CURIOSIDADES BÉLICAS #27: Wewelsburg. El misterioso castillo de Himmler.

Verano de 2015. Recuerdo a la perfección el atardecer de un día concreto del mes de Agosto. Aquella apacible jornada, que ya tocaba a su fin, fue muy especial, pues acababa de aparcar mi coche en una plaza pegada a los muros del castillo de Wewelsburg. Tras recorrer los casi mil setecientos kilómetros en apenas dos días, la fortaleza germana de la que tanto había leído estaba ante mí. Cierta emoción comenzó a invadirme. Sus imponentes muros, además del espectacular entorno donde se encuentra ubicado el castillo, me dieron una bienvenida que jamás olvidaré.

Mi llegada al castillo. Al fondo el antiguo alojamiento de la guardia de Wewelsburg, hoy museo y centro de investigación.
Anduve con cierta parsimonia los metros que me separaban de la entrada principal del castillo. Recuerdo el cansancio acumulado mientras dejaba atrás la pequeña iglesia erigida junto a la fortaleza. Pero, al atravesar el pequeño puente que conduce hacia el recinto interior de la misma, la sensación pareció esfumarse como por arte de magia. Mis pisadas resonaron con prudencia dentro de aquel patio de forma triangular, acotado por muros de anchura generosa, encumbrados en cada una de las tres esquinas por torres cuyas formas invitan a todo visitante a permanecer absorto por su irrefrenable magnetismo.
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De pronto, una voz me despertó del singular trance en el que me hallaba inmerso al tiempo que trataba de ubicar mil y una imágenes, en blanco y negro, de aquel castillo de Wewelsburg que desfilaban ante mis ojos a la velocidad del rayo. Era Kirsten, la directora del museo que hoy en día alberga el complejo de Wewelsburg, un lugar cargado de leyendas, crueldad, Historia, aún impregnado de un halo esotérico, donde realidades y mitos convergen en uno de los puntos más oscuros, o tal vez más misteriosos, de toda Alemania.

Gran detalle del personal que regenta el castillo.
¿Por qué me desplacé hasta aquel lugar? La respuesta no puede ser otra que: investigar y documentarme para comenzar a dar forma a un nuevo proyecto literario. No importa cuándo lo comience. Tampoco importa cuándo lo concluya.
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Lo esencial de aquel viaje fue que pude sentir el escenario y, tarde o temprano, el lector también será capaz de sentir lo que yo percibí, pues necesitaba empaparme de todo cuanto experimentaron los personajes reales que allí vivieron y murieron.
Antecedentes históricos de la fortaleza.
Wewelsburg, ubicada en Westfalia, al oeste de Alemania, no muy lejos de Dortmund y Colonia, es una modesta población que en la actualidad apenas supera los dos mil habitantes. Llama en especial la atención el castillo erigido en el punto más alto de la misma, una colina que despunta en los alrededores, desde la que se tiene una vista completa de todo cuanto la rodea.

Wewelsburg en la actualidad.
La singular fortaleza que despunta en el paisaje de tintes armónicos y apacibles, remonta sus orígenes a la edad media. Varias fuentes dejan constancia de emplazamientos en aquella colina que datan de los siglos IX y X.
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Aunque la actual construcción renacentista que podemos apreciar en todo su esplendor, la que se ha hecho célebre por su vinculación con las SS de Heinrich Himmler, fue construido a comienzos del siglo XVII. Desde entonces, hasta hoy, ha sufrido distintas reformas y reconstrucciones.
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Es en el año 1934 cuando Himmler, Reichsführer de las SS, arrendó el castillo de Wewelsburg al distrito de Büren – Paderborn (región a la que pertenece la villa) tras mantener varias negociaciones durante casi todo el año anterior. El coste estipulado en el contrato de alquiler no fue muy elevado para las SS. Se pagó la simbólica cifra de 1 Reichsmark por año, para un periodo total de cien años, cuya primera cuota se estableció para el 1 de Enero de 1934.

Bartels y Himmler.
Ya bajo sus dominios, encomendó al arquitecto Hermann Bartels su reconstrucción y rehabilitación para convertirlo en una suerte de centro del nuevo mundo. Himmler sabía que el proyecto de restauración supondría un coste elevado, por lo que no tardó en pergeñar una idea que le reportó pingües beneficios.
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Fundó la Asociación para el Avance y Mantenimiento de las Reliquias Culturales Alemanas (Gesellschaft zur Förderung und Pflege deutscher Kulturdenkmäler). A través de esta asociación obtuvo una importante financiación que llegó en forma de donaciones y algún que otro préstamo. De este modo, las arcas del NSDAP permanecerían intactas y Himmler podría seguir adelante con su proyecto.
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Un proyecto en el que invirtió algo más de 15 millones de Reichsmark y que no se centró únicamente en la fortaleza, sino que también sirvió para erigir otra serie de edificios que alteraron la figura original de Wewelsburg, como la “Casa del pueblo”, zonas residenciales para oficiales y sus familias, casa-cuartel para el cuerpo de guardia, una villa para el propio Bartels e incluso un campo de concentración de reducidas dimensiones, Niederhagen, que proporcionaría mano de obra forzosa para la reconstrucción del castillo.
¿Por qué razón Himmler escogió Wewelsburg?
El Reichsführer de las SS trató de apropiarse o arrendar otros castillos a lo largo y ancho de Alemania. Un camino repleto de fracasos en negociaciones anteriores condujo a Himmler hasta la pintoresca fortaleza de Wewelsburg. Fue un 3 de Noviembre de 1933 cuando el Reichsführer visitó por primera vez la estilizada población dominada por el castillo de forma triangular.

Himmler en una de sus visitas a Wewelsburg.
Parece que aquella visita inspiró al jefe supremo de las SS una serie de ideas y proyectos de futuro. Algunos, años después, se materializarían. Otros, por su parte, simplemente se quedaron en el limbo.
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Karl Maria Wiligut, consejero ideológico y una de sus principales influencias en materia de mitología y tradiciones germánicas, tuvo mucho que ver a la hora de que Himmler se decantara por la elección de Wewelsburg. Charlaron acerca de la leyenda de Schlacht amb Birkenbaum, la cual versaba sobre una gran batalla, que tendría lugar en las inmediaciones de aquel emplazamiento, donde un ejército occidental vencería a una horda de ejércitos procedentes del Este en una lucha épica.
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Himmler quedó fascinado por las explicaciones de Wiligut, pues sabía que tarde o temprano estallaría la guerra contra Rusia; mas no así los científicos de las SS que pronto comenzarían a trabajar en Wewelsburg. No resulta extraño que aquel personal, experto en diversas disciplinas como Historia, Arqueología, Antropología y Genealogía, siempre alineados conforme a la ideología nacional socialista, rechazasen de lleno los relatos fantásticos de Wiligut por considerarlos como algo poco creíble.

SS Ehrenring – Anillo de honor de las SS.
Fruto de esa historia, Himmler, que vaticinaba la lucha de Alemania contra las “hordas asiáticas”, decretó en 1938 que todo portador del Ehrenring (Anillo de Honor de las SS) que cayese en combate o abandonase organización de las SS, debía ser recuperado para su posterior depósito en el castillo de Wewelsburg. Este anillo, entregado por Himmler a modo de distinción exclusiva al personal de las SS, se fabricó en una tirada que, según estimaciones, alcanzó la cifra de 14.700 unidades. De ellas, con el transcurso de la guerra, alrededor de 9.000 regresaron a la fortaleza de Himmler.
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Aquella idea de construir una especie de santuario místico que desde un principio recorría su mente, cada vez estaba más cerca de convertirse en una realidad.

Maqueta del futuro Wewelsburg con la fortaleza en el centro.
También Wewelsburg se barajó como una futura escuela de líderes de las SS que gobernarían la futura Alemania, la nación vencedora en la presunta batalla que tendría lugar no muy lejos de los muros de la fortaleza de las SS. Dicha institución se proyectó como un centro de élite que regirían el país una vez Alemania resultase triunfante. Pero, con el transcurso de la década de los 30, la idea se desvaneció por completo. Solamente el elenco de expertos que allí fue ubicado se centró en sus labores de investigación acerca de la raza aria.

Plano del proyecto de remodelación de Wewelsburg y su entorno.
La siniestra fortaleza, con su peculiar entramado de muros y torres en forma de triángulo, se vislumbraba en la cabeza de Himmler como una punta de una lanza, orientada al norte, en cuya base se extendía el gran complejo diseñado en los cimientos de Wewelsburg, cuya fisonomía urbana quedaría, en un breve espacio de tiempo, transformada para albergar a la élite de las SS.
Mitos y realidades.
Wewelsburg, en especial todo lo relacionado con el castillo, ha hecho correr ríos de tinta, e incluso ha servido de soporte para innumerables obras de ficción (escritas y cinematográficas), pero también para documentales y ensayos que han tratado el tema con mayor o menor acierto.
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Recuerdo que cuando pisé por primera vez el pueblo de Wewelsburg, iba plenamente convencido de hacer un trabajo de investigación riguroso, desviado de cualquier condicionante previo. Allí llegué con largas horas de lectura a mis espaldas acerca de lo que allí había sucedido. Pero como siempre que realizo una labor de documentación, pisar el escenario a analizar te abre los ojos aún más y te desvela la auténtica realidad de lo que en verdad sucedió en aquellas lejanas décadas de los años 30 y 40.

La cripta, ubicada en las entrañas de la torre norte.
¿Quién no ha leído o escuchado que en la cripta de la torre norte de la fortaleza de Wewelsburg se efectuaron ritos paganos, ocultistas o incluso prácticas satánicas? ¿Quién no ha leído o escuchado que el castillo era una especie de lugar de retiro donde el “guerrero” disfrutaría de un merecido descanso antes de regresar a la batalla?
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Estas cuestiones, y muchas más, deambulaban por mi mente poco antes de efectuar las entrevistas a algunos de los expertos que trabajan en el actual museo de Wewelsburg, con Kirsten y Markus al frente, pero también a varios habitantes de aquel lugar marcado por la Historia.
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Gracias al amable trato dispensado, pero también a las entrevistas concedidas y la total disponibilidad con la que conté para visitar las instalaciones del castillo y los edificios aledaños, pude hacerme una idea real de lo que en realidad esconde Wewelsburg, tanto la fortaleza como el pueblo que la rodea.
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Apenas un reducido porcentaje de lo que se ha escrito acerca de la vertiente esotérica de Wewelsburg es totalmente real. Allí, al amparo de los muros de la fortaleza, tuvieron lugar varias bodas que enlazaron para siempre las vidas de oficiales de las SS y sus respectivas mujeres. Enlaces matrimoniales que seguían los pasos de los ritos paganos, de los ancestros germanos de aquellas parejas.

Ceremonia nupcial en el interior del castillo de Wewelsburg.
En el interior de la cripta, un lugar que aún despierta fascinación y asombro, se pueden contemplar una docena de soportes de piedra dispuestos alrededor del círculo central, en cuyo interior se halla el extremo de una canalización. A través de esta tubería, se supone que una llama eterna daría calor a los restos mortales de los altos oficiales de las SS que allí se tenía proyectado reposaran para la eternidad.
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En la actualidad, la utilidad de ese orificio practicado en el suelo aún no ha sido explicada con total certeza. Existen numerosas dudas al respecto, pero esta teoría es la que más se maneja, pese a que los investigadores del museo todavía no las tienen todas consigo.

Interior de la cripta, con el supuesto orificio en el centro para albergar la llama eterna.
Sin duda, la cripta es un lugar misterioso, donde el eco de las pisadas y de la propia voz resuena con un timbre que es capaz de erizar el vello.
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Según la respuesta que allí pude encontrar, el diseño de la cripta buscaba precisamente eso, sobrecoger al visitante, envolverlo en un manto de fría penumbra apenas difuminada por la luz de las antorchas que reposaban sobre cada soporte.
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Justo encima, a ras de suelo, la denominada “Sala de los generales” (en alemán Obergruppenführersaal, traducción exacta: sala de los tenientes generales) es una auténtica contraposición a la cripta. Amplios ventanales permiten el paso de bocanadas de luz en su interior.
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Allí, varias columnas de grueso tamaño que nacen de un cuidado suelo de mármol, rodean un sol negro, claro guiño al símbolo de los antiguos pueblos germánicos, pero también del esoterismo y del misticismo del que eran fervientes seguidores Himmler y muchos de sus acólitos.

Obergruppenführersaal con el “sol negro” arropado por las gruesas columnas.
Más allá de la torre norte, el resto de la fortaleza sirvió como centro administrativo para los expertos allí destinados, pero también como alojamiento para el personal de las SS que trabajaba en Wewelsburg. Solamente las SS tenían autorizado el paso al recinto, apenas sí existían algunas excepciones (personal de tareas domésticas reclutado en el mismo pueblo).
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Los controles eran estrictos. Mucho. Las SS se cuidaban muy bien de que la población local no entablase contacto con la mano de obra forzada que trabajó en las tareas de restauración del castillo, presos por convicciones religiosas (testigos de Jehová en su mayoría), disidentes con el régimen de Adolf Hitler y algunos soldados capturados en el frente ruso. Más de 1.200 personas murieron en estas tareas que tanto esfuerzo requirieron.

Trabajos de reconstrucción de la fortaleza en 1934.
Llegados a este punto, cabe citar que muchos hombres de las SS encargados de la custodia de prisioneros y del propio campo se encontraban en periodo de convalecencia, no eran, de modo temporal, aptos para el combate, por lo que se les encargaban labores de vigilancia. Este es otro de tantos mitos infundados, los soldados que custodiaban Wewelsburg, en su gran mayoría, no eran “súper-soldados”.
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También existe la convicción infundada de que la población de Wewelsburg, en aquella época, era ferviente seguidora del NSDAP. Ni mucho menos. Apenas un reducido porcentaje de los habitantes locales votaron al partido de Adolf Hitler en las elecciones de los años 30, incluso únicamente dos familias fueron las únicas que se animaron a seguir la política de colonización germánica del suelo conquistado más allá de las fronteras orientales del Tercer Reich.
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A día de hoy, Wewelsburg sigue siendo un pueblo donde la religión tiene una gran importancia. La confesión católica (mayoría) convive con la protestante mucho antes de que las SS se hicieran con el control del pueblo. Tal es así que, según la información obtenida en entrevistas mantenidas en Wewelsburg con personas relacionadas con ambas iglesias, siempre se desmarcan de la relación con el NSDAP y las SS, estas últimas no muy compatibles con los católicos.

Guarnición de las SS.
Una mujer, entonces niña, me aseguró que varios habitantes de Wewelsburg se jugaron su integridad física al ayudar a escondidas a los presos que restauraban el castillo.
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No muy lejos de allí, los prisioneros del campo de Niederhagen, ubicado en las afueras del pueblo, debían recorrer a pie la escasa distancia que les separaba de su lugar de trabajo. En ese reducido recorrido, algunos víveres cambiaban de manos entre locales y la hilera de trabajadores forzados.
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Algo me sorprendió, y mucho. Casi en las últimas horas de mi estancia en Wewelsburg, una persona se ofreció para guiarme hasta un recóndito cementerio militar que alberga un puñado de tumbas. Si mal no recuerdo, no llegarían al centenar. Allí, todos los años, el pueblo rinde homenaje a sus hijos caídos en ambas guerras mundiales.

Cementerio militar en las inmediaciones de Wewelsburg.
La población de Wewelsburg no olvida a quienes fueron a la guerra, enviados a morir por un Káiser o un posterior Führer en los que no creían. Tíos, sobrinos, hermanos, padres, nietos, esposos e hijos todavía dejan su impronta en unas emotivas placas esculpidas en piedra junto a la iglesia católica. En el propio cementerio, modesto, acondicionado con mimo en medio de un bosque denso, descansan los que no debieron hallar la muerte en medio de la sinrazón humana. Al menos, su pueblo jamás los olvidará. No existe mejor tributo para aquello hombres que fueron arrancados a la fuerza de los brazos de sus seres queridos.

Memorial a los caídos y desaparecidos en ambas guerras mundiales de Wewelsburg.
Impresiones finales.
Wewelsburg es un lugar de esos que dejan huella en los visitantes que hasta allí nos desplazamos en busca de respuestas a preguntas surgidas, en algunas ocasiones, del condicionamiento que impregna numerosas publicaciones, artículos de prensa y diversos documentales.
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Allí, muchos de los mitos acerca de Wewelsburg que personalmente creía falsos de antemano, cayeron ante mis ojos. Es curioso comprobar cómo los rumores llegan a convertirse en leyenda. Pero también resulta curioso comprobar cómo auténticas leyendas se convirtieron en realidad. Aquella fortaleza ofrece la cara y la cruz de los mitos que se achacan al esoterismo nazi. Solamente hay que dejarse guiar por la mano experta de quienes entienden en la materia para, con un estudio previo acerca de la historia de Wewelsburg, entender lo que en verdad allí ocurrió.
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Todavía hay quien piensa que la fortaleza fue una especie de centro ocultista del Tercer Reich, que se acondicionó como un lugar que sirviese como residencia permanente para Heinrich Himmler y sus más allegados altos oficiales de las SS. La documentación que a buen recaudo se guarda en el museo anexo al castillo evidencia que el Reichsführer de las SS apenas visitó el lugar en diecinueve ocasiones, estancias de corta duración en su mayoría.
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Lo que se proyectó como un punto de reunión anual para los más selectos altos oficiales de las SS allá por 1938, apenas sí se materializó en una ocasión: las jornadas previas al inicio de la Operación Barbarroja, en concreto del 11 al 15 de Junio… Curioso, ¿verdad?

Mediados de Junio de 1941. Encuentro de los Gruppenführer en el castillo de Wewelsburg antes de dar comienzo la Operación Barbarroja (a la izquierda se puede distinguir a Reinhard Heydrich).
Estas y otras tantas anécdotas quedaron grabadas en mi mente, pero también las reservo por escrito en mis anotaciones personales de aquel diario de viaje que con tanto aprecio atesoro.
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Un viaje que concluyó una mañana soleada, cuando dejé atrás mi habitación en el actual albergue-residencia que en sus muros vuelve a tener lugar, pues antes de que las SS se apoderasen de Wewelsburg, el castillo contaba con dependencias para el alojamiento de jóvenes alemanes y viajeros llegados desde remotas ubicaciones. También, hoy en día, existe un museo, al igual que en décadas previas al control de la fortaleza por parte de la organización de las runas plateadas.
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Atrás dejé un pueblo que me fascinó por su hermosura, por el paisaje que la rodea, la Historia que impregna cada calle, cada esquina, cada rincón relacionado con la antesala de la guerra así como los vinculados a la misma.
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Todavía allí se pueden contemplar numerosos vestigios de ella. Pero, si he de sincerarme con el lector, lo que más me encandiló fue la amabilidad de sus gentes y la quietud que se percibe en la actualidad. Quietud que durante la noche se transforma en una especie de atmósfera tensa, no diría que tétrica, pero sí que inculca cierto respeto por lo que allí sucedió.

Vista del pueblo con la torre sureste del castillo al fondo.
Puedo asegurar al lector que aún se puede respirar dolor entre los muros y los aledaños de la fortaleza, pero también se percibe la paz que fue capaz de inundar la totalidad de la localidad tras el paso de la guerra.
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Una guerra que en sus compases finales en Wewelsburg dejó un intento de voladura total del castillo que quedó en mera tentativa, pues apenas una parte del mismo sufrió desperfectos.
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Pero también quedó en vilo el enigma relativo a los “Anillos de Honor” de las SS que allí se custodiaban con celo junto a documentación personal del propio Himmler. Existe otro mito, tal vez se algo real, referente a esos anillos.
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Hay quien asegura que los anillos de los oficiales de las SS que retornaron a Wewelsburg fueron escondidos en una cueva cercana y se procedió a la posterior voladura de su entrada, para dejarlos de ese modo sepultados de por vida.

Panorámica del patio interior de la fortaleza.
Otros aún se empeñan en afirmar que los soldados americanos que irrumpieron en el pueblo saquearon el castillo de arriba abajo, por supuesto los anillos fueron de los objetos más codiciados por los que incluso se produjeron disputas.

Castillo de Wewelsburg, fuente de inspiración, siempre rodeado de misterio.
Mitos, realidad, ficción, sensaciones… Llegué a Wewelsburg con unas ganas tremendas de aprender, de investigar, de descubrir… Ese fue mi objetivo inicial. Y por supuesto que regresé a España con él cumplido.
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¿Te animarías a adentrarte en los fríos y misteriosos muros de la fortaleza de Wewelsburg?
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Ⓟ y Ⓒ Daniel Ortega del Pozo
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PD: Si disfrutaste de este episodio histórico, te espera mucho más en mis novelas. Puedes acceder a ellas en: Mis libros.

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