CURIOSIDADES BÉLICAS #23: Fort Douaumont. Pasado y presente de una masacre.

Hoy quiero transportar al lector a Verdún. Un escenario que seguro reconoce de antemano casi todo aficionado a la Historia, pero seguro que también lo hacen aquellos profanos en la materia, pues mucho se ha escrito sobre lo allí ocurrido en el lejano año de 1916. La modesta ciudad, emplazada al noreste de Francia, a unos 125 km. de la frontera con Alemania, fue destino de uno de mis habituales viajes de documentación para poder hallar respuestas e información sobre uno de los acontecimientos más brutales en los que ha participado el ser humano. Evocar mi estancia en aquella ciudad, bella, modesta y de aspecto añejo, aún consigue ponerme los pelos de punta. Sus alrededores apenas logran enmascarar cuanto allí aconteció.
..
¿Por qué? Permítame relatarle los que esconde aquel paisaje de Verdún…

Vista aérea de Fort Douaumont en 1915, 100 años antes del inicio de mi viaje a la región de Verdún.
Verano de 2015.
Como siempre que comienzo un proceso de documentación para cualquiera de mis proyectos literarios, no dudo en visitar los escenarios donde sucedió aquello que, con posterioridad, relataré en las páginas de cada libro o novela que escribo.
..
De regreso de Alemania, decidí emplear unos días en el estudio de Verdún y el sistema de fortalezas que lo rodean. Allí, gracias al cruce previo de correos electrónicos y el envío de varias solicitudes antes de partir, pude contar con la ayuda de diversos expertos y guías locales para conocer el terreno a la perfección.

Tumba de un soldado desconocido en el osario-monumento de Verdún.

Durante las calurosas jornadas que invertí en conocer de modo minucioso cada rincón de Verdún y los vestigios de los fuertes de Douaumont y Vaux, ambos erigidos al noreste de la ciudad, pude comprobar por mí mismo los estragos que la guerra puede llegar a ocasionar en los seres humanos, pero también en el paisaje que, en la actualidad, nada tiene que ver con lo que vemos.
..
Hay que verlo con los ojos de aquella época, con mirada analítica, curiosa, pues la Historia aún está presente en Verdún, en sus edificios, en las colinas que lo rodean, en su cultura, en su sociedad, en cada uno de sus habitantes…
..
Aquel fue el inicio de un viaje, también, introspectivo.

Esquema gráfico de la sección horizontal de Fort Douaumont (Ilustración: Neil Demarco).
Invierno de 1916.
Atrás quedó el lejano verano de 1914, donde todas las potencias que intervinieron en los compases iniciales de la Gran Guerra creían que aquel conflicto terminaría en breve, que sería cuestión de meses, incluso de semanas, llegaron a opinar los más optimistas.
..
Ni mucho menos. Dos años después, ya en Febrero de 1916, la guerra de movimientos que caracterizó la primera etapa de la Primera Guerra Mundial, era apenas un lejano recuerdo en la mente de los soldados que aún conservaban el físico intacto. Todavía restaban dos años por delante para que, a finales de 1918, terminase el conflicto bélico que, supuestamente, iba a acabar con todas las guerras. Pero aún estamos en 1916, en plena guerra de trincheras, donde los hombres viven, luchan y mueren en condiciones miserables, entre fango, humedad, ratas, enfermedad y alambre de espino.

Soldados franceses atrincherados entre la miseria.
Nos encontramos en la región oriental de Francia, en Verdún, en una ciudad estratégica en la ruta hacia París. De sur a norte, las aguas claras del río Mosa transcurren a lo largo de la urbe con trazado serpenteante. Su suave rumor presagia catástrofe.
..
En las proximidades de Verdún, como un anillo defensivo trazado a varios kilómetros del casco urbano, varias fortalezas dominan las colinas que rodean la ciudad. Son muchas las que, décadas atrás, se erigieron para proteger aquel emplazamiento de crucial importancia ante un posible avance alemán, directo desde el este.
..
Casi una veintena de estos fuertes de grandes dimensiones, además de otros menores, fueron levantados a base de piedra a finales del siglo XIX. Fue a comienzos de la siguiente centuria cuando se reforzaron algunos de ellos, como Fort Douaumont y Fort Vaux, con hormigón, acero y capas de arena capaces de resistir bombardeos de gran intensidad.
..
Numerosas piezas de artillería también decoraban la espartana estructura de estos modernos castillos parcialmente enterrados con el objetivo de confundirlos con la orografía. Cañones de 75 mm. y otros del doble de calibre asomaban por algunos de sus muros. Extrañas setas metálicas encumbraban el techo de sendas fortalezas. No eran lo que aparentaban, eran torretas giratorias capaces de asomar unos centímetros sobre el terreno. Mediante estos ingenios levadizos, los defensores podían disparar los cañones en ellas instaladas y, después, volver a ocultarlas para evitar sufrir daños en posteriores ataques del enemigo.

Una de tantas cúpulas que dominan la parte más alta de Fort Douaumont.
Semejante esfuerzo bélico del Ejército francés se realizó en pos de un único objetivo. Verdún, ya antes de 1914, se había presentado ante el mundo como un enclave simbólico, inexpugnable, ni más ni menos que el orgullo de Francia.
..
El sistema defensivo de Verdún, en 1916… ¿Seguía siendo algo de lo que poder presumir? En breve, los alemanes lo iban a poner a prueba.
21 de Febrero de 1916
Amanece una jornada que quedará grabada en la Historia a base de sangre y fuego. Erich von Falkenhayn, el Jefe del Estado Mayor alemán, ha logrado reunir un millón de hombres en el sector de Verdún. Ante él, la ciudad se presume como un objetivo sencillo, pues ha analizado a conciencia la problemática logística que podría condenar al Ejército francés en cuestión de semanas.

Falkenhayn, comandante en jefe alemán.
Verdún dependía de una maltrecha carretera, bautizada como “Voie Sacrée” (Vía Sagrada), por la que una red de camiones abastecía de víveres y munición a los hombres allí destinados. Para poner aún peor las cosas a los franceses, las comunicaciones ferroviarias prácticamente estaban cortadas. Podría decirse que, Verdún, era un cuello de botella proclive al colapso en caso de ataque.
..
Erich von Falkenhayn no se lo piensa dos veces y da la orden de ataque. Las tropas germanas se enfrentan a un contingente inferior, constituido por apenas 500.000 hombres, muchos de ellos desmotivados o acomodados debido a la rutinaria vida en el interior de los fuertes que rodean Verdún. Otros, por su parte, sabedores de la simbólica importancia del sistema defensivo que circunda la ciudad, se aprestan para el combate, pues saben que perder Fort Douaumont puede resultar devastador para la moral de los militares, pero también de la sufrida población civil francesa.
..
Von Falkenhayn vaticina un éxito grandioso poco después de poner en marcha su plan. Sabe que Verdún es vulnerable y que, tras una guerra de desgaste, obligará a los franceses a firmar la capitulación, pues allí se desangrarán sus ejércitos.
Éxitos iniciales.
Gracias a una desastrosa decisión del generalato francés, numerosas piezas de artillería fueron retiradas de los fuertes durante 1915, además de una importante cantidad de munición, ya que consideraban las fortalezas como un sistema defensivo anticuado e incapaz de detener a los alemanes, cuya artillería se había revelado como un arma devastadora durante los primeros meses de la Gran Guerra. También los efectivos que servían en los fuertes se vieron reducidos de un modo ostensible, apenas sí se dejó en su interior el número suficiente de hombres como para mantener en funcionamiento las instalaciones. Decisión que saldría muy cara a Francia.

Una antigua ilustración recoge la brutalidad de los combates, que llegaron al cuerpo a cuerpo en múltiples ocasiones.
Muchos soldados franceses, parapetados en sus trincheras, maldicen su suerte durante las primeras horas de la batalla, pues el apoyo artillero es insuficiente para detener la marea de uniformes grisáceos que se cierne sobre sus posiciones. ¿Dónde se han metido nuestros camaradas de Fort Douaumont?, se preguntan unos en medio del intenso tiroteo. ¿Qué pasa con nuestra artillería?, añaden otros, muertos de miedo, zarandeados por salvajes explosiones.
..
La mañana del 21 de Febrero de 1916 atestigua un considerable empuje de la infantería alemana, que apoyada por su artillería pesada emplazada en retaguardia, asesta golpes demoledores a las primeras líneas defensivas de los franceses. Tal es así que al final del día la primera línea de trincheras ha caído en poder del Ejército alemán. Un éxito que, a ojos del Alto Mando germano es insuficiente.
..
Veinticuatro horas después, la acometida de los alemanes no pierde ímpetu. La lucha es encarnizada pese a la dura climatología. Los contendientes sucumben arropados por el clamor ensordecedor de las armas. Miles de soldados germanos se dejan la piel para progresar un metro, los franceses hacen lo propio para no ceder otro.
..
Llegado el día 23, las divisiones del káiser logran avanzar unos tres kilómetros a lo largo del vasto frente, de unos cuarenta kilómetros de extensión desde un extremo hasta el otro. Todo el terreno se presenta removido por las explosiones de la artillería alemana, que desde la víspera del ataque inicial se ha empleado a fondo para reducir al enemigo. Pese a ello, los “Poilu” (“peludos”, sobrenombre de los soldados franceses) aguantan como pueden los incesantes ataques. Hasta que entran en acción unos inventos maquiavélicos capaces de volatilizar la moral francesa.

Infantería alemana al ataque.
Son los Flammenwerfer alemanes, los temidos lanzallamas. Lenguas de fuego abrasador lamen las trincheras. Siniestros arcos rutilantes se dibujan en el campo de batalla. Allí donde alcanza el líquido incandescente, decenas de soldados del Ejército francés perecen sin remedio. Otros, convertidos en antorchas humanas, corren en busca de una improbable salvación a la que tratan de abrazarse al tiempo que emiten chillidos sobrecogedores.
..
Pronto sucumben bajo la lluvia de plomo inmisericorde o, en el peor de los casos, caen sobre el fango para terminar convertidos en momias ennegrecidas, humeantes. No tardan en producirse las primeras rendiciones. 3.000 soldados franceses elevan las manos al cielo para evadir la muerte. Emprenden el camino del cautiverio con el estruendo de los disparos como telón de fondo. Han salvado la vida de puro milagro.
..
Durante el día siguiente, el 24 de Febrero de 1916, los alemanes prosiguen su avance a lo largo de todo el frente. Artillería, disparos de ametralladoras y fusilería, además de los implacables morteros y lanzallamas, trabajan codo con codo para desalojar a los soldados franceses de sus posiciones. Alemania, personificada en los uniformes de sus soldados que allí combaten, arrasa el campo de batalla. Al concluir el día, otros 10.000 prisioneros franceses se suman a los del día anterior…
..
El desastre se presume inminente en los alrededores de Fort Douaumont que, de momento, permanece en manos francesas.

Soldados franceses, cautivos, son vigilados por sus guardianes germanos.
Las primeras jornadas de la ofensiva alemana se saldan con otro éxito más para von Falkenhayn. Toda la segunda línea de trincheras del Ejército francés ha caído en sus manos y ha desplazado el frente varios kilómetros tierra adentro. Sin duda alguna, las nuevas armas y tácticas alemanas han resultado muy efectivas.
..
Tanto los lanzallamas como las tropas de choque se han mostrado capaces de decantar la balanza para los germanos, cuyos enemigos, cogidos por sorpresa, apenas dan crédito a lo que acaban de experimentar.
..
Compañías enteras han quedado pulverizadas pese a haber ofrecido resistencia suicida hasta el último hombre y el último cartucho. Bayonetas que apuntan al cielo, aún sujetadas a los fusiles, simbolizan tumbas mudas de quienes han hallado la muerte sepultados bajo toneladas de tierra; el filo del metal asoma entre el lodo aquí y allí para dejar testimonio de la masacre.
..
Numerosas unidades francesas, incomunicadas con el alto mando, apenas han tenido oportunidad de hacer llegar su situación a sus superiores, quienes, carentes de información, son incapaces de hacerse una idea global de lo que ocurre. Los generales franceses, ni en sus peores pesadillas, son capaces de asumir todo cuanto ocurre alrededor de Verdún. El desconcierto es total… Pero lo peor está aún por llegar.
Cae Fort Douaumont, cae un mito.
El 25 de Febrero de 1916 ocurre lo inesperado para las tropas alemanas, lo inevitable para las tropas francesas. Se trata de la caída del fuerte Douaumont, el coloso enclave defensivo de unos 30.000 metros cuadrados y varios niveles de profundidad, en cuyos pasillos reverbera sin cesar el sonido de la batalla.

Las defensas francesas resultan insuficientes para contener el empuje del Ejército alemán.
Existe documentación diversa que confirma que quienes lograron la proeza fueron elementos del 24º Regimiento Brandenburg. Pero, a partir de aquí, existe un halo de misterio en cuanto a quién o quiénes fueron los verdaderos responsables de la toma del fuerte.
..
Cabe citar que, justo aquella jornada, fruto de las desacertadas decisiones previas del alto mando francés, Fort Douaumont no contaba con defensas sólidas con las que resistir un ataque. Apenas un puñado de piezas de artillería y unas cuantas ametralladoras, servidas por alrededor de 60 soldados franceses, era la única barrera que separaba a los alemanes de obtener un éxito sin precedentes. Semejante hazaña, meses atrás, se planteaba como algo imposible o, en caso de lograrse, supondría centenares de bajas para los germanos. Pero, justo en ese momento, desconocían la situación real de la fortaleza, prácticamente desatendida.
..
Durante largas horas, la artillería al servicio del Káiser Wilhelm II, machaca a conciencia el fuerte. Toda su estructura retumba a cada explosión que tiene lugar sobre su superficie. Incluso los cimientos vibran. Dentro, la guarnición opta por agazaparse en lo más profundo de la fortaleza para evitar una muerte más que probable. El ruido es ensordecedor pese a que la gruesa estructura amortigua el intenso ruido. Gran cantidad de polvo en suspensión flota en el ambiente junto con el olor a explosivos que se desliza hacia el interior.

Supuesta fotografía del sargento Kunze.
En medio de la confusión, a pesar de la nevada y la granizada de obuses que cae en aquel sector del frente, un grupo de alemanes que se halla en labores de reconocimiento llega ante los muros de Fort Douaumont contra todo pronóstico. Su misión consiste en despejar el camino a sus compañeros, que pronto lanzarán un asalto contra el bastión francés. Alambre de espino, minas y otros obstáculos han de ser removidos antes de que sus camaradas acometan contra el símbolo de la defensa francesa.
..
Aprovechando que uno de los muros ha colapsado en parte a causa del impacto de un obús, el reducido grupo de alemanes elucubra un plan para deslizarse en el interior del complejo. Kunze, un resulto suboficial, se las apaña para trepar por el dañado muro y la valla que lo encumbra para, poco después, dejarse caer en el foso del fuerte. Ya dentro, el sargento encabeza una expedición hacia el interior de la fortaleza. Únicamente van armados con sus fusiles. Avanzan con paso cauto. La tensión se refleja en sus rostros, ajados por el frío y las privaciones.
..
A su vez, por otro lugar del perímetro de Fort Douaumont, un teniente llamado Radtke comparece en las inmediaciones del complejo defensivo acompañado por un puñado de soldados. No dan crédito a lo que ven sus ojos. Nadie ha disparado sobre ellos… ¿Qué demonios ocurre allí? Tampoco saben que Fort Douaumont carece de los suficientes hombres para defenderlo.

Paisaje lunar en Fort Douaumont ocasionado por los intensos bombardeos.
Kunze se adentra en los fantasmagóricos túneles del fuerte, donde la iluminación podría decirse que brilla por su ausencia. A sus oídos llegan los estampidos de los obuses cuando revientan sobre la superficie.
..
Tan sorprendido como el grupo de franceses que sirven uno de los cañones instalados en la fortaleza, Kunze reacciona antes que sus enemigos y logra conminarles a la rendición. En solitario, el suboficial alemán, con su amenazante fusil bien sujeto entre las manos, conduce a los prisioneros a través de los pasillos subterráneos. Llegados a un patio, los temerosos galos echan a correr, pero Kunze no dispara; sabe que en breve sus hombres les capturarán.

En el exterior, la artillería alemana prosigue su trabajo.
Acto seguido, el sargento prosigue su temeraria acción en el interior del fuerte. Logra alcanzar un barracón donde varios miembros de la guarnición abren los ojos como platos al ver que un único hombre les anuncia que son prisioneros del Ejército alemán.
..
No hay tiempo que perder. Kunze atranca la puerta y continúa su labor a través de las laberínticas entrañas de Fort Douaumont.
..
Entre tanto, el teniente Radtke hace lo propio con los hombres a su cargo y procede a la captura de la desprevenida guarnición que aún resta en el interior de la fortaleza. Ni él ni sus subordinados dan crédito a lo sucedido. ¿Será una treta de los “Poilu”?, se pregunta una y otra vez. ¿Habrán ocultado explosivos aquí dentro y querrán volarnos por los aires de un momento a otro?
..
Ni mucho menos. Tanto Radtke como Kunze, una vez se encuentran en el patio, se muestran incrédulos ante la pasmosa facilidad con la que han ejecutado la proeza. No han pegado ni un tiro y el orgullo de la defensa francesa ha caído en su poder en menos de una hora. Hay quien asegura que todo ocurrió en unos treinta minutos… Tampoco han lamentado bajas. Increíble. Poco después, el teniente Radtke procede a repartir a sus hombres por distintos puntos estratégicos de Fort Douaumont, pues deben asegurarlo hasta que lleguen los refuerzos.

Fotografía detallada de Fort Douaumont antes de la guerra.
Más de uno de los asaltantes no puede evitar la tentación y corre hacia la cocina del fuerte, pues allí hay un auténtico arsenal, no de armas, sino de víveres. Todo un lujo del que pronto dan cuenta, pues las privaciones de la guerra pasan factura y contar con semejante botín, bien vale jugarse un arresto por una pequeña insubordinación. Al fin y al cabo, no hay franceses contra los que pelear allí dentro.
¿Qué ocurrió después?
Tras la toma de Fort Douaumont, casi de inmediato y ya con el fuerte controlado por Kunze, Radtke y sus hombres, más soldados se sumaron a engrosar las filas de los nuevos ocupantes de la fortaleza. Dos unidades comandadas por el teniente von Brandis y el capitán Haupt irrumpen en el lugar para consolidar la posición. Como suele ser habitual, y así lo ha demostrado la Historia en otros conflictos bélicos, los últimos en llegar se llevan los honores y las condecoraciones…
..
Así fue el caso de von Brandis y Haupt, quienes obtuvieron los elogios del propio Káiser en detrimento del osado Kunze.

Soldados alemanes ocupan uno de los barracones de Fort Douaumont, poco antes en manos francesas.
Más allá de aquel 25 de Febrero de 1916, la ocupación alemana se prolongó durante largos meses.
..
Un periodo de tiempo en el que los franceses bombardearon día tras día el lugar hasta convertirlo en un paisaje lunar que a día de hoy aún conserva las cicatrices de la guerra. Cicatrices que aún resaltan a la vista pese a que, años después, se plantaron nuevos árboles que, con el paso de las décadas, han crecido para tratar de enmascarar la brutalidad de la guerra.
..
Algo que, a día de hoy, ha sido imposible pues, entre unos y otros, arrojaron en Verdún millones de proyectiles de artillería. Sí, ha leído bien, millones de obuses convirtieron el lugar en un lodazal, paisaje irreconocible, carente de vida, masacrado por la metralla, regado con la sangre de millares de muertos y heridos.

Paisaje desolador en los alrededores de Douaumont.
El 24 de Octubre de 1916, tras varios intentos, el Ejército francés logró retomar la posición. Esfuerzo que le costó a Francia y sus colonias la vida de miles de sus soldados.
..
Pero también debe tenerse en cuenta el grave error de desproveer a las fortalezas de buena parte de sus armas y dotaciones, pues condenó a la muerte a decenas de miles de soldados en un esfuerzo titánico por frenar la acometida alemana. En vez de error, también podría llamarse falta de previsión, o tal vez incompetencia en grado sumo.
..
Alrededor de los tres cuartos de los soldados que lucharon por Francia en las colinas que rodean Verdún, de un modo u otro, sirvieron en el frente de Verdún. El sistema de rotaciones permitió “refrescar” a los exhaustos hombres que, día tras día, padecieron lo indecible. Por su parte, los alemanes únicamente hicieron rotar a un cuarto de sus soldados en aquel sector. Verdún, una trituradora de seres humanos que, salvo la batalla del Somme, no tuvo parangón.

Infantes franceses lanzan un asalto.
El resultado.
Las consecuencias de la batalla de Verdún afectaron desde las cúpulas militares de ambos países enfrentados, cuyas cabezas fueron “decapitadas” en favor de otros que les sucedieron con mayor o menor fortuna. Pero los grandes afectados fueron los soldados que allí lucharon.
..
Casi un millón de bajas aportaron entre Francia y Alemania al resultado final de la batalla más larga de la Primera Guerra Mundial, que empezó un 21 de Febrero y concluyó un 19 de Diciembre de 1916. De esas bajas (soldados heridos, enfermos, mutilados y desaparecidos), más de 250.000 jamás regresaron a sus hogares, pues allí encontraron su doloroso final.
..
Invito a que el lector extraiga sus propias conclusiones. Invito a que reflexione acerca de esta carnicería; tal vez una de las más brutales que jamás haya conocido la Historia.

El resultado: millares de muertos sobre el campo de batalla.
Invito también al lector a que, si algún día tiene la posibilidad, pasee por el osario-monumento donde descansan los restos de soldados franceses y alemanes desconocidos, el cementerio y los campos de batalla que rodean Verdún.
..
En un solitario paseo, justo en uno de los caminos que conducen a Fort Douaumont, encontré de casualidad los restos de un soldado anónimo. Sus huesos asomaban entre la fina capa de hierba. Llevaba prismáticos, una de sus lentes estaba atravesada por la raíz de un árbol. Varios botones, después de separarlos de pequeños restos de uniforme y retirarles el barro, volvieron a relucir con esplendor al recibir la caricia de los últimos rayos de aquel cálido sol de un atardecer más del mes de Agosto…

El autor frente a los exteriores de Fort Douaumont.
Era alemán.
Aquellos simples botones delataron su procedencia.
Así lo confirmé con los arqueólogos que lo desenterraban ante mi mirada, cargada de fascinación, respeto, y también dolor, por qué no admitirlo.

Monumento erigido en uno de los túneles en memoria de los centenares de soldados alemanes que murieron en una explosión dentro del fuerte. Tras el muro reposan sus restos.
Una vez fue un soldado que allí quedó sepultado junto a otros tantos hombres que perecieron en el campo de batalla. Todos ellos, abrazados por la muerte, que no distingue de nacionalidades, emprendieron un viaje hacia la eternidad dados de la mano.
..
Era alemán, pero bien pudo ser francés…
..
Muchos más aún subyacen bajo el terreno a la espera de que alguien rescate su memoria, pues miles desaparecieron sin dejar rastro bajo el fango.

En la actualidad, aún aparecen restos de soldados anónimos que cayeron en Verdún.
Sonreí al alejarme de allí. Sí, sonreí, pero también sentí gran alivio, pues acababa de dejar atrás a aquel soldado en manos de los arqueólogos del memorial de Verdún, pues sé que sus restos pronto reposarían junto a los de miles de hombres anónimos que dejaron su vida en Douaumont y sus alrededores.
..
Descasen en paz.
..
¡Comparte si te gustó!
..
Ⓟ y Ⓒ Daniel Ortega del Pozo
..
PD: Si disfrutaste de este episodio histórico, te espera mucho más en mis novelas. Puedes acceder a ellas en:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.