en el lugar una compañía de paracaidistas alemanes. Soldados aguerridos, la élite de la Infantería. Su mera presencia infunde respeto en camaradas y enemigos. En cuestión de segundos, bajo el fuego enemigo, despliegan varias MG-42 a lo largo del puente y comienzan a liquidar infantes rusos con pasmosa facilidad. Incluso los Panzerfaust que disparan logran poner fuera de combate varios tanques que, momentos atrás, osaban cruzar el amplio puente.
 . .
Lo inevitable está por suceder. Aquel grupo de Fallschirmjäger (paracaidistas alemanes) es muy reducido, apenas una compañía. Pronto ven comprometida la posición y no les queda otra que recular hacia otro lugar menos expuesto. Con la munición a punto de agotarse, los paracaidistas comienzan a sucumbir sobre el Moltke a ritmo preocupante. Muy numerosa, la infantería rusa logra penetrar en el puente, acompañada de los T-34. Algunos paracaidistas, conscientes de lo irremediable, deciden sacrificarse para garantizar el repliegue de sus camaradas. Poco o nada se puede hacer ya sobre el puente. Incluso las piezas antitanque germanas parecen haber enmudecido, apenas sí han tenido oportunidad de entrar en acción.
 . .
Cientos de ojos se clavan en el Moltke.
 . .
Paracaidistas y soldados del Ejército Rojo se enzarzan en un bestial combate cuerpo a cuerpo. Todo vale. Todo está permitido para mandar al otro barrio al enemigo.
 . .
Al tiempo que los últimos paracaidistas, heridos o de milagro aún indemnes, consiguen abandonar el puente, sus aguerridos camaradas que allí han resuelto luchar hasta el final, lo hacen con todos los medios a su alcance. Bayonetas y palas cortan el aire con silbidos siniestros. Las pistolas se emplean como último recurso, únicamente cuando los fusiles y las ametralladoras han enmudecido por falta de munición. Incluso los cascos y los restos de los parapetos se emplean como armas homicidas. Las aguas del Spree acogen en su seno los cuerpos sin vida de aquellos que caen desde lo alto del puente con ojos desorbitados y muecas grotescas dibujadas en sus rostros. Tanto rusos como alemanes hallan sepultura en las apacibles aguas del río que atraviesa Berlín.
 . .
En apenas unos minutos más, ya no restan paracaidistas con vida sobre el Moltke. Todos han perecido, no sin antes haberse llevado por delante estos últimos a varios T-34 y decenas de infantes rusos. Enemigos en vida, ahora yacen, hermanados en la muerte, juntos sobre los humeantes restos de la batalla.

La artillería autopropulsada del Ejército Rojo dispara a bocajarro contra un foco de resistencia.
 . .
El reloj rebasa las 19:00h.
 . .
De pronto se hace un silencio abrumador. Una especie de tregua involuntaria. Tanto atacantes como defensores precisan tiempo para recobrar fuerzas y reorganizarse.
 . .
Justo entonces, una detonación seca retumba en los oídos de todos los allí agazapados. Una imponente sacudida hace estremecer el puente Moltke de arriba abajo. A continuación, el humo lo ciega todo. Su estructura queda envuelta por una bruma grisácea y rojiza que apenas deja ver nada. Poco después, la brisa que emerge de las aguas del Spree barre la humareda con delicadeza inusitada.
 . .
La voladura del puente.
 . .
Los rusos lo esperaban. Los alemanes también. Por suerte para unos y para desgracia de otros, el puente ha resistido. Nadie se lo explica. ¿Cómo es posible que el puente haya aguantado firme tras semejante explosión? Todo está perdido. El último obstáculo de notoria importancia que se interponía en el camino hacia la victoria del Ejército Rojo… ¡Ha aguantado en pie tras el intento de demolición!
 . .
Poco después, vítores y gritos de júbilo emergen de la orilla oeste del puente que conduce hacia el barrio de Moabit. Ni los propios soldados soviéticos terminan de creerse lo que acaban de presenciar. Pronto se aprestan para aprovechar la inesperada oportunidad. Nuevos blindados y más infantería se reúnen en las inmediaciones para intentar tomar el puente al asalto.
. .
¿Se imagina estar embutido en un uniforme alemán en semejante momento?
 . .
Dadas las insólitas circunstancias, debió ser algo espeluznante. Sin duda, aquellos defensores, atrincherados entre los humeantes escombros, pronto experimentaron en sus propias carnes la apabullante superioridad del rodillo soviético. Pese a saberse en las últimas, los alemanes lucharon con arrojo desmesurado para defender aquel punto de la ciudad. De ello dependía la vida de muchos camaradas, de muchos civiles, de muchos integrantes de los servicios sanitarios cuya labor requería cierta seguridad para salvar la vida de los incontables heridos que llegaban hasta los puestos de socorro.

Infantes soviéticos avanzan a la carrera. A su lado se tiende el cadáver de un soldado alemán.
 . .
Varios intentos tuvieron que perpetrar los rusos hasta que, finalmente, el puente terminó por caer en sus manos. Sus bajas fueron muy elevadas, tanto en hombres como en blindados. Aún hoy en día los historiadores no arrojan cifras exactas de los muertos y heridos que sumaron entre ambos bandos tras la conclusión de la batalla de Berlín.
 . .
Dos ejércitos soviéticos, el Tercero de Choque y el Octavo de la Guardia, tuvieron que practicar un movimiento en pinza para conseguir tomar el Reichstag y sus inmediaciones. A modo de dato estadístico, de los cinco mil defensores alemanes que defendieron el Reichstag, la mitad pereció en su cometido. El resto de los supervivientes presentaban todo tipo de heridas, visibles, fáciles de curar unas, otras no tanto. Pero otra herida incurable rasgó su interior para siempre: la imagen de aquel hermoso Reichstag convertido en un montón de escombros es algo que muchos veteranos de la batalla jamás olvidaron. Un doloroso recuerdo que, al evocarlo, trae a la memoria el olor a muerte, la peste a combustible quemado y el áspero hedor a pólvora y explosivos.
 . .
Hoy en día se sabe que la carencia de explosivos de calidad fue una de las claves para que el Moltke permanezca en pie en la actualidad. Pese a que los zapadores alemanes lograron hacer un buen trabajo, hay quien afirma que los que planificaron su voladura subestimaron la robustez del puente. ¿Tal vez dispusieron una cantidad insuficiente de explosivos de lo que hubiese sido recomendable para practicar la voladura del puente con garantías? ¿Tal vez no los colocaron en los puntos estratégicos dada la premura con la que fue efectuada la tarea?

Imagen del Reichstag tras los combates.
 . .
Durante la batalla de Berlín, numerosos fueron los puentes que volaron por los aires para evitar la progresión del Ejército Rojo hacia el sector central de Berlín. Mas el caso del Moltke fue algo insólito.
 . .
Cuando visite Berlín, cuando pasee por el Reichstag, no olvide dar la espalda a la escalinata del edificio gubernamental y mirar hacia el oeste, allí donde se erige un pequeño edificio de piedra de color grisáceo. En lo alto verá ondear la bandera de Suiza. Sí, se trata de la embajada del país helvético, el único superviviente (en parte), en aquella plaza, a la batalla de Berlín, además del propio Reichstag.
 . .
Una vez distinga la bandera, diríjase hacia allí. Apenas hay quinientos metros de distancia hasta el punto donde le quiero conducir: el puente Moltke. Exacto, una vez llegue a la embajada, un poco más adelante, tendrá la oportunidad de pisar aquel escenario histórico.
 . .
Ni más ni menos que el propio puente Moltke, punto concreto donde tuvo lugar uno de los combates más salvajes durante la batalla por la toma de la capital del Tercer Reich.

Aspecto del puente Moltke antes de la guerra.
 . .
¿Recordará su nombre?
 . .
Moltke Brücke – Puente Moltke.
 . .
Estoy convencido de que si lo cruza, e incluso se detiene sobre él unos instantes, saboreará la Historia.
 . .
¡Comparte si te gustó!
 . .
Ⓟ y Ⓒ Daniel Ortega del Pozo
 . .
PD: si disfrutaste de este relato, tal vez resulten de tu interés mis dos libros dedicados en exclusiva a la batalla de Berlín.
 . .

CURIOSIDADES BÉLICAS #6: ¡Toc, toc! ¿Quién es? ¡La Wehrmacht!

Tsaritsyn.

Si cito el nombre de Tsaritsyn para referirme a una vieja ciudad, tal vez al lector no le inspire nada. Pero si en vez de Tsaritsyn hago alusión a Stalingrado, Rusia, tal vez sí nos podamos ubicar ahora.

Stalingrado, ubicada junto al río Volga, urbe industrial cuyo nombre consigue poner la piel de gallina a cualquiera que evoque lo que allí sucedió. De entrada, la ciudad fue “bautizada” con el nombre de Stalin, quien dirigió la URSS con mano de hierro durante largos años. En 1925, y hasta 1961, perdió su nombre original, Tsaritsyn, en honor al río Tsarista (agua amarilla), cuyo curso desemboca en el vasto e interminable Volga, en favor del dictador de origen georgiano. Exacto, Stalin no era ruso, sino georgiano.

Stalingrado antes de sufrir los efectos de la guerra.

En esta entrega de “Curiosidades bélicas” nos encontramos en uno de los momentos decisivos de la Segunda Guerra Mundial. Sin duda, el de hoy, fue un episodio que quedó grabado para la eternidad en las páginas de la Historia. Desde finales de Agosto de 1942 hasta Febrero de 1943, sus calles, plazas y embarcaderos atestiguaron una de las batallas más sangrientas de la contienda, la de Stalingrado, donde la Wehrmacht se desangró y, por ende, selló su propio destino.

Hay quien asegura que esta es la batalla que decidió la Segunda Guerra Mundial. Tal vez lo fuese, tal vez no, pero jamás cabe dudar de un hecho cierto: el frente ruso fue donde se jugó la guerra de verdad, el teatro de operaciones del este fue el que decantó, desde los comienzos de la Operación Barbarroja en Junio de 1941, la balanza de la segunda gran contienda del siglo XX.
Últimos días de Septiembre de 1942.

Un mes después del gran bombardeo del 23 de Agosto de 1942, y debido a la incesante actividad de la Luftwaffe (Fuerza Aérea alemana), ya en Septiembre casi la totalidad de la ciudad se ha transformado en un montón de ruinas. Amasijos de hierros y escombros cubren casi toda su extensión, de norte a sur y de este a oeste. El humo campa a sus anchas por doquier. Incontables incendios consumen hasta los cimientos aquellos edificios que aún se mantienen en pie; el resto, demacrados por las bombas, apenas resultan reconocibles. Imposible respirar aire puro entre sus calles, repletas de polvo de ladrillo y hollín. Allí donde se mire, gigantescas columnas de humo negro se elevan hacia el cielo.

Podría decirse que por momentos el día se transforma en noche. A su vez, la noche parece de día debido a que las llamas rasgan la oscuridad sin contemplación. En definitiva, un infierno desatado sobre la tierra donde el horizonte barrunta muerte.

La Casa de Pavlov.
Junto al Volga, a unos doscientos metros de sus aguas teñidas de sangre, acaba de suceder algo que daría pie a un particular suceso. Si bien esta hazaña fue magnificada en la época por la propaganda soviética, este episodio no queda exento de valor, determinación y obstinación por parte de sus protagonistas.

Soldados rusos avanzan entre las ruinas de la ciudad.
No muy lejos del caudaloso río, arteria vital que comunica la orilla oriental con la orilla occidental de Stalingrado, rodeada por completo por los alemanes, se erige un edificio de cuatro plantas. De puro milagro aún se mantiene en pie tras los bombardeos, por lo tanto resulta una posición de valor estratégico ya que domina la cercana plaza 9 de Enero, a su vez próxima a la estación de ferrocarril Nº1 de la ciudad.
Chuikov, general en jefe del 62º Ejército al frente de la defensa de Stalingrado, confía a uno de sus oficiales, Rodímtsev, general de la 13ª División de la Guardia, que tome aquella casa dada su importancia sobre el mapa. La orden discurre a través de la cadena de mando y llega a oídos de un teniente llamado Afanasev, pero antes de poder cumplir con la orden recibida queda ciego temporalmente y el cometido es asumido de inmediato por uno de sus subordinados, el sargento Jacob Pavlov.

General A. Rodímtsev.
Pavlov debe reconocer aquel edificio de la calle Penzenskaya (que antes de la guerra recibía el nombre de “Casa de la Gloria del Soldado”) lo antes posible. De noche, con suma precaución, aún sin la delatora luna en lo alto del cielo, un reducidísimo grupo de soldados del Ejército Rojo repta como serpientes sobre el terreno triturado por la artillería. Gran parte del sector está tomado por los alemanes, quienes no dudan en rociar con balas todo aquello que les resulta sospechoso. Un ruido inoportuno o un movimiento en falso significan un pasaporte directo a la tumba. Después de tantear el terreno con paciencia y temeridad, aquellos cuatro hombres consiguen alcanzar uno de los accesos de la casa, misteriosamente desprovista de vigilancia enemiga en el exterior.
No hay vuelta atrás.

Tras deslizarse dentro e inspeccionar la planta baja, no hallan resistencia, por lo que proceden hacia la planta baja. Allí encuentran un nutrido grupo de civiles y varios militares heridos, quienes les confirman que en las plantas superiores se hallan soldados de la Wehrmacht. No tardan en escuchar voces extranjeras en las plantas superiores, por lo que en cuestión de segundos ascienden las escaleras y arrojan unas granadas de mano en el interior de algunas habitaciones. Se escuchan detonaciones secas y ráfagas de ametralladora. Los hombres de la Wehrmacht que allí permanecían caen muertos bajo las explosiones. Otros, más afortunados, consiguen huir del lugar al amparo de la noche. Varios dan con sus huesos contra el suelo al ser abatidos por la espalda a causa de los disparos soviéticos.

Apenas un puñado de germanos logra sobrevivir para contarlo. Inexplicablemente, la guarnición de aquel edificio consistía en un contingente reducido. Tal vez, confiados por la cercana presencia de numerosos camaradas, los alemanes habían decidido mantener aquella posición con pocos soldados. Error que posteriormente saldría muy caro a la Wehrmacht.

Pavlov no desaprovecha la oportunidad. Entre los supervivientes del sótano encuentra a un sanitario que, tras informarle de lo comprometido de la situación, acepta su nuevo cometido de mensajero y parte hacia retaguardia para comunicar el favorable resultado de la operación y solicitar refuerzos para consolidar la posición.

Una sanitaria rusa atiende a un herido.

El primer paso está dado. Pavlov había recibido la orden de sondear aquella casa para tantear las defensas enemigas, mas el resultado ha sido demasiado sorprendente: ahora se encuentra en la tesitura de tener que resistir allí dentro a toda costa ante la más que previsible sucesión de contraataques alemanes. ¡Y solamente dispone de un puñado de hombres!

Aquellos cuatro soldados de la 13ª División de la Guardia que perpetraron con éxito la incursión se llamaban Alexandrov, Glushchenko, Chernogolov y el propio sargento Pavlov.

Con la luz de la luna ya como compañera de la primera madrugada en la casa recién capturada al enemigo, Pavlov y los demás contemplan el resultado del asalto. Varios cuerpos de soldados alemanes, inertes, yacen a lo largo de la segunda planta así como en las inmediaciones de la plaza 9 de Enero, ubicación perfectamente visible desde una de las fachadas de la casa, ahora, en manos soviéticas.

La lucha fue brutal en toda la ciudad, pero en especial en el distrito fabril, situado al norte de la ciudad.
¿Habrá llegado el mensaje al puesto de mando?

Semejante cuestión debió rondar una y otra vez dentro de la cabeza del suboficial ruso. Pavlov, que aguardaba lo inminente, pudo comprobar con sus propios ojos que los germanos no se iban a quedar de brazos cruzados. Durante aquellas largas horas de la madrugada, varias oleadas de soldados alemanes penetran en la plaza y se lanzan al ataque con la intención de recapturar aquella posición clave en el sector junto al Volga.

Pavlov, distribuye a sus hombres dentro del edificio en puntos estratégicos para repeler los primeros contraataques. A base de astucia suicida y gran movilidad consiguen lo imposible durante las primeras horas. Uno tras otro, cada asalto alemán obtiene idéntico resultado: fracaso absoluto.

Soldados alemanes prestos para el ataque.

Esa misma noche, para alegría del sargento ruso y los suyos, comienzan a llegar refuerzos y munición; eso sí, a cuentagotas. Sucedidas unas horas de aquella noche, logran reunirse unos veinte efectivos para asumir la arriesgada tarea de resistir o morir junto al Volga.

Si el enemigo consigue tomar aquel edificio, podría decirse que el camino hacia el río quedaría expedito.

La respuesta alemana.
Pero ocurre algo que escapa a toda lógica militar. Durante los siguientes días, la Wehrmacht, contra todo pronóstico, no lleva a término un intento a gran escala para retomar la posición. Por tanto, los rusos, una vez más, aprovechan las circunstancias y comienzan a fortificar aquella casa y sus alrededores. Minas, puestos de tirador bien parapetados, obstáculos para los blindados enemigos e incluso logran hacerse con fusiles antitanque y algunas ametralladoras. No hay que olvidarse de la importancia de las comunicaciones. Por suerte para Pavlov, sus camaradas consiguen tender una línea de teléfono para así evitar quedar aislados del resto de su batallón.

El silo de grano de Stalingrado, otro edificio simbólico de la resistencia rusa en la ciudad. Prisioneros alemanes desfilan delante de él tras concluir la batalla.

Con el transcurso de los días, la casa tomada por Pavlov, casi de forma involuntaria varias madrugadas atrás, se transformó en un fortín inexpugnable. Ametralladoras emplazadas en la planta baja configuraban una red de muerte invisible. Todo a su alrededor quedaba perfectamente protegido por el plomo ruso. Algún que otro cañón, también situado en la planta baja, supuso fuertes quebraderos de cabeza para las tripulaciones de los blindados enemigos.

Cabe citar también el magnífico uso que dieron los rusos a sus fusiles antitanque, especialmente efectivos desde las plantas superiores de la casa, donde disparaban contra los carros enemigos para ponerlos fuera de combate. Incluso algún francotirador ruso visitó la casa ocupada por Pavlov y sus hombres para hacer de las suyas con artes letales insuperables. Hasta los morteros tuvieron su protagonismo, cuyos diestros operadores conseguían, día tras día, barrer las trincheras enemigas con pasmosa facilidad.

Ante la casa, la amplia Plaza 9 de Enero, resultaba un perfecto coto de caza donde abatir soldados enemigos. Los rusos comprendieron que allí es donde deberían hacer pagar un alto precio a los alemanes en su intento por recuperar la posición tan disputada. Los Panzer germanos, a campo abierto, resultaban relativamente fáciles de destruir para los hombres del Ejército Rojo equipados con fusiles antitanque. Desde el ático, con una buena línea visual, disparaban contra aquellos que osaban pisar las inmediaciones con sus cadenas. El cañón de los tanques no podía elevarse lo suficiente como para disparar contra el ático, ni tampoco bajar lo necesario como para barrer las oquedades que, practicadas en la base del edificio, parecían vomitar incesantes ráfagas de plomo y cañonazos a bocajarro. La infantería alemana, sin la protección de sus Panzer, quedaba expuesta y finalmente era aniquilada en cada intento por dominar el sector.

La lucha resultó brutal en las calles, pero también en los edificios, donde a veces la línea del frente la marcaba un pasillo.

Ni siquiera la artillería, cuya potencia devastadora podría tirar una casa abajo en un abrir y cerrar de ojos, logró echar abajo el edificio fortificado. Los soldados del Ejército Rojo aprovechaban la configuración de la casa para ponerse a cubierto en los sótanos y, pasado el chaparrón de destrucción, emerger de nuevo a la superficie para volver a plantar cara a un enemigo cada vez más obstinado. Se intercalaban jornadas de gran quietud con otras de gran brutalidad en los combates. Pero pese a la violencia desatada en los alrededores de la casa defendida por los hombres de la 13ª División de la Guardia, la resistencia continuó.

Pero no todo fue coser y cantar. Para sobrevivir, los soldados del Ejército Rojo allí acantonados debían asegurar su línea de suministros. Y así lo hicieron pese a las terribles dificultades. Hubieron de cavar una trinchera de más de un centenar de metros para conectar con el cercano molino, donde se situaba el puesto de mando de sus superiores. Muchos hombres perecieron en el intento, pero, una vez construida, otros tantos acabaron en la tumba mientras llevaba a término labores de reabastecimiento, envío y recepción de mensajes así como a la hora de evacuar civiles de la línea del frente. La artillería y las armas alemanas tenían bien batido cada metro cuadrado de aquel sector, imposible escapar de la muerte a menos que la fortuna sonriese a los temerarios soldados durante sus cometidos.

19 de Noviembre.

Fecha crucial en el transcurso de la batalla de Stalingrado. Se desata la “Operación Urano”. Flanqueadas al norte y al sur de la ciudad, las tropas alemanas quedaron cercadas en cuestión de horas en las ruinas de Stalingrado y sus inmediaciones, la gélida estepa rusa. El Ejército Rojo acababa de lanzar una gran ofensiva para envolver a la Wehrmacht y realizar un contraataque hacia el oeste.

En aquella bolsa quedaron rodeados más de un cuarto de millón de hombres, cuyo final se presumía más que trágico. En apenas un par de meses, a comienzos de Febrero de 1943, casi cien mil soldados de la Wehrmacht emprendieron el camino hacia el cautiverio, del que solamente cinco mil regresaron a Alemania transcurridos varios años después de que la guerra concluyese.

Vista aérea de la ciudad, arrasada hasta los cimientos.

Completado el cerco de la Wehrmacht en Stalingrado, los hombres del 62º Ejército de Zhúkov, y en especial los de la 13ª División de la Guardia de Rodímtsev, se sumaron a la ofensiva a gran escala. Si bien habían logrado resistir lo indecible en el interior de aquella edificación, ahora irreconocible, destrozada, sin techo y apenas con cuatro paredes en pie, sus defensores comprendieron que lo peor ya había pasado.

En meses y años sucesivos, ¿acaso les podría aguardar algo peor que la batalla de Stalingrado?

El poder de la propaganda.

No cabe duda que este episodio, que se desarrolló desde finales de Septiembre hasta los últimos días de Noviembre de 1942, si bien fue exagerado en su día por la propaganda soviética para ensalzar la gesta de Pavlov y sus hombres, el suceso, que sí se produjo, con el paso del tiempo ha crecido como una bola de nieve ladera abajo. En función de las fuentes consultadas, unos citan que la casa fue defendida por apenas una veintena de hombres. Otras, por su parte, aseguran que llegaron a resistir en la posición cerca de un centenar.

Mientras unos apuntan a Pavlov como el protagonista absoluto de la proeza (a quien no hay que quitarle mérito ya que recibió el título de “Héroe de la Unión Soviética”), otros defienden que fue uno de varios líderes que alentó, día a día, a sus subordinados. La Historia olvida con facilidad a Potanski (cuyo relato del episodio resulta muy revelador), al teniente Anatoly Mereshko (su testimonio también resta protagonismo al sargento Pavlov), al teniente Afanasiev, a Anton Dragan o al capitán Naumov, quien resultó muerto durante las horas finales de la defensa de la “Casa de Pavlov”. Estos “olvidados”, menos mediáticos hoy y entonces, parecen haber caído en la parte oscura de la historia.

¿Quién es el culpable de su relativo anonimato? Pregunta difícil de contestar, pero no imposible, ya que por suerte los testimonios de algunos de aquellos protagonistas anónimos han visto la luz para arrojar algo de claridad en un suceso en el que se han inspirado hasta los desarrolladores de videojuegos y directores de cine.

“La casa de Pavlov” tras la batalla.
“No hay tierra para nosotros más allá del Volga”

Frase acuñada por Rodímtsev, el comandante en jefe de la 13ª División de la Guardia rusa, cuando peor pintaban las cosas en la batalla de Stalingrado. Y así fue. Ucranianos, georgianos, tártaros, uzbekos, rusos y un largo etcétera de nacionalidades se dieron cita en aquella ruinosa casa para configurar uno de los episodios más dramáticos de la batalla por Stalingrado.

No quisiera cerrar esta “Curiosidad bélica” sin añadir que todo cuanto ocurrió en aquella casa defendida por un obstinado grupo de soldados, sucedió de igual modo en otros tantos edificios de aquella gran ciudad tendida junto al Volga, donde cada montaña de escombros se tornaba en fortaleza y, tras los combates, en leyenda gracias al arrojo de sus protagonistas (vivos o muertos).

El propio Pavlov terminó sus días, mucho después de la guerra, entre los muros de un monasterio. ¿Buscó el retiro espiritual tras experimentar una de las más salvajes batallas que se recuerdan de toda la Historia? No sería de extrañar…

“La casa de Pavlov” en la actualidad, reconstruida, donde un monumento conmemorativo se erige en una de sus esquinas.

Stalingrado, Antigua Tsaritsyn, hoy conocida por Volgogrado.

Stalingrado. Un nombre para recordar, pues allí, entre terribles sufrimientos, casi dos millones de seres humanos hallaron la enfermedad, la congelación, las heridas, el cautiverio y, en el peor de los casos, una muerte anónima y espantosa.

Hoy en día, ¿seríamos capaz de sobrevivir a semejante infierno?

¡Comparte si te gustó!

Ⓟ y Ⓒ Daniel Ortega del Pozo
www.danielortegaescritor.com

Todos los Miércoles una nueva entrega de “Curiosidades Bélicas” en mi web oficial de Facebook: Daniel Ortega Escritor.