CURIOSIDADES BÉLICAS #30 (1ª parte): Argonne 1918. Más allá del mito de una lucha infernal.

Quisiera transportar en este relato al lector a los primeros días de Octubre de 1918. La Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial, está a punto de concluir. Pero, por desgracia para los que se hallan en el campo de batalla, aún resta algo más de un mes para que se produzca la firma del armisticio. Nos encontramos en un sector muy concreto del frente occidental. Ni más ni menos que en un punto al este de Francia, entre Reims y Verdún. Hablo de un extenso bosque que surca de norte a sur dicho terreno y que recibe el nombre de Argonne. Allí, en cuestión de horas, está a punto de desatarse un verdadero infierno que, quienes paladeamos la Historia, apenas logramos imaginar lo que vivieron sus protagonistas.
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Argonne, si lo situamos en uno de los mapas que maneja el Alto Mando de los ejércitos aliados, es un punto más donde se acaba de desatar la ofensiva del Meuse-Argonne, encajada en una campaña de mayores proporciones que busca presionar y destrozar las líneas defensivas germanas. En esta gran campaña, iniciada en Agosto de 1918, que pasará a la Historia como “La Ofensiva de los Cien Días”, intervienen ejércitos de Francia, Reino Unido (en adición de otros países de la Commonwealth) y Estados Unidos (a los que se suman efectivos de otras naciones aliadas), y ha sido concebida y puesta en marcha para forzar a Alemania hacia una rendición total. Para ello, tomando como vértice la conocida ciudad de Verdún, los ejércitos aliados comenzarán a presionar de forma coordinada al norte y al sur de dicha localidad… Pero también en sus alrededores más inmediatos… De ello se encargarán las tropas norteamericanas recién estrenado el mes de Octubre de 1918.

Mapa de situación general de la recta final de la Gran Guerra.

¿Qué se esconde en Argonne?

Es en este bosque de Argonne, uno de los más frondosos que rodean Verdún, donde los alemanes aguardan lo inevitable. Desde las fases iniciales de la guerra, los germanos han ocupado el mismo, por lo que quien ose adentrarse en la floresta deberá afrontar una muerte casi segura. El interior del bosque está plagado de trincheras interconectadas entre sí. Un entramado de posiciones defensivas de primera línea, puestos de escucha y parapetos que, a modo de avanzada, sirven a los alemanes para detectar posibles incursiones enemigas. Detrás de esta primera línea, a lo largo de varios centenares de metros, densos entramados de alambre de espino, algunos incluso tendidos bajo el caudal del río y los arroyos que surcan la vegetación, configuran un mar de púas de acero casi infranqueable.

Detrás de estos primeros obstáculos, una segunda línea de trincheras más sólidas dibuja entre los árboles una barrera que nadie en su sano juicio osaría asaltar. Protegida por puestos fortificados donde se han emplazado ametralladoras, piezas de artillería y morteros, los alemanes aún mantienen firme la confianza en su sistema defensivo, pues hasta la fecha, han conseguido repeler todos los ataques allí lanzados por sus adversarios. En el interior de estas posiciones bien camufladas entre la vegetación y el entorno boscoso, los soldados del Káiser Wilhelm II conversan en voz baja. Uno de tantos soldados asegura haber escuchado a los oficiales que se cierne sobre ellos un inminente ataque norteamericano. ¿Será cierto ese rumor?…

¿Quién se adentró en aquella trampa mortal?

El general al mando de los efectivos que están a punto de adentrarse en Argonne, días atrás dejó patente en los siguientes términos una orden tajante, diríase que rozaba la conminación al suicidio: “…Una de las tretas favoritas de los alemanes es sembrar la confusión mediante el grito de órdenes de retirada. Si, en medio de la lucha, cualquier orden de semejante tipo es escuchada, tropa y oficiales se asegurarán que es emitida por el enemigo. Quienquiera que dé esa orden es un traidor y es deber de cualquier oficial u hombre fiel a su país […] de disparar en el acto al transgresor”.
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Si lo anterior no bastaba, el General Alexander, hombre aguerrido y de valor más que demostrado durante los inicios de su participación en la contienda, acuñó las siguientes palabras: “¡No vamos a retroceder salvo para avanzar!”. Alexander mandaba la 77ª División de Infantería, la protagonista absoluta de la hazaña que, ni por asomo, estaba a punto quedar grabada en los libros de Historia.

General Robert Alexander.
El día 1 de Octubre, el Major (comandante) Charles White Whittlesey, oriundo de Wisconsin, de 34 años de edad, recibe la orden de avance, que deberá efectuarse por el extremo izquierdo del bosque de Argonne. El Comandante Whittlesey, quien forma parte de la citada 77ª División de Infantería, marcha junto a sus compañeros de armas, un total de unos 550 soldados (tropa y oficiales). Entre sus tareas principales se encuentra la de tomar la carretera de Binarville – Charleveaux, donde un molino le servirá de referencia para indicarle que se hallan en la dirección adecuada…
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Esta entrega al completo, y muchas más, disponible en mi reciente publicación titulada «Soldados. Hazañas y batallas».

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Ⓟ y Ⓒ Daniel Ortega del Pozo
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