CURIOSIDADES BÉLICAS #11: ¿Fantasmas en el campo de batalla?

En esta nueva entrega de “Curiosidades bélicas” quiero advertir desde el principio al lector que no se encuentra ante un texto que pretende explicar un suceso paranormal, más bien todo lo contrario. A lo largo de estas líneas relataré lo que la realidad de un conflicto bélico puede llegar a ocasionar, marcar o influenciar sobre la figura de un ser humano o, aún más allá, sobre toda una colectividad.
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Para ello, pido al lector que me acompañe al año 1914. Exacto, nos desplazamos a la época de la Primera Guerra Mundial. Así que, con el casco bien ajustado, nos sumergiremos juntos en la barbaridad de aquellos salvajes campos de batalla, plagados de barro, surcados por interminables hileras de alambre de espino y trincheras, salpicados de cadáveres, humo y completa devastación.
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Brutal lucha primitiva la de 1914 a 1918 que en la actualidad se nos antoja lejana, pero que conviene recordar de vez en cuando ya que la memoria del ser humano es frágil, muy frágil.
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Las trágicas consecuencias de toda guerra.

Plan Schlieffen.
Este plan, concebido por Alfred Graf von Schlieffen, el entonces Jefe del Estado Mayor alemán del II Reich (dirigido por el Káiser Wilhelm II), se presentaba osado, pero no imposible sobre los mapas…
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Pero la puesta en práctica demostró una realidad bien distinta.

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La osada maniobra consistía en reunir numerosos ejércitos germanos a lo largo de la frontera de Alemania con Bélgica, Luxemburgo y Francia. Una vez dispuestos y pertrechados, el avance principal correría a cuenta del grupo emplazado más al norte, es decir, en la franja fronteriza que separa Alemania de Bélgica. Estas grandes agrupaciones de tropas deberían discurrir a un ritmo rápido y en una línea de avance que iría en paralelo al Canal de la Mancha para, después, girar en redondo y caer hacia París. París, el objetivo más valioso de la progresión germana sobre territorio enemigo. Se pensaba que si la capital caía, Francia capitularía de forma incondicional.
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Entre tanto, las tropas dispuestas en el centro harían presión a través de Luxemburgo y la frontera con Francia para, a su vez, conquistar terreno y proteger el flanco de las tropas que, al mismo tiempo, progresaban por el norte. Por su parte, los ejércitos alemanes situados más al sur, harían de cebo e incluso cederían terreno para configurar así una treta perfecta con la que, posteriormente, prevalecer sobre los ejércitos galos.
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A simple vista, con un plano en la mano, parece una cuestión sencilla hoy en día, ¿verdad? Recordemos que estamos en 1914 y la forma de hacer la guerra en aquellos comienzos del siglo XX era bien distinta…
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Esta entrega al completo, y muchas más, disponible en mi reciente publicación titulada «Soldados. Hazañas y batallas».
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Ⓟ y Ⓒ Daniel Ortega del Pozo

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