CURIOSIDADES BÉLICAS #10: Gespensterdivision. La “División Fantasma” de Rommel.

Regresamos con Rommel a la Segunda Guerra Mundial en esta nueva entrega de “Curiosidades bélicas”. Nos hallamos en las postrimerías de la invasión alemana de Francia, en el mes de Mayo de 1940.
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Cientos de carros de combate alemanes rugen a lo largo de la frontera de Francia y también del Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo). En la madrugada del 10 de aquel Mayo de 1940, el estrépito ocasionado por los blindados germanos irrumpe en la quietud de la noche. El estruendo resulta abrumador una vez las orugas se ponen en marcha. Como bestias prehistóricas, arrollan todo a su paso, sin encontrar oposición digna de mención. La sorpresa es total. El enemigo huye en desbandada.
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Blitzkrieg (Guerra Relámpago) en estado puro. Ingenioso y devastador sistema de hacer la guerra por parte de la Wehrmacht (Ejército alemán) con Heinz Guderian como uno de sus mayores artífices. Los tanques avanzan en cabeza sobre el terreno enemigo. La aviación se suma al ataque para reducir a escombros todo nido de resistencia. Y, a modo de colofón, la infantería termina por limpiar y tomar el terreno conquistado.
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Nada ni nadie, en 1940, parecía estar a la altura de la todopoderosa Wehrmacht.
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Para que el lector se haga una idea de la magnitud del éxito de Alemania en la fase inicial de la guerra, cabe citar unos intervalos temporales. Tras el comienzo de la invasión, Holanda se rinde en 8 días, Bélgica en 18 y, por su parte, Luxemburgo capituló en unas horas.
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Llegó el turno de Francia, cuyo Ejército apenas pudo evitar lo inevitable. En cuestión de seis semanas, Alemania logró vencer a su eterno enemigo en una guerra fugaz, de movimientos quirúrgicos en algunas fases. Un enemigo que, en la anterior guerra (1914-1918), fue incapaz de someter durante cinco largos años de guerra. Pero en esta ocasión, las tornas habían cambiado en favor de Alemania. Tal es así, que el 22 de Junio de ese año de 1940, Francia firmó el armisticio.
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Monumento donde una vez se detuvo el vagón CIWL Nº2419-D.

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A modo de anécdota, permita el lector que le susurre un secreto: en la Primera Guerra Mundial, alemanes y franceses sellaron la rendición germana en el interior de un vagón de tren (el CIWL Nº2149). Dado que Hitler no quiso dejar pasar la oportunidad de cobrarse su particular venganza tras vencer a Francia, emuló la escena durante la Segunda Guerra Mundial y, finalmente, aquel vagón terminó expuesto en Berlín a modo de trofeo de guerra (nunca mejor dicho).
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Por desgracia, el vagón jamás sobrevivió a la guerra, ya que en Marzo de 1945, durante los últimos compases de la guerra, los alemanes lo dinamitaron. Aunque otros mantienen que fue destrozado durante un bombardeo aliado…
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Pero, ¿qué ocurrió durante esas seis semanas de combates en suelo francés?
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El Alto Mando alemán, tras conformar tres grupos de Ejércitos (A, B y C), lanzó al ataque al grupo B por el norte para penetrar por Holanda y Bélica, al grupo A por el centro, para abrir brecha a través de las “impenetrables” Ardenas en dirección Francia y Luxemburgo y, por último, el grupo C se encargó de mantener el flanco sur frente a la conocida línea Maginot, inservible en este tipo de guerra moderna de los años 40.
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Rommel, a quien previamente se le había entregado el mando de la 7ª División Panzer en Febrero de 1940 a modo de “trofeo” por parte de Hitler en persona tras su exitosa participación en la campaña de Polonia, progresa en dirección oeste encuadrado en el Grupo de Ejércitos A (comandado por von Rundstedt).
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Rommel en su vehículo de mando.
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Si seguimos la cadena de mando hasta llegar al propio Rommel, nos cruzamos con personajes clave en la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial. Hablo de Hermann Hoth, comandante del XV Cuerpo de Ejército donde se encastraba la 7ª División Panzer de Rommel, la 5ª División Panzer y la 62ª División de Infantería. También cabe señalar a Günther von Kluge, comandante del 4ª Ejército, mando intermedio entre Rundstedt y Hoth. Sin duda, un puñado de oficiales predestinados al éxito absoluto en la campaña francesa.
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Tal vez este esquema facilite la labor al lector a la hora de encuadrar a Rommel dentro de la enrevesada cadena de mando alemana:
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Grupo de Ejércitos A – Generaloberst Gerd von Rundstedt.
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4º Ejército – Generaloberst Günther von Kluge.
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XV Cuerpo de Ejército – General der Infanterie Hermann Hoth.
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+ 5ª División Panzer.
+ 7ª División Panzer – Generalmajor Erwin Rommel.
+ 62ª División de Infantería.
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Seguro que al reparar en el esquema, el lector se ha dado cuenta de un detalle muy curioso. Efectivamente, Rommel en 1940 aún no era tan popular como sí lo sería allá por el año 1944. Todavía no era el Mariscal de Campo Rommel que pasó a los libros de Historia como el conocido “Zorro del Desierto”, cuya figura siempre será recordada como el general que recorrió el norte del continente africano desde Túnez hasta Egipto con sus inmortales Afrika Korps. Aún le restaban proezas militares por realizar, como la que nos atañe hoy: la campaña de Francia.
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Si algo caracterizó a Rommel fue su maestría a la hora de ejecutar movimientos arriesgados que en numerosas ocasiones le condujeron hacia la victoria. En 1940, veterano de la Primera Guerra Mundial, Rommel era conocedor de que una rápida actuación en el frente podría evitar consecuencias nefastas.
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Rommel en la Primera Guerra Mundial.
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Durante la contienda desarrollada entre 1914 y 1918 experimentó en sus propias carnes la tragedia de la guerra de trincheras, por lo que en su mente solamente tenía cabida la idea de avanzar rápido como una flecha, a través del territorio enemigo, para conquistar sus objetivos y prevalecer así sobre sus rivales de un modo eficiente, es decir, sin sufrir bajas elevadas.
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Hay historiadores que sostienen que el avance de Rommel en Francia superó con creces los movimientos de Patton con sus blindados en años posteriores. Rommel supo sacar óptimos resultados de sus carros de combate y, en comparativa, fue más osado a la hora de tomar decisiones y aceptar riesgos que, finalmente, hicieron que el general alemán obtuviese grandes frutos de cada triunfo. ¡Y eso que apenas contó con dos meses para entrenar a los hombres de su división!
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Cronología de éxitos.
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El 10 de Mayo Rommel cruza la frontera de Bélgica y el 12 de mayo de 1940 la 7ª División Panzer alcanza Dinant. Al día siguiente, logra su primera proeza. Cruza el río Mosa pese a que la resistencia enemiga se mostró enconada. Incluso el propio general, aseguran varias fuentes, se metió hasta la cintura en el río para colocar vigas sobre el lecho fluvial donde poco después se tenderían puentes sobre el Mosa; pasarelas esenciales para el tráfico rodado de sus carros de combate. Poco le importó estar bajo el fuego de las armas belgas, él ya sabía lo que era la guerra. Había que asumir riesgos de vez en cuando para alcanzar las metas propuestas.
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Blindados alemanes cruzan un río gracias al trabajo previo de sus camaradas.
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Así constató, una vez más, una cita a él atribuida: “Nunca pido a mis hombres nada que yo mismo no pueda hacer”. Poco después, con el general a la cabeza en uno de sus Panzers, el río Mosa quedó a sus espaldas y el resto de la “División Fantasma” cruzó tras él.
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En una de estas arriesgadas maniobras Rommel estuvo a punto de perder la vida. Su propio blindado resultó inutilizado por las armas antitanque enemigas. Con numerosos soldados franceses a punto de echarle la mano encima, apareció como una racha de aire fresco uno de sus camaradas a lomos de un Panzer. Se trataba del coronel Rothenburg, al mando del 25º Regimiento Panzer, que logró llegar a tiempo para rescatar al general (herido en la cara en esos momentos) y liberarlo de la grave amenaza de caer prisionero o, peor aún, sucumbir bajo los disparos enemigos.
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El 15 de Mayo de 1940, ya con los vestigios humeantes de algunas posiciones de la inútil Línea Maginot francesa tras de sí, rebasa Philippeville y progresa en dirección oeste a ritmo vertiginoso. Avesnes y Le Cateau también caen en manos alemanas en un abrir y cerrar de ojos. En medio del estruendo de los combates, algunos lugareños confunden a los alemanes con tropas británicas. ¡No puede ser! ¿Los “bárbaros” ya están aquí? ¡Menuda visita inesperada! Muchos huyen a sus casas en busca de protección ante la avalancha germana que todo arrasa a su paso.
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Movimientos iniciales de la “División Fantasma” del 10 al 26 de Mayo de 1940. (Créditos del mapa al autor).
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Es durante estas primeras fechas cuando la 7ª División Panzer obtiene su sobrenombre, no es otro que la “División Fantasma”. Rommel, audaz e incluso temerario en algunos momentos de la ofensiva, ordena silencio absoluto en las comunicaciones por radio. Apenas establece contacto con el Alto Mando durante algunos minutos a lo largo de las largas horas de cada jornada repleta de combates, maniobras de flanqueo, progresos insólitos y pausas para las obligadas tareas de reabastecimiento.
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Si desde las altas esferas se esperaba que Rommel estuviese en un punto en concreto en una fecha concreta, resultaba que, al radiar su posición, no se encontraba allí, sino a varios kilómetros más allá de lo inicialmente planeado. Si se esperaba que la división de Rommel permaneciese a la espera de otras divisiones (su “gemela” durante el avance, la 5ª División Panzer, o incluso la 62ª de Infantería, sus apoyos directos que marchaban a pie o en camiones en el mejor de los casos), semejante idea no cabía en la cabeza del general, quien ya se encontraba varios pueblos más al oeste de lo esperado.
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No es de extrañar que alguno de sus superiores perdiese los papeles en más de una ocasión. Los preciados blindados de Rommel podrían haber quedado embolsados si el enemigo hubiese ejecutado algún movimiento en pinza a modo de contraataque tras los avances iniciales de la 7ª División Panzer. Rommel solamente pensaba en una cosa… ¡Avanzar, avanzar y avanzar!
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Imparables, los carros de combate alemanes progresan en suelo francés.
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Sus carros de combate, que habían recibido la orden de disparar únicamente en posición estática, era otra aberración que Rommel era incapaz de comprender. ¿Había que frenar en seco para apuntar y asegurar el blanco? ¡Imposible! Rommel incumplió la orden una y otra vez. Sus Panzers, que siempre marchaban en cabeza, disparaban en movimiento, como imitando a sus camaradas de la Kriegsmarine (Marina de Guerra alemana).
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Salvas por doquier. Ráfagas de ametralladora a diestro y siniestro. Cañonazos al frente, izquierda y derecha. Rommel solamente permitía avanzar y pasar por encima del enemigo.
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Ciudades y pueblos cayeron uno tras otro.
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Si el objetivo se presumía complicado o precisaba demasiado tiempo para tomarlo y asegurarlo, el general ordenaba movimientos de flanqueo para rebasarlo y, con la complicidad de sus camaradas que marchaban en retaguardia, se aseguraba de no dejar la retaguardia expuesta. Audacia y temeridad combinadas para sorpresa de propios y extraños.
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Pero el brillante avance debía tomarse un respiro de vez en cuando, como fue el caso de la llegada a Le Cateau, donde Rommel hubo de ordenar el alto ya que parte de su propia división se había quedado rezagada. Se puede hacer el lector una idea de que, muy por detrás, apenas podían seguir su ritmo el resto de divisiones que progresaban por su sector. Solamente la Luftwaffe (Fuerza Aérea alemana), que brindaba vital apoyo sobre sus cabezas, eran los únicos capaces de acompañar el intrépido camino trazado por los Panzers.
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Un blindado alemán pasa al lado de los restos humeantes de un carro enemigo.
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Llega el 21 de Mayo de 1940.
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Rommel llega a Arras. Allí le aguarda una desagradable sorpresa. Un regimiento blindado británico contraataca con peligrosa furia, ya que se saben entre la espada y la pared. Si no lograban detener el avance germano, pronto se verían nadando hacia Inglaterra. Pese a la presencia de los cañones alemanes Flak 8,8 cm., conocidos como “asesinos de tanques”, los británicos se defendieron como gato panza arriba. No les quedaba otra opción: resistir o morir.
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Durante sucesivos días caen más localidades en manos germanas, como fue el caso de Landrecies, Pommereuil (que cambió de manos un par de veces antes de ser controlado finalmente por los alemanes), Berlimont (cuyo puente, intacto, resultaba vital para el avance de la Wehrmacht), Cambrai (que parecía reclamar su protagonismo en la Historia una vez más en unión a los carros de combate; allí, en la guerra anterior, se pudo presenciar la primera gran batalla donde los tanques fueron los protagonistas absolutos, aunque no llegasen a cosechar los éxitos que Rommel iba consiguiendo en 1940), Arras (ubicación donde, por primera vez, el general alemán se enfrentó a las tropas británicas) y Vis-en-Artois (donde varios de los tanques de vanguardia de la división de Rommel fueron destruidos y él mismo permaneció rodeado y bajo fuego enemigo durante largas horas hasta que pudo esquivar la muerte, una vez más, por los pelos.
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En cierta ocasión, Rommel, en compañía de otro oficial, estudiaba un mapa con detenimiento. Ajeno al peligro incesante, de pronto un fragmento de metralla silbó a escasos centímetros de él. El metal incandescente segó la vida de su camarada en el acto. No era la primera ocasión en la que Rommel presenciaba la muerte de un compañero de armas a corta distancia.
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El listado de pueblos y ciudades capturados parecía no conocer fin en aquellas fechas.
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La infantería alemana, bajo el fuego enemigo, cruza el Mosa a bordo de lanchas inflables.
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Nuevo flirteo con la muerte.
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El 29 de Mayo recibió la orden de tomarse un descanso una vez hubo consolidado posiciones en los alrededores de Arras. Los combates habían sido exigentes en algunos tramos de la campaña de Francia y el Alto Mando pretendía que Rommel estuviese en óptimas condiciones para obtener futuros progresos camino de la costa francesa.
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Movido por su innata curiosidad, Rommel decidió hacer un pequeño “tour” en automóvil y visitar así la ciudad de Lille. Tamaña sorpresa la que se llevó el general, ya que una vez penetró en sus calles, pudo comprobar en persona que la ciudad aún estaba atestada de tropas francesas e inglesas. Mayúscula sorpresa la de sus enemigos, que en primer término no reconocieron o no pudieron creer que ante sus ojos tenían al que, años después, sería conocido como el “Zorro del Desierto”. Gracias a la sangre fría del general, que dio media vuelta y salió de allí como alma que lleva el diablo, pudo salvar la vida de milagro. O, lo que hubiese sido peor para él, caer en manos del enemigo.
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A fecha de hoy, quien escribe este artículo, aún no ha sido capaz de dilucidar qué razón puso en peligro en más de una ocasión a Rommel: bien su osadía en combate al empeñarse en dirigir a sus hombres en primera línea en numerosas ocasiones, o bien su curiosidad extrema (cabe citar que el general era un gran aficionado a la fotografía; casi siempre portaba con él una cámara de fotos para retratar todo aquello que llamaba su atención o pretendía dejar constancia gráfica para la posteridad).
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Fotografía tomada por el propio Rommel, testigo de excepción de la guerra en primera línea.
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Pocos días después del peculiar sobresalto, la 7ª División Panzer de Rommel es reclamada para volver a operar en el frente. Atrás habían quedado los angustiosos días de la “Operación Dynamo” (26 de Mayo al 4 de Junio) mediante la cual los aliados habían sido capaces de evacuar rumbo a Inglaterra a unos 300.000 soldados británicos, belgas y franceses.
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Hitler, mediante una orden inconcebible para muchos oficiales del Alto Mando alemán, había permitido el escape de su enemigo una vez éste estaba derrotado. ¿Fue una mano tendida para firmar la paz con Inglaterra? ¿Acaso fue una maniobra surgida de un impulso eufórico al verse claro triunfador de la campaña de Francia y, tal vez, de la Segunda Guerra Mundial en aquel año de 1940? Mucho me temo que es una cuestión que aún dará mucho juego entre los historiadores.
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Rommel retratado con su inseparable cámara.
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Con los franceses de rodillas, a punto de sucumbir, y los británicos prácticamente fuera del teatro de operaciones, una división de soldados escoceses osó plantar cara a los blindados de Rommel. Se trataba de la 51ª División “Highland”.
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Sus integrantes se habían retirado hacia el oeste en medio de fieros combates hasta alcanzar las inmediaciones de Saint-Valéry, al norte de Rouen, con la intención de embarcarse rumbo a Inglaterra. Esta vez Rommel debía impedirlo.
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Movimientos de la 7ª División Panzer a partir del 5 de Junio de 1940.
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El 8 de Junio Rommel pisa los arrabales de Rouen y, jornadas después, el día 10 concretamente, tras rebasar Ivetot, alcanza el Canal de la Mancha entre Fécamp y Saint-Valéry (no muy lejos de Dieppe). Contraataques temerarios trataron de impedir el arrollador avance de las tropas de Rommel. Huelga decir que jamás lograron su objetivo, ya que el general y sus hombres pudieron respirar el aire de la costa a lomos de sus temidos Panzers.
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Saint-Valéry se presentaba entonces como el valioso objetivo a tomar, pues allí se ubicaba el Cuartel General de Fortune, el general al mando de la 51ª División escocesa. Los bravos soldados escoceses se sabían atrapados, sin apenas oportunidad de escapar de aquel cerco mortal tendido por la 7ª División Panzer. La brutalidad de los combates habla por sí sola al citar las palabras del propio Rommel: “El enemigo se batió desesperadamente, primero con su artillería y sus armas antitanque, luego con sus ametralladoras y sus armas ligeras; el combate fuer particularmente encarnizado en torno a Le tot y la carretera de Saint-Sylvain a Saint-Valéry”.
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En las afueras de un pueblo, infatigable, la infantería alemana da soporte cercano a los blindados de la “División Fantasma”.
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Si alguien a estas alturas cree que Rommel dio un paseo triunfal por Francia durante la campaña de 1940, no puede estar más equivocado. Entre otras ocasiones donde las cosas se pusieron feas para el general, los combates en los alrededores de Saint-Valéry merecen especial atención, ya que los escoceses fueron, tal vez, ante quien más dificultad halló para cumplir con sus objetivos.
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Rommel instó a la rendición al general Fortune, quien rechazó la oferta ya que estaba decidido a que sus hombres embarcasen rumbo a Inglaterra. La artillería alemana no concedía tregua a la hora de impedir la labor, pero mucho menos los escoceses, quienes se batieron con dureza para permitir que algunos camaradas lograsen huir de aquel infierno. Un infierno en el que Rommel se vio obligado a involucrar a toda su división para reducir aquel inesperado foco de resistencia.
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Finalmente, y no sin invertir largas horas y mucho esfuerzo, además de numerosos recursos, la 7ª División Panzer de Rommel pudo tomar Saint-Valéry. El puerto quedó destrozado, la localidad repleta de barricadas humeantes y sus calles atestadas de cadáveres destrozados por el intenso cañoneo. Allí, Rommel hizo unos 12.000 prisioneros, entre los que se encontraban, además del general Fortune, otros altos oficiales franceses. El botín de guerra fue cuantioso: más de 50 tanques, casi 100 cañones de distintos tipos, más de 350 ametralladoras, miles de fusiles y más de un millar de camiones.
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Aquel episodio quedó grabado en la memoria de Rommel, quien evocó en sus pensamientos en más de una ocasión al general Fortune. Incluso habló de él a su mujer y a su hijo Manfred, a quienes retrató al oficial como un valeroso jefe de división que se había negado a ser repatriado ya que él mismo se hallaba muy comprometido con sus hombres (tanto en libertad como en el cautiverio). Sin duda, dos oficiales que, pese a pertenecer a distintos bandos, se admiraban mutuamente.
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Rommel y Fortune, ya cautivo este último de los alemanes en la localidad de St. Valéry.
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Aquellos duros combates fijaron la recta final en la campaña de Francia. Apenas unos días después, el 17 de Junio, la 7ª División Panzer alcanzaba las inmediaciones de Cherburgo, al norte de la península gala de Cotentin; ciudad que, dos jornadas después, se rendía de forma incondicional al general Rommel.
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Llegado el 25 de Junio, tras 46 días de combates en los que el oficial alemán dejó una impronta eterna en la Historia, la campaña de Francia tocó a su fin. Francia capituló tras 46 días de lucha. ¡Quién hubiese imaginado semejante escenario allá por 1918 cuando concluyó la anterior guerra!
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Rommel, soldado excepcional.
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Solamente soldados como Rommel, comprometidos con sus hombres y con la fe ciega en la victoria, son capaces de tornar situaciones límite en éxitos rotundos. Los resultados de la 7ª División Panzer, la “División Fantasma”, se deben tener muy en cuenta: hicieron casi 100.000 prisioneros y capturaron una ingente cantidad de material. En cuanto a las bajas propias experimentadas por la “División Fantasma”, cabe mencionar que no llegaron al millar los hombres que perdieron la vida bajo sus órdenes (unos 700), otros 1.700 resultaron heridos y, por último, 250 alemanes fueron dados por desaparecidos.
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Las cifras tal vez podrían haber sido mucho mayores (en bajas propias, prisioneros enemigos y botín de guerra) si la velocidad del avance que Rommel exigió a sus hombres hubiese sido menor. ¿Y qué pasó con sus tanques? Unos 40 resultaron destruidos o fueron declarados irrecuperables para la batalla (modelos Panzer I, II, III y IV; entonces, los míticos Panther y los Tiger aún eran una idea en la mente de sus creadores). No está nada mal para ser la primera vez que se le confiaba una División Panzer a Rommel.
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Carristas alemanes en una pausa durante los combates.
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Pero, tal vez, los éxitos que ahora podemos contrastar en los libros de Historia, seguro, mostrarían otra realidad si las decisiones tomadas por el general hubiesen adolecido de esa brillantez y agilidad que le caracterizaron en vida.
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A modo de conclusión, cabe recordar que Rommel, cuyos orígenes de tinte humilde, no parecían encajar con la cuna noble de la que procedían numerosos oficiales prusianos coetáneos, que pese a ser compañeros de armas en la Wehrmacht, siempre habían visto al futuro “Zorro del Desierto” como alguien distinto, diferente, que no encajaba con la “vieja escuela” del generalato germano.
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Tal vez por esta razón, muchos alemanes (y no alemanes) consideraban a Rommel como un héroe, un general del pueblo, alguien en quien depositar su admiración y confianza. Al fin y al cabo, Rommel era un militar vocacional que desde temprana edad había sentido correr por sus venas la llamada del camino castrense, que había luchado por Alemania en la Primera Guerra Mundial y que, en 1940, también había entrado en combate para luchar por su país, como tantos otros militares de medio mundo hicieron durante la segunda gran contienda del siglo XX.
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Rommel, cámara en mano, en 1940.
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¿Qué deparaba la Historia al general Rommel?
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Si el lector ha disfrutado de esta nueva entrega de “Curiosidades bélicas”, donde ha podido acompañar a la “Gespensterdivision” del general Rommel durante su periplo por tierras galas, pronto podrá hacerlo a través del desierto africano con sus Afrika Korps. Un episodio histórico al que desde estas líneas le animo a que comience a profundizar, si es que no lo ha hecho ya.
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Entre tanto, le invito a que amenice alguna lectura sobre las tropas de Rommel en compañía de dos bandas musicales que a través de sus letras relatan las hazañas de la “División Fantasma”. Hablo del grupo holandés Hail of Bullets y su tema “DG-7” y también de la banda sueca Sabaton y uno de sus himnos clásicos titulado “Ghost Division”.
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Si el estruendo de los motores de aquella 7ª División Panzer le pareció atronador, prepárese a la hora de escuchar a estas formaciones que no dudan en hacer rugir sus guitarras eléctricas.
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Rommel, héroe a ojos de amigos y enemigos.
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Suba el volumen, imagínese a lomos de un Panzer, y… ¡Disfrute!
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¡Comparte si te gustó!
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Ⓟ y Ⓒ Daniel Ortega del Pozo

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